Suba de recaudación aún no alcanza
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Por ello, proponemos sustituir la coparticipación de recursos por una coparticipación del gasto. Este sistema es más legítimo, pues toma en cuenta el hecho histórico fundamental de que son las provincias las que dieron origen al Estado Nacional, justamente (y exclusivamente) para que administre aquellos temas que se consideran comunes a todas ellas. El funcionamiento de este sistema es similar al que utiliza el administrador de un edificio de consorcio, quien cobra expensas para ocuparse de los espacios comunes. Del mismo modo, se puede instrumentar un sistema en el cual el Congreso de la Nación determine anualmente el nivel del gasto nacional y la distribución del pago mensual a realizar por cada provincia. El Estado Nacional tendrá prioridad para cobrar este pago sobre la recaudación tributaria, la que será recuperada plenamente por las administraciones provinciales, que se convertirán en los nuevos responsables de la determinación y recaudación tributarias.
De esta forma, cada vez que las administraciones provinciales quieran gastar un peso más deberán analizar el costo político de pedírselo al contribuyente. Además, tendrán incentivos a desarrollar la producción en sus provincias, ya que todos los impuestos que recauden quedarán para ellas. Los gobernadores serán los principales interesados en controlar en qué y cómo se gasta cada peso a nivel nacional, ya que será un peso menos del que podrán disponer.
• Beneficio
También se propone mantener la recaudación en una Administración Federal Impositiva, cuyo directorio sea conformado por las provincias. De esta forma, se mantiene el beneficio del control centralizado en la lucha contra la evasión.
El esperado incremento de la recaudación permitirá hacer este cambio con bajo riesgo para el erario provincial. Además se propone romper con la premisa histórica de la Argentina, según la cual cuando viene la época de las «vacas flacas» se aumentan los impuestos para sostener el gasto, y cuando vienen las «vacas gordas» se despilfarran todos los aumentos de recursos. Se propone volcar buena parte del futuro aumento de ingresos tributarios a la baja de impuestos. La prioridad pasa por eliminar los más distorsivos e ineficientes.
En ese sentido, dado el objetivo primario de incentivar la creación de puestos de trabajo, se sugiere eliminar a partir del 1 de junio de 2003 todos los impuestos al trabajo para los nuevos empleados. Además, a partir del 1 de julio de dicho año, los que actualmente pagan las empresas sobre los trabajadores ya empleados se transformarían en una suma fija y en un subsidio no remunerativo al empleado, incrementándole el sueldo hasta en 25%. En lugar de pagarle las contribuciones patronales al Estado y que éste se las dé al trabajador, el empleador deberá depositárselas directamente en su cuenta sueldo, con las mismas penalidades por no abonarlos que si hubiera evadido el pago de la contribución.
Dado que el IVA sería íntegramente transferido a las provincias, a cambio se les exigiría que eliminen el Impuesto a los Ingresos Brutos. Este último distorsiona los precios relativos de la economía al cargarse en cada etapa de producción, genera ineficiencia en la asignación de recursos y en la producción y es de difícil cobro y control. Por ello, es preferible priorizar su eliminación antes de la disminución de la alícuota del IVA, el que no genera problemas en la economía y es de más fácil control y cobro. Las propuestas de bajar la alícuota del IVA en realidad se basan en la demagogia, ya que es más atractivo políticamente.
También se bajarían gradualmente las retenciones a las exportaciones y se iría haciendo deducible el impuesto a las transferencias financieras. Ambos gravámenes son sumamente ineficientes y distorsivos. Además, en un lapso de no más de dos años, las provincias deberán eliminar los impuestos a los sellos.
Según las estimaciones conservadoras realizadas, si no se hace ningún cambio impositivo, es esperable que la recaudación crezca más de 30% durante los próximos dos años y alrededor de 15% en los siguientes tres. En este marco, los objetivos propuestos para lograr un sistema tributario y de relaciones fiscales entre las provincias y Nación más justos y eficientes son factibles de alcanzar, si se mantiene controlada la expansión del gasto, manejándolo eficientemente.



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