25 de noviembre 2003 - 00:00

Único estatismo no deseado: bancos que nadie los compra

Tal como se preveía, ayer fracasó el intento del ministro Lavagna con la licitación del Banco del Suquía. Se suma así a los ya conocidos casos del Bisel y Bersa (Banco de Entre Ríos) que fueron absorbidos por el Banco Nación cuando el francés Crédit Agricole anunció su retiro del país a principios del año pasado. El Suquía es una entidad con 2.000 empleados y fuerte presencia en Córdoba. El ministro Lavagna había obtenido de Eduardo Duhalde, un decreto por el cual, a través de una comisión especial, se hacía cargo del saneamiento del sistema financiero cuando, en realidad, esas atribuciones siempre pertenecieron al Banco Central. Fue una entre otras varias responsabilidades que le capturó. Primero anunció que los bancos se iban a subastar de forma transparente en la Bolsa de Comercio. Luego optó por un llamado a licitación. Ayer decidieron repetir el proceso y seguir intentando colocar los bancos, los que, por ahora, nadie compra.

La licitación para reprivatizar el Banco Suquía terminó en fracaso, ya que se decidió ayer «no aceptar ninguna de las ofertas» que estaban en pugna. La información oficial corrió por cuenta del Banco de la Nación Argentina (BNA), que tiene hoy 100% de la institución. Es otro revés para Roberto Lavagna: durante la gestión Duhalde, presionó y obtuvo un decreto presidencial para que el Ministerio de Economía -y no el Banco Central- sea el encargado del saneamiento del sistema financiero. Pasó por encima de la ley que le otorga al Banco Central autonomía respecto de decisiones del Ejecutivo en todo lo concerniente a control y supervisión del sistema bancario.

El Suquía ahora se suma al Bisel y al Bersa (Banco de Entre Ríos SA) que el Nación había absorbido cuando el francés Crédit Agricole decidió irse de la Argentina a principios del año pasado.
El Banco Nación ayer a última hora informó que reabrirá la licitación por estas tres entidades que quedaron en la órbita estatal, aunque que en esta etapa «requerirá un mayor compromiso de aporte de capital por parte de los oferentes». Según sostuvieron funcionarios del Nación, ya habría interesados en comprar los bancos en cuestión en condiciones «mucho más atractivas».

La decisión final de no vender el Suquía, que tiene dos mil empleados y fuerte inserción en Córdoba, la tomó un comité conformado por cuatro funcionarios luego de cuatro meses de idas y vueltas: participaron Guillermo Zuccolo por el Ministerio de Economía, Miguel Pesce por el Fondo Fiduciario, Zenón Biagosch (Banco Nación) y Jorge Levy (Banco Central). Tres hombres de Lavagna contra uno solo del BCRA.

«Cambiaron las condiciones de mercado desde que se lanzó la licitación y es excesivo lo que pedían los dos que seguían en carrera»
, explicó uno de los miembros del comité que analizó las propuestas.

• Coincidencia

Aunque la definición fue unánime, la realidad es que se formaron dos bandos ya que el BCRA y el Nación consideraban que la venta debía efectuarse, pues no había impedimentos legales a la vista o incumplimientos respecto de lo que disponía el pliego de licitación. En cambio, desde el Ministerio de Economía fueron poniendo distintas trabas para alargar la definición y se mostraron reacios a dar el visto bueno final.

El proceso de venta del Suquía se lanzó en junio, y la adjudicación, que parecía inminente, se fue postergando en por lo menos tres oportunidades en medio de una gran desprolijidad y versiones cruzadas.
Las excusas fueron diversas. Desde bajar al mejor oferente (el empresario Euclides Bugliotti) hasta solicitar un pedido al Banex para que se comprometiera a no pedir ayuda adicional de liquidez una vez que se le adjudicase el Suquía. Incluso hasta se reclamaron informes al Central y a distintos organismos del Estado para determinar si podía continuar con la licitación.

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