A veces, es mejor sospechar que comprobar. Porque si todos saben que la tendencia bursátil sigue siendo pésima y que el índice marca un retroceso importante, mucho más impactante es buscar la estadística y arribar, nada menos, que a diciembre de 2004, para encontrar un paralelo al cierre de la víspera en nuestro mercado. En aquella ocasión, se cerraba un buen año -con 28 por ciento de alza- fijando cota de 1.376 puntos en el indicador más popular. En la víspera, con un Bernanke inspirado para dispersar malas ondas en el Norte, se vio otro deslizamiento de pisos en Wall Street, arriba de 5 por ciento al final, pegando con 4,51 por ciento en el Bovespa.
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Y que en nuestro medio llevó a un mínimo de 1.382, levemente corregido a 1.384 en la campaña final. El tonto consuelo de haber perdido algo menos que otros, con 2,72 por ciento entre las líderes completas, mientras el riesgopaís avanzaba con febril entusiasmo a nuevos récords.
Otra muestra de lo veloz que resultan las erosiones en las bajas, siendo muy trabajoso el ascenso, nos llevó a la realidad de estar en el túnel del tiempo: aterrizando cuatro años atrás en la cotización promedio.
Diferencias del día con 12 aumentos, contra 62 títulos cayendo, en un ritmo de negocios que llegó a los $ 84 millones de efectivo. Como está sucediendo, cerca de la mitad pasó por Tenaris, que asumió más de 800.000 papeles en juego (¿ruta Nueva York, acaso?).
Con los tiempos que se preanuncian desde el Norte, cada vez cobra más necesidad, y prioridad, la de sostenerse en posiciones -o en la adquisición- de acciones que tengan por detrás sólidos ratios de base. Estructuras sanas, sin gran dependencia de pasivos, en síntesis: una vuelta a las leyes de oro de la inversión.
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