17 de julio 2003 - 00:00

Textiles alerta por invasión brasileña

"Todos los proyectos de inversión, crecimiento y toma de personal que teníamos hasta el mes pasado están en el 'freezer', por la invasión de productos brasileños. Le doy un ejemplo: en la Argentina se consumen 3,5 millones de metros de tela de jean por mes, y acá se estaban produciendo 2,5 millones; sólo en mayo, desde Brasil, entraron 2,7..." Igual que otros sectores, los vinculados con la industria textil tratan -hasta ahora sin éxito- de ser escuchados por el gobierno nacional para que -en este caso en particular-trate de llegar a un acuerdo con el « socio» en el Mercosur que impida la avalancha desde ese país. Aldo Karagozian, CEO de TN & Platex -una de las mayores hilanderías del país-logró sentar a una mesa a sectores que tradicionalmente se movieron en soledad (textiles, indumentaria, diseñadores, academia) en una entidad (la Fundación Pro-Tejer) que espera desarrollar suficiente poder de lobby para ser atendidos por el Estado.

«Nosotros pensábamos ampliar 20% la capacidad de producción de nuestra planta en Monte Caseros, con una inversión de u$s 7 millones; por ahora quedó en stand-by»,
dice Karagozian. Su colega (y cliente) Carlos Diforti, de la renacida Flandria dice algo parecido: «Hacemos tela de jean y estábamos por adquirir cien telares nuevos, a un costo cercano a los u$s 2 millones; por ahora, eso no va a suceder». Los empresarios agregan que -por caso-en el parque industrial de Jáuregui/Luján (que aspiran a que se convierta en un polo textil a la manera de lo que sucede en la italiana Pratto) había tres proyectos de hilanderías de acrílico, «también suspendidos».

Karagozian agrega algún otro número que marca la crisis que está provocando la llegada masivade productos brasileños: «El mercado de frazadas es de 800.000 al año; en los últimos 15 meses se importaron 500.000 brasileñas». Apunta además que «lo primero es recomponer el mercado del algodón: hace un tiempo se producían 400.000 toneladas por año; hoy apenas 70.000; en sentido inverso, los brasileños pasaron de 400.000 a 800.000, aún en épocas de crisis y cuando el precio internacional del algodón estaba por el piso. Está claro que ellos tienen una visión estratégica de la que nosotros carecemos».

De todos modos, parece difícil convencer a un industrial argentino, o incluso a un consumidor local, que pague más caro para defender a las hilanderías y textiles nacionales. Karagozian se defiende con un argumento casi apocalíptico: «Hoy una toalla puede ser más barata, pero mañana, si el que tiene que comprarla no tiene trabajo, no tendrá con qué pagarla». La fundación nuclea a empresas tan disímiles como Alpargatas, Churba, Gatic, Guilford, la estadounidense Sara Lee -dueña de la ropa interior Sol y Oro-y hasta la química alemana BASF, que provee de colorantes a la industria.

Está claro que lo que se busca es no perder el terreno que ganaron el año y medio último, a partir de la devaluación del peso. Será difícil: la moneda no sólo se revaluó de manera significativa (y la brasileña se devaluó) sino que además la economía del vecino entró en recesión, lo que hace que sus industriales salgan a buscar mercados para lo que no pueden vender fronteras adentro. «Es una cuestión de tamaño: ellos son ocho veces más grandes que nosotros, por lo que con vendernos apenas 10% de lo que producen nos matan. Por eso es necesario llegar a un acuerdo con Brasil, llámese salvaguardas, cuotas, cupos de importación o el mecanismo que se pueda para impedir esto que en definitiva no conviene a nadie», se encrespa Karagozian. «De última, imitémoslos: nuestra empresa estuvo cinco años instalada en Brasil, y a pesar de tener precio y calidad (exportamos a Europa y EE.UU., por ejemplo) nunca logramos vender ni un container...»

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