Hay que comprar con el rumor, dice el refrán. Y Wall Street compró la historia de una tregua comercial con China antes que nadie. Lo hizo a fines de agosto, cuando observó al presidente Trump asustarse de las consecuencias de su propia intemperancia. China, entonces, le asestó una dura represalia, la Bolsa derrapó 3% en una jornada, y el mandatario llamó de apuro a los banqueros para calibrar los daños. Esos días, la recesión era un fantasma agazapado detrás de la curva de bonos invertida. Allí arrancó el rally de las acciones. De un racimo de señales de flaqueza (en Beijing inclusive, con su repentino dolor de cabeza por Hong Kong).
La euforia manda en Wall Street y no hay oposición
Los inversores fueron los primeros en comprar la historia de una tregua comercial con China. Además, se está dejando de hablar de recesión a nivel global y se puso el fin a la era de las tasas cero.
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Y hay que vender con la noticia, sentencia el proverbio. Hace más de una semana que la novedad de un acuerdo fase uno es dato oficial. Sin embargo, Wall Street se aferra a la ascensión. No suelta los papeles. Compra más. Se regocija cuando Trump y su par oriental, Xi Jinping, declaran que esperan rubricar el pacto comercial a comienzos de enero. Es el diario del lunes pasado pero, en la última rueda, abre con un salto (“gap”) de precios como si se desayunara con la primicia. El índice S&P 500 escaló 1,65% en la semana, cosechó nuevos récords a su paso y atesora 28,5% de suba en 2019. Y promete seguir su cruzada, monotemático, con la ayudita de siempre de Santa Claus y la colaboración personal de ambos líderes, llamativamente involucrados en la difusión de buenas noticias.
Que hay euforia (de reciente gestación) no se discute. Los pesimistas – aquellos que creen en una agachada a seis meses vista – son una fracción declinante; apenas 15% en la encuesta de RBC, o 20% en la de la Asociación de Inversores Minoristas (el promedio histórico es 30%). Los “bulls”, en este último sondeo, suman 44% de las opiniones, el umbral máximo del año. ¿Cuánto más lograrán izarse, a la vez, las cotizaciones récord y el optimismo extremo? ¿Hasta dónde se puede exprimir una iniciativa modesta como el acuerdo alcanzado?
Hay condiciones que impuso Trump que son una invitación a la discordia. China se compromete a comprar 40 mil millones de dólares de productos agropecuarios de los EE.UU. y aunque derroche buena voluntad no faltará mucho tiempo para que cumplir le resulte materialmente imposible. Urge dotar al rally de una rueda de auxilio argumental. La economía – que marcha cansina a la zaga de las acciones - debiera tomar la posta. Y el viernes lo hizo muy bien. La Bolsa descuenta un futuro robusto. ¿Es una visión febril o un escenario factible en ciernes? La base está: gracias a la probada firmeza del mercado de trabajo, el ingreso personal trepó 0,5% en noviembre (tras un freno en octubre), más vigoroso que nunca en 2019. Y el gasto personal se aceleró: +0,4%. En los últimos doce meses, el gasto crece al 3,9% y la renta al 4,9%. No sólo es un ritmo saludable, también permite una tasa de ahorro personal que antaño parecía inaccesible: 7,9%, en noviembre. Y el horizonte se despeja. La curva de bonos – 10 años versus 2 – se empinó a su mayor pendiente en más de un año. Los indicadores económicos líderes – a pesar de transitar una meseta – son compatibles con una expansión del PBI de 2% (y la versión flash del PMI, con datos frescos de diciembre, sugiere 2,2%). Ya no se habla de recesión. Aunque subsiste la sequía de rentabilidad en las compañías. El consenso de los analistas arriesga una revancha en 2020 – con un avance de 9,6% en las utilidades por acción del S&P 500 – pero habrá que aguardar un mes para comenzar a comprobarlo.
Quizás la evidencia más potente de mejoría provenga de Suecia. Allí el Riksbank elevó las tasas de interés, y le puso así punto final a la era de las tasas cero. Wall Street también abreva de las ganancias de ultramar. Y si se toman los rendimientos de la deuda global como proxy de mayor actividad se observan nítidos progresos. Las obligaciones con rindes bajo cero (todas ellas fuera del área del dólar) cayeron de 17,5 billones de dólares a 11,5 billones en los meses que lleva el rally de las Bolsas. Que se entienda: la euforia no se justifica, pero se comprende. Máxime en la antesala de las fiestas, y con una Fed atenta a las fricciones del mercado de repos (pases) que abrió los grifos de la liquidez extra. De septiembre a hoy, su balance creció 10%. Haya paz también allí.
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