No hay rally. En realidad esto puede no ser demasiado importante, si no fuera porque muchos de los inversores más veteranos entienden que de alguna manera, el cierre de un año es una especie de prolegómeno a lo que se vivirá, al menos, en la primera parte del que le sigue. La jornada de ayer donde el Dow cerró en 9.985,45 puntos, tras ceder 0,84% o el mucho más impresionante 3,24% perdido por el NASDAQ no son de por sí significativos, aunque éste no es el caso con las causas que motivaron la baja. Desde lo que es estrictamente el mercado, fue Juniper Networks y su advertencia de una caída en las ganancias lo que arrastró tras de sí a los papeles tecnológicos, tanto como para neutralizar la mejora de AT&T que anunció la fusión de sus operaciones de TV por cable con Comcast. A esto se sumaron otras malas nuevas como el reconocimiento del JP Morgan que su exposición a Enron supera las proyecciones anteriores sobrepasando los u$s 1.000 millones, o la caída en los ingresos de Bear Stearns en el último trimestre, ante la baja de los precios bursátiles. Tal vez mucho más importante que esto, fue la confusión que existe frente al paquete de estímulo económico por u$s 89.000 millones que anunciara como aprobado 24 horas antes el presidente Bush, y que ayer fuera declarado «muerto» por la mayoría Demócrata del Congreso, al menos por este año. Más que significar un cambio en el horizonte de la esperada recuperación de la economía, esto podría significar un cambio en la intensidad que podría tener la misma. Este hecho de carácter más político que económico se potenció con las noticias de la creciente crisis que se vivía en la Argentina. No sorprende entonces que los bonos del Tesoro experimentaran una merma, elevándose la tasa de 10 años a 5,05 por ciento.
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