Diálogos de Wall Street

Economía

¿Qué pasa con las compañías chinas? ¿Habrá contagio en las Bolsas internacionales? Contesta Gordon Gekko, nuestro hombre en Manhattan.

Periodista: Se suponía que nos iba a preocupar la reunión de la Fed, no decisiones administrativas de Beijing. Las big tech chinas se caen a pedazos. ¿Hasta dónde avanzará el celo regulador?

Gordon Gekko: Ya llegó mucho más lejos que lo esperado. Cuando todo esto comenzó, en noviembre pasado, y las autoridades bloquearon a último minuto la emisión internacional de acciones de Ant Group, que estaba destinada a ser el IPO más grande de la historia, parecía un cuestionamiento puntual. A lo sumo, se podía argumentar sin pruebas que era una represalia ante las ínfulas de Jack Ma, su mayor accionista, quien había osado criticar abiertamente el manejo gubernamental del sistema financiero.

P.: Es un cambio de política profundo. Ni siquiera es la voluntad de ponerle límites al duopolio que controla los pagos móviles, como se pensó después. Va más allá de Alibaba y Tencent (la dueña de WeChat), las corporaciones que controlan las principales plataformas de big data.

G.G.: Es una ofensiva en todos los frentes. A esta altura se está empujando una nueva arquitectura regulatoria (a cargo de una autoridad estatal muy agresiva) con severas medidas antimonopolio, renovadas exigencias para la administración de datos y un control obsesivo sobre las compañías que cotizan en EE.UU. En el caso de DiDi (la Uber china) la emisión de acciones se realizó en Wall Street, y las sanciones arribaron dos días más tarde con un impacto devastador para los compradores.

P.: El papel se colocó a 16 dólares el 30 de junio. Y hoy vale menos de la mitad.

G.G.: Fue un aviso que clavó una espina. ¿Se puede invertir en una compañía china? ¿O se corren riesgos extraordinarios?

P.: Siempre se supo que las reglas de juego en China eran vidriosas y podían cambiar de manera adversa, sin preaviso ni derecho a queja.

G.G.: De acuerdo. El sistema era malo, precario, pero estable. Y ahora se encuentra en pleno proceso de mudanza.

P.: No se conocen los términos, pero sí el sesgo del cambio. Las acciones chinas que cotizan en Hong Kong cayeron más de 20% desde los máximos de febrero. Cada medida, cada sanción, las hunde un escalón más abajo. ¿Hasta dónde se va a llegar?

G.G.: El Partido Comunista chino celebró sus primeros 100 años, y Xi Jinping se abocó a devolverle su rol supremo. No es que lo haya perdido, pero crecieron otros factores de poder que le podían hacer sombra.

P.: De movida, Jack Ma habló, esbozó cómo debía ser el sistema financiero del futuro a su juicio, y desapareció de la escena pública.

G.G.: Está claro que no hay connivencia entre el gobierno y las compañías big tech chinas, las de crecimiento más formidable. Si la hubo, se acabó. El gobierno disciplina a todo el sector corporativo. Las nuevas reglas de juego reducen el valor de las compañías, y no es casual. La mano visible del gobierno busca recortar su poder. No crece tampoco el excedente del consumidor. El control estatal avanza en todos los campos. Con mucho énfasis en asegurarse el control de la información. Y que esta no fluya fronteras afuera. Es una materia de seguridad nacional, se diría.

P.: Es un problema interno de China... ¿o es un problema del mundo?

G.G.: Es política interna de un país que se convirtió en la segunda potencia económica mundial. O sea, un tópico interno con repercusión internacional.

P.: El S&P 500 subió el 17% en lo que va del año. No le interesa el asunto. Pero cada vez los coletazos son más fuertes. ¿Puede haber contagio?

G.G.: En 2015 mediaron un par de meses de desconexión entre las vicisitudes de la bolsa china y la bonanza de Wall Street, pero después la factura llegó con fuerza. Por supuesto China quiere disciplinar a su sector corporativo y no fundirlo. Sin embargo, puede seguir apretándolo. No hay señales de inestabilidad interna. En el margen, sí, la Bolsa de Shanghai comenzó a sufrir (a una tasa que es la mitad de la de Hong Kong).

P.: ¿Da para preocuparse?

G.G.: La volatilidad y el leverage no hacen buena pareja. Desinvertir las carteras de China bajo estas condiciones será penoso. Cualquiera que haya visto volar por los aires al fondo Archegos en pleno mercado bull -o se haya inquietado por la ballena del Nasdaq, Greensill y otros avatares recientes- sabe que si una baldosa se raja siempre puede aflorar un muerto de gran tamaño.

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