El rumor viene sacudiendo el mercado hotelero desde hace varias semanas: una de las «naves insignia» de la hotelería porteña podría cambiar de manos. Se trata del Alvear Palace Hotel, cuyos propietarios habrían recibido una tentadora oferta por parte del empresario estadounidense James Sherwood. Este hombre de negocios, un enamorado de la Argentina, acaba de reabrir -en una nueva ubicación, curiosamente muy cercana a la del Alvear-el tradicional restorán La Cabaña. Se dice que varios de los 41 hoteles que posee su empresa los compró luego de hospedarse en ellos en sus viajes de negocios; así, aprovechando que en sus habituales viajes a la Argentina hizo del señorial hotel de Recoleta su domicilio en Buenos Aires, habría efectuado un sondeo preliminar sobre cuál sería la cifra por la que los actuales propietarios estarían dispuestos a negociar. Por ahora, la respuesta lo habría dejado frío: u$s 120 millones. Está claro que semejante precio parece destinado más a «espantar» que a atraer a un posible comprador, pero no se descarta que Sherwood esté dispuesto a estudiarlo. No le será fácil torcerles el brazo a los dueños: la familia Sutton, además del Alvear, es mucho más afecta a comprar que a vender. Por caso, compartía la propiedad de Galerías Pacífico con IRSA, y terminó adquiriendo la parte de sus socios; con el mismo grupo, encabezado por Eduardo Elzstain, está a partes iguales en el Llao Llao de Bariloche, pero la administración del mismo está en manos de la gente del Alvear. Se trata, entonces, de uno de los últimos representantes de una especie casi en extinción: la de los empresarios nacionales dispuestos a mantener la propiedad y el control de sus activos. Además, está en marcha un ambicioso plan de reformas del hotel -adelantado por este diario el año pasado-, que requerirá fuertes inversiones. Por su parte, Sherwood es el dueño de la empresa de containers, con sede en Bermuda, Sea Containers Ltd., y acaba de invertir cerca de u$s 5 millones en el restorán de Rodríguez Peña y Alvear, además de tener inversiones en hotelería en varios puntos del planeta, Sherwood hizo volver a la vida al mítico tren Orient Express, cuando en 1976 fundó la División Tiempo Libre de su empresa de contenedores. Más tarde la convirtió en Orient Express Ltd., que flota en la Bolsa de Nueva York desde 2000 (el grupo de Sherwood mantiene el control con 50% del capital) y, además de la línea Venecia-Estambul y otra en Lejano Oriente, tiene 41 hoteles en Europa, América, Asia y Oceanía, entre los que se cuentan los míticos Copacabana Palace (Rio), Cipriani (Venecia) y otros de igual categoría. A priori, el Alvear encajaría sin dificultades en este pool de establecimientos de lujo.
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