La Argentina y "el cisne verde"...

Economía

Con tasas de interés negativas en términos reales e incertidumbre en torno de la deuda -y el ruido de BA-, los inversores se “fugan”. El dólar Bolsa o MEP subió un 14% en un mes y cerró el viernes a $81,86, casi igual que el solidario, en tanto que CCL quedó en $83,29.

El BCRA -para reactivar la economía- bajó hasta 50% la tasa de las Leliq que le compran los bancos (y la decisión de emitir Leliq a 14 días ya significa un recorte de la tasa efectiva), y redujo sensiblemente la tasa de los pases y limitó el volumen de pesos de estas operatorias. Debajo de la “inflación” -aumento del IPC, en rigor- del 54% i.a., que cerraría enero en 3,5%. Las tasas de los plazos fijos minoristas en pesos cayeron al 35%. Así, los pesos pueden ir a comprar títulos de deuda en moneda nacional que está emitiendo el Tesoro y, los más, al dólar. Antes del cepo se compraban u$s2.000 M mensuales y operaban 2 M de personas que hoy sólo pueden acceder a u$s400 M (200 c/u) de modo que unos u$s1.600 M podrían volcarse al MEP. En febrero suele bajar la demanda de dinero, y desde Bull Market recuerdan que el pago del Bonar Dual 2020 (AF20), que se activa el 13 del próximo mes, podría impactar de forma escalonada llevando la divisa hasta, adivinan, $90.

En el plano internacional ocurren dos hechos que no impactaran en la Argentina, dada la lejanía física y el atraso socio económico. En primer lugar, el nerviosismo por el coronavirus podría provocar una corrección en las Bolsas. En 2020, el S&P 500 sube un 3%, en particular los servicios públicos -no estatales-, medidos por el ETF Select Sector SPDR Trust (NYSE: XLU), remontan más del 5,5% (el ETF de XLU alcanzó máximos históricos) y las tecnológicas, medidas por el ETF Select Sector Technology (NYSE: XLK), suben el 6,8%, siendo los dos sectores de mejor rendimiento. Es inusual que los servicios suban junto con las tecnológicas ya que son “opuestos” en cuanto al riesgo, el tecnológico lo tiene más alto y con crecimiento de ganancias más rápidos, mientras que las empresas de servicios ofrecen estabilidad y crecimiento lento. Ayudó la bajada del rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años, hasta 1,73%.

Ahora, la creciente cantidad de ofertas de compra para los contratos de opciones del índice de volatilidad CBOE (VIX) que expiran a mediados de febrero, sugeriría que algunos traders creen que aumentará la volatilidad en las próximas semanas y el descenso del S&P 500 podría ser inminente. Pero los analistas coinciden en que las tendencias técnicas generales y las perspectivas de crecimiento de las ganancias, al final, deberían mantener el impulso alcista en 2020.

El segundo tema fue lo más discutido en Davos -por cierto, un foro que se las da de “promercado” cuando está infestado de burócratas reguladores- y es la posibilidad de que se produzca un “cisne verde”. El BIS señaló en un documento titulado “El cisne verde” que los eventos relacionados con el clima podrían causar la próxima crisis financiera.

“Cisne verde” viene del “cisne negro” que se popularizó en la crisis financiera de 2008 y se refiere a un evento inesperado y sorprendente con un efecto importante, popularizado por el matemático Nassim Taleb con su libro el “El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable”.

“La transición inmediata de todo el sistema, que se requiere contra el cambio climático (CC), podría tener efectos que afectarían a cada actor de la economía y al precio de cada activo”, dice el Deutsche Bank, y agrega que “entraremos en una etapa en la que se producirá una comprensión de las inmensas concesiones económicas y personales que tendremos que hacer”. O sea, que buena parte de los inversionistas y empresas están pensando en términos de “las nuevas realidades” dado el CC. Pero... ¿y si ocurre el “cisne negro”, es decir, si el CC no se da? No es lugar para discutir la teoría del calentamiento, pero ¿qué pasaría con estas tendencias inversoras y cambios en las regulaciones y empresas si es cierto que el cambio es natural -desde la Era de los Glaciares- y el diminuto hombre -frente a la naturaleza- nada puede hacer?

Si nos basamos en probabilidades matemáticas veremos que la posibilidad de que no ocurra una catástrofe es grande. El anuncio de calamidades ocurre desde siempre. Por casos, en 1803 Malthus decía que sobrevendría una hambruna global porque la población crecía más rápido que los alimentos. En 1966, aseguraban que el petróleo duraría solo 40 años y en 1970 que el mundo acabaría sus recursos naturales para 2000. En 1974, los satélites “mostraban” que una era de hielo se acercaba y el consenso científico Planet Cooling anunció hambrunas inminentes. En 2008, Al Gore “predijo” que, por el CC, el Ártico se quedaría sin hielo en 2013.

Todo resultó al revés, de modo que el “cisne verde”, matemáticamente, va camino de convertirse en un “cisne verde, negro”. Y la Argentina permanecería inmutable.

*Senior Advisor, The Cedar Portfolio

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario