Diálogos de Wall Street

Economía

La transición presidencial echó a rodar. Biden sorprende para bien con Janet Yellen en el Tesoro. ¿Qué puede salir mal? Responde Gordon Gekko.

Periodista: La realidad se termina abriendo el paso. Trump no reconoce su derrota, pero no puede tapar el sol con la mano, y la transición presidencial su puso ya en marcha de modo oficial. Con su anuencia.

Gordon Gekko: La maquinaria estatal, la GSA, tomó la decisión de arrancar con el proceso que marca la ley en vista de los resultados de la elección, y a Trump no le quedó otro remedio que “recomendar” la iniciativa. A la par, el presidente electo, Joe Biden, se movió rápido con sus designaciones. Este vacío le sirve, y la incertidumbre acerca del control del Senado, también. Muestra las limitaciones de su poder, y avala la nominación de funcionarios moderados en su gabinete ya que los republicanos podrían bloquear a los candidatos de su ala extrema. Biden resolvió la pulseada con Trump, pero le queda la interna. Y allí se incuba un descontento creciente.

P.: ¿Es volver al futuro? Después de la ruptura que supuso Trump, regresamos a los viejos tiempos. Reaparecen caras conocidas, como si fuera una “remake” de la era Obama.

G.G.: Biden es un conservador. Repase los nombres que propone, y no verá ningún revolucionario. Todo sugiere que eligió transitar la línea Clinton & Obama.

P.: Pero el mundo cambió. La agenda es otra. La relación con China, por empezar.

G.G.: No hay manera de regresar las agujas del reloj. Creo sí que habrá un cambio de enfoque. Un retorno a las fuentes. Si EE.UU. no tiene el músculo de antaño, es lógico que en la relación con China, vistos los resultados del ensayo que hizo Trump, se prefiera reconstruir una coalición internacional de la que participe Europa y los vecinos preocupados por la conducta de Beijing. Si China influye en demasía en organismos multilaterales de los que EE.UU. se replegó, parece más sensato volver a integrarlos, y recuperar predicamento desde adentro que apedrearlos de afuera. Y hay temas que ganaron en urgencia -el cambio climático en primer lugar- donde hay que tomar el toro por las astas. No se los podrá ignorar mucho tiempo más sin pagar costos importantes.

P.: No recuerdo una designación tan bienvenida como la de Janet Yellen en la Secretaría del Tesoro. La elogian tirios y troyanos. Gary Cohn, que fue consejero económico de Trump, la destacó como la mano firme que se necesita para promover una economía que funcione para todos. ¿Cuál es la idea? ¿Cerrar la división en la sociedad que se ahondó en tiempos de Trump, pero que ya venía de mucho antes?

G.G.: Yellen tuvo apoyo bipartidario cuando se la eligió al frente de la Fed. Recuerde que había sido consejera económica de Clinton. La ponderó Gary Cohn; también Elizabeth Warren. Es una rara avis. En términos de su bagaje académico y experiencia en gestión de gobierno es muy difícil de igualar. El nuevo enfoque de política monetaria de la Fed y el énfasis en perseguir con ahínco el pleno empleo es tributario de su influencia. Está catalogada como una “paloma” en la Fed, pero fue quien comenzó la suba de tasas en diciembre de 2015. Las gatilló cuatro veces pese a las críticas que recibía hasta que le cedió el mando a Jay Powell (quien ejecutaría luego cuatro aumentos más). Y antes de irse impuso una sanción a Wells Fargo por abuso a los consumidores que se consideró justa y ejemplar. Es versada en temas de economía laboral y desigualdad de ingresos (que serán muy relevantes) y si tiene alguna duda siempre puede consultar con su marido, George Ackerloff, Nobel de Economía 2001. En definitiva, una persona cuyo juicio uno aprende a tener en cuenta.

P.: ¿Qué puede salir mal?

G.G.: La preocupación es cuánto combustible fiscal quedará en el tanque cuando se produzca el traspaso del mando el 20 de enero próximo. Después de la jugada del Tesoro de rescatar los fondos no utilizados que le había cedido a la Fed, si la administración Trump se los gasta, y no prospera una negociación en el Congreso que habilite un nuevo paquete, la situación se pondrá tirante. La economía acusará el impacto de la nueva oleada de covid-19 sin tener resto fiscal para proveer asistencia de emergencia. Y la Fed estará restringida en su capacidad de hacer ingeniería de detalle. Por eso la elección de los senadores de Georgia es clave. Si pierde, Biden deberá volver a negociar con Mitch Mc Connell como en los tiempos de Obama. Esperemos que con mejor resultado.

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