14 de octubre 2020 - 00:00

Diálogos de Wall Street

Muchas noticias sobre una Wall Street vacunada por la contrariedad desde temprano. Con Gordon Gekko pasamos revista a las últimas novedades.

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Periodista: Empezó la temporada de balances. JPMorgan y Citigroup trajeron buenos números pero también una visión muy cautelosa sobre el futuro próximo de la economía. Y el veredicto, que se extendió a todo el sector financiero, fue clarísimo. El pulgar hacia abajo.

Gordon Gekko: Nos vacunó Johnson & Johnson. Suspender los ensayos clínicos de la vacuna contra el coronavirus definió el cariz de toda la jornada. Yo no sería tan tajante. Les daría una segunda oportunidad a los bancos. Que hayan recortado el tamaño de las provisiones no es un hecho trivial. Y JPMorgan avisó que no están contando con un refuerzo del paquete fiscal, que se podrá demorar, pero tarde o temprano dará el presente y ayudará a reducir los impagos.

P.: La suspensión de las pruebas clínicas no es una buena noticia, pero, ¿qué tan mala es?

G.G.: La compañía dijo que es una decisión temporal. Ya le tocó a AstraZeneca y no pasó a mayores. Es un contratiempo propio de toda investigación. Es un milagro haber llegado hasta acá, a la fase 3 del desarrollo de una decena de vacunas en tan poco tiempo.

P.: Recuerdo que usted es un escéptico.

G.G.: Eso no importa mucho. Lo que vale es que la Bolsa sí cree…

P.: Y una decepción duradera nos traería un gran dolor de cabeza.

G.G.: No está en los precios. Después de todo, Wall Street cotiza por encima de los récords previos al covid-19. Y la economía, por cierto, transita con un pulso muy por debajo.

P.: Algo así dijo el FMI. La recuperación económica fue más poderosa que lo estimado cuando se salió de la cuarentena. Pero la enfermedad se prolonga, el daño se acumula y el panorama es muy incierto. Existe el peligro de un “ajuste severo de los precios de los activos”.

G.G.: Eso escribió Tobias Adrian, quien dirige el departamento de mercados monetarios y de capitales. ¿Quién podría refutarlo? Las valuaciones son generosas y la enfermedad es tenaz.

P.: Una segunda oleada de covid-19 requiere otra vuelta de estímulo.

G.G.: Esa es la prédica insistente de la Fed. Ya lo habrá escuchado a Jay Powell hablando de riesgos trágicos para la economía si las cosas salen mal y la política fiscal no se anticipa.

P.: Hay quienes se preguntan por qué la Fed machaca tanto con un tema que no es de su incumbencia y a la par no hace más con la herramienta que sí le pertenece. ¿Por qué el énfasis exclusivo en la política fiscal? ¿No podrían aumentar el ritmo de las compras de activos en el mercado secundario, y darle más gas al QE4?

G.G.: La liquidez no es el problema. De hecho, la hoja de balance de la Fed no crece desde fines de junio. Lo que se necesita es apuntalar el ingreso personal de quienes perdieron su trabajo por la crisis y no consiguen recuperarlo. Los pagos extraordinarios se cortaron a fines de julio, hay ahorros que se pueden gastar y un esquema más acotado que sancionó Trump a modo de puente, y la recuperación hoy en día resiste; pero no tiene sentido discontinuar las ayudas cuando el estrés de la pandemia se prolongó visiblemente.

P.: La iniciativa quedó atrapada en el campo de batalla de la elección. Se atascó allí. Pero el presidente Trump cambió de opinión, con el cambio de las encuestas que lo relegó, y ahora pide a los gritos que el Congreso apruebe un paquete fiscal significativo antes del 3 de noviembre.

G.G.: Lo tuiteó con todas las letras: Go big or go home! Vamos a lo grande o vamos a casa. Es un giro completo de estrategia, que sus propios senadores no entienden.

P.: Hay poco tiempo que perder.

G.G.: Acabo de leer un comentario off the record de la tienda de campaña del gobierno: “estamos cocinados”. Exagera, pero sólo si hay conciencia de salir rápido del horno.

P.: ¿Wall Street ya no teme la suba de impuestos que trae Biden consigo?

G.G.: Se comporta como que no, pero habrá que verlo. Lo que sí es que la prefiere a tener que atravesar la angustia de un escrutinio electoral agónico y peleado hasta el extremo. Digamos que elige su veneno.

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