La economía ruge, va por más. Wall Street festeja

Economía

Estados Unidos creó 916 mil nuevos puestos de trabajo (netos) en marzo. Se esperaban 660 mil. Y en la revisión de febrero aparecieron otros 88 mil. La actividad industrial, medida por el índice ISM, aumentó por décimo mes consecutivo y alcanzó su mayor registro en 37 años. Lo que más crece es el flujo de nuevas órdenes de compra, las demoras en las entregas y los precios pagados por los insumos (en orden ascendente). Una demanda ávida tironea a la producción, y esta hace malabares para salvar las deficiencias de las cadenas de valor (que la feroz tormenta invernal de Texas agravó). La venta de autos explotó 13,3% de febrero a marzo con una cifra anualizada de 17,75 millones de vehículos (se vaticinaban 16,4 millones).

¿Qué es lo que más se vende? Responde un concesionario Ford: “Todo. Los autos en 2021 son el boom que fue el papel higiénico el año pasado”. La economía acelera. ¿Cosecha temprano los dividendos del gigantesco plan de estímulo de 1,9 billones de dólares? El Congreso lo aprobó recién el 10 de marzo último. Los primeros cheques de 1400 dólares arribaron el 17. Por supuesto que se puede gastar a cuenta, pero la pujanza viene de antes. Entronca con el penúltimo plan fiscal (que disparó una artillería de 900 mil millones de dólares a partir de diciembre), el gran impulso a la vacunación de la Administración Biden, y las reaperturas tras el repliegue de la segunda ola de covid. La confianza del consumidor se acentuó. Y los hogares, con ahorros por 1,5 billones de dólares, podrían gastarlos (un plan de estímulo “autónomo” en las sombras). Corolario: las cifras de marzo son apenas el preludio de la estrategia Biden-Yellen. En el primer trimestre, EE.UU. creció entre 6% y 7%. Muy bien, pero recién en abril los motores se encendieron a pleno.

¿Cómo le sienta la lozanía a Wall Street? La Bolsa sí subió a cuenta, marcó máximos absolutos en agosto y anticipó la realidad de una economía robusta y munida de vacunas. En octubre comenzó a apostar por un triunfo de Biden (y por la gran ola azul que se confirmó el 6 de enero en Georgia). La expansión fiscal fue el estandarte de campaña. Y Biden cumple. No satisfecho con su megapaquete recién estrenado, ya anunció un plan de infraestructura por 2,5 billones de dólares, y habrá otro en “pocas semanas” por 1,5 billones. Dólar por dólar son menos potentes porque se desplegarán a lo largo de 8 años y no de manera frontal. Y serán financiados -unas tres cuartas partes- por otra promesa electoral: la suba de impuestos. O sea, adiós al recorte tributario de Trump. ¿Y cómo lo tomó Wall Street? El índice S&P 500 cruzó en alza, por primera vez, la frontera de los 4 mil puntos. En la semana, las acciones tecnológicas, las rezagadas en la era Biden, saltaron 5%. La fiesta continúa. ¿Qué pasó entonces con la acidez de días atrás? Se supo que Archegos Capital era la boutique financiera que colapsó. En una Bolsa donde los récords son de rutina no pudo afrontar una reposición de garantías. Y en cinco días destruyó una cartera de acciones de 110 mil millones de dólares (apalancada seis veces), según el Financial Times. ¿Era un “family office”? ¡Qué familia! Mientras la Fed y el Tesoro ponderaban la salud de los bancos, varios de ellos liquidaban los activos de Archegos para cobrarse, y lo hacían a mansalva (y los que no, arrastran pérdidas en torno a 10 mil millones). ¿Qué pasará si Wall Street tropieza en serio? La visibilidad es brumosa. Y entiéndase el vértigo por venir. La economía sumará un millón de empleos por mes (o más), las ventas minoristas se van a disparar (si despachan autos como agua), y las presiones de costos, en el corto plazo, sólo podrán erizarse. ¿Qué harán los bonos si la inflación suma su énfasis? Ya hubo una horrenda subasta de 7 años a fines de febrero y otra mediocre, dos semanas atrás. ¿Cómo digerirán la vorágine? La Fed va a mirar de palco, dice. Las tasas largas y un dólar fuerte pueden servir de freno. Después de rastrear ballenas del Nasdaq, hordas de jóvenes Robinhooders y redditers y cruzadas tenaces como las de GameStop y criptomonedas, habrá que estar preparado para que se atraviese otro portento. Se zafó del encierro en el Canal de Suez admirablemente, pero no siempre será así. Una certeza: se precise grúa o remolcador, el único práctico a mano es Jay Powell, quién deberá saltar del palco. La resiliencia de los mercados es clave para el éxito de la política económica.

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