Más allá de un tímido atisbo de suba una hora antes del cierre, lo cierto es que la última rueda no merece demasiados comentarios. En todo caso, podríamos vincular el abortado repunte con el disparo de una operación de compra computarizada (parece que de las filas de Goldman) que fue rápidamente cumplida y neutralizada, dejando tras de sí el saldo de un incremento del volumen negociado, incremento que --lamentablementese fue acelerando a medida que los precios retrocedían. De todas formas, el resultado final, una baja de 0,23% en el promedio industrial, que cerró en 10.357,7 puntos, no asustó demasiado a nadie, ya que la vista de los inversores está puesta más en las cifras sobre el empleo que conoceremos mañana -y en menor medida en los datos del ISM que se difunden hoy-que en cosas más coyunturales. Resulta casi una ironía que mientras muchos apuestan a que el trimestre contable que acaba de terminar es el mejor de los últimos seis, también resulta ser el primero que terminó del lado perdedor desde la segunda mitad del 2002, con el NASDAQ cayendo 0,5% y el Dow, 0,9%. Tuviese algún atisbo de realidad o fuese sólo resultado de la "abulia" de la sesión, lo más destacable del rumor que sindicaba a Alan Greenspan como sufriendo un ataque cardíaco es el escaso efecto que tuvo sobre el precio de los activos financieros. ¡Qué lejos están los tiempos en que un solo estornudo suyo hubiera hecho perder fortunas! De hecho, mientras ayer los treasuries repuntaron tras cinco ruedas a la baja, el dólar se desplomo más de 1% frente a las principales monedas y el oro siguió su carrera alcista.
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