El Ministerio de Economía insistió ayer con su intención de que los bancos reduzcan las tasas que cobran a sus clientes de tarjetas de crédito, al reglamentar la norma que dispone la rebaja de hasta tres puntos sobre el IVA para las compras con ese medio de pago. La Resolución 247 de la cartera económica dispone que podrán adherir a ese sistema «todas las entidades emisoras de tarjetas de crédito cuya tasa de financiación para esas operaciones sea inferior» a la promedio que publica el BCRA. También podrán hacerlo los bancos «que disminuyan las tasas de financiación para operaciones realizadas mediante la utilización de tarjetas en una séptima parte de su valor vigente o en una proporción menor si la tasa resultante queda por debajo de la tasa promedio».
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O sea, si el banco está cobrando 80% anual, para que sus clientes gocen de la rebaja de 2,48% sobre sus compras con tarjeta, deberán reducir su tasa de financiación 11,5 puntos, llevándola a 68,5%.
Sin embargo, es muy poco probable que esta medida se aplique, al menos en lo inmediato, por la resistencia que adelantaron los bancos a que les regulen sus precios. En las reuniones que vienen celebrando banqueros y funcionarios hubo tensión y frialdad entre las partes; los primeros, porque insisten en su argumento de que no es posible bajar precios por decreto; los segundos, porque insisten en que el sistema financiero debe compartir el costo del beneficio que se otorgará a los consumidores.
Consultados varios de los principales bancos emisores de dinero plástico, todos adujeron que la pretensión de Economía era poco menos que «volver a tratar de imponer precios máximos: la tasa la marca el mercado, no las autoridades». Por su parte, el argumento de la gente que capitanea el secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen, es que los bancos están cobrando tasas «abusivas, que superan en algunos casos 80% anual», por lo que tendrían espacio para recortarlas.
Los bancos se mostraron sumamente escépticos ante la intención de Economía. Un alto ejecutivo bancario aseguró en una de esas reuniones que «los clientes pueden no financiar sus compras: nadie los obliga a pagar esa tasa». Desde Economía le respondieron: «La libertad no es tal, porque hoy casi no hay otro crédito que la tarjeta, y los bancos cobran todos más o menos lo mismo».
Pero también es cierto que la dispersión en las tasas es enorme por estos días, y si bien es cierto que algunas entidades superan 80% anual en lo que les cobran a sus clientes, también lo es que otros -por caso el Ciudad-están muy por debajo de esos guarismos, situación que de ninguna manera atendería la reglamentación, que exigiría una rebaja uniforme para todos.
La rebaja es para todas las compras de hasta $ 1.000, sin límite mensual, pagadas con tarjetas de crédito, de 2,48% para todos los consumos salvo combustibles y GNC, sobre los que el recorte será de la mitad de esa cifra. Su vigencia se extendería por un año. La resolución de ayer elimina también de la rebaja la contratación de locaciones de obra o de cosas muebles, los cargos por gastos administrativos inherentes a la utilización de tarjetas de crédito, incluidos en los resúmenes de cuenta, los pagos de gas, energía eléctrica, aguas, telefonía fija y celular, las que se realicen en Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, y en zonas francas o aduaneras, entre otros. S.D.
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