Somos emergentes, ¿y ahora qué sigue?
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Guillermo Pérez: "El impuesto a las Ganancias Simplificado es una especie de blanqueo encubierto"
Claro está que debemos ser prudentes. Si bien en el corto plazo tendríamos un alivio financiero con un probable aumento de las cotizaciones de las acciones y bonos, este entusiasmo puede ser efímero si efectivamente no avanzamos con las reformas estructurales que el país necesita para convertirse en uno más predecible y estable en el mediano plazo.
La reciente corrida cambiaria e inestabilidad financiera no fue para nada gratis. La confianza interna está deteriorada y los problemas económicos siguen siendo los mismos que ayer. La fenomenal caída de los precios de las acciones y bonos implicó un efecto ahorro negativo extremadamente grande en el sector privado, aun cuando la penetración financiera en nuestra sociedad está poco desarrollada.
Durante los últimos 18 meses, muchos argentinos optaron por confiar en activos financieros nominados en pesos para proteger sus ahorros de la inflación. Las LEBAC fueron un claro ejemplo de ello. La devaluación de más de 70% del peso contra el dólar en el último año fue un golpe difícil de digerir. Así, volvió la dolarización de los portafolios, el pánico y la extrema incertidumbre. La historia se repitió una y otra vez, con una Argentina pendular que pasa de un extraordinario atraso cambiario a una brutal devaluación en un período de tiempo relativamente corto.
Ayer el mundo pareció darnos una última oportunidad. Solo depende de nosotros si somos capaces de tomarla o si descansaremos en las mieles del éxito transitorio para seguir pateando la pelota para adelante.
En lo inmediato, esta reclasificación a Emergentes nos pone en una situación más confortable para tomar medidas muy antipáticas, dolorosas, pero indispensables para pensar en una Argentina que se desarrolle económicamente a lo largo del tiempo.
Para esto último, el mercado de capitales tiene un rol clave. Ser abierto, plural y libre de burocracia para permitir un amplio acceso de pequeñas y medianas empresas al financiamiento. También, tiene que promover la educación financiera entre los ciudadanos para que canalicen sus ahorros y financien proyectos productivos y sean socios de las firmas. No existe país desarrollado en el mundo que haya alcanzado dicho estatus sin un mercado de capitales maduro y con participantes diversos.
Para que lleguen las tan necesitadas inversiones para el país, se necesita del ahorro. Promoverlo y canalizarlo de manera correcta depende de una institución como el mercado. Desde ya que el complemento necesario es la estabilidad y previsibilidad económica que pueden ofrecer políticas de largo plazo inalterables por cualquier gobierno de turno.
Nuevamente repito, la última oportunidad está arriba de la mesa: depende de todos nosotros tomarla y aprovecharla.
(*) El autor es economista y Jefe de Estrategia de MB Inversiones
Twitter: @diegomb80




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