8 de diciembre 2016 - 00:00

Art Basel: las gemas y la hojarasca

Cita anual de artistas, coleccionistas y marchands, la actual edición presenta este añomenos arte latinoamericano que de costumbre aunque se registra fuerte presencia brasileña.

Leonora Carrington. “El templo de la palabra” (1954), de la famosa artista surrealista nacionalizada mexicana preside en Art Basel el stand de Mary-Anne Martin.
Leonora Carrington. “El templo de la palabra” (1954), de la famosa artista surrealista nacionalizada mexicana preside en Art Basel el stand de Mary-Anne Martin.
Miami - Después de remontar dos horas de tránsito infernal, estacionar y entrar al Art Basel en Miami Beach, la odisea doméstica se siente como un triunfo personal. La ciudad colapsa, evidencia su fragilidad, sus habitantes huyen o se agazapan en sus viviendas, como si fuera otro huracán. De hecho, lo es, aunque se vea menos público que otros años, cortesía del ominoso factor Trump que planea combinado con los (exterminados) mosquitos del Zika.

Franqueadas las puertas, es inevitable recordar al bueno de Jacques Tati y preguntarse cómo Roy Andersson aún no se inspiró para una de sus películas. En este supermercado del arte a todo vapor, una veterana parecida a Streisand se escabulle entre las góndolas. Es Barbra. En su decimoquinta edición, la feria es la burbuja, un microcosmos que marca el pulso del primer mundo. Acelerado, caótico, vertiginoso, exitista, banal, apocalíptico. Según sus directivos la gigantesca feria de arte internacional ha duplicado el tamaño original y es la responsable de la puesta en el mapa de aquella ciudad aletargada que fue Miami. Si ellos lo dicen, habrá que creerles. Lo cierto es que recorrerla en toda su extensión (269 galerias) supone un reto para ojos y pies. La única opción viable es la utopía de huir del mentado mundanal ruido, dejar sorprenderse, buscar los esenciales, los muchos tesoros que se esconden entre coloridas superficialidades y modas que aburren al minuto.

En Galerie Thomas de Munich, una paloma de Magritte junto a un Calder servirán de brújula. Quizás haya menos arte latinoamericano que de costumbre aunque se registre fuerte presencia brasileña, ineludibles Mira Schendel, Wanda Pimentel y Lygia Pape. Extraña la ausencia de Galería Sur montevideana pero Mary-Anne Martin muestra un atípico Gerszo de 1953 tan excepcional como el Leonora Carrington que preside el stand. Este año la sección Survey alberga lo mejorcito. La posibilidad de gozar de un pequeño museo la brinda Maggiore de Bologna con una veintena de soberbios Morandis. Al lado, Mimmo Rotella hace de las suyas. Enfrente, en Garth Greenan deslumbran tres inmensos paisajes tempranos de la afroamericana Howardena Pindell mientras que en Vigo (Londres) estremece la obra realizada en prisión del pionero sudanés Ibrahim El-Salahi.

En Annely Juda, hipnotizan las nueve perfectas pantallas del Invierno por el siempre sorprendente David Hockney. En Karsten Greve, maravillan Claire Morgan con sus cubos taxidérmicos y las nubes caladas de Georgia Russell. Igualmente, un espectacular Idris Khan reverbera en la memoria (Thomas Schulte Berlin), también la exquisitez del parisino Dove Allouche y un Tapiés á la Klee de 1949: Londres hindú. A cargo de Gmurzynska de Zurich un buen coup-de-theatre adelantándose al centenario de la revolución rusa con un banquete avant-garde armado por Claude Picasso. Mas impactante, por su cercanía, es un monumental grafito de Robert Longo inspirado en Octubre de Eisenstein(Hans Mayer Düsseldorf). Su proximidad casi profética, quita el aliento. Es el testimonio que engloba el sentir subliminal de esta ArtBasel de fuerte impronta.

Afuera de Basel no está el caos sutilmente ordenado del miamense Hernan Bas (Schnitzer), mas allá de la imperdible retrospectiva de Julio LeParc: Form into Action en el Pérez Art Miami Museum, la de Donald Sultan en el Lowe Museum (sin olvidar a Thomas Bayrle en el ICA y SunXun con su mega instalación Reconstrucción del universo), los ojos duelen aún más que antes dentro del panorama de ferias satélites que mostró un comentado descenso en calidad general. Con varias honrosas excepciones, Art Miami se notó abigarrada y desprolija, con ausencia de algunas importantes galerías que solían frecuentarla. Se espera que la movida del año próximo al predio que fuera del Miami Herald a subir la puntería de una feria que logró competir con su hermana mayor. La misma sensación, pero aumentada, se advirtió en Art Context y las ferias en la playa como Scope y Untitled. Mención especial para PINTA en el espacio Mana con un buen panorama de arte latinoamericano y la vasta colección modernista de Tanya Capriles Brillenbourg. Dejando a un lado turistas curiosos, ávidos coleccionistas, ferias flotantes, fiestas andantes y actividad enloquecida, y suponiendo que el arte entre por ósmosis, para el local que después de quince años aún no haya saturado significa la invitación a un carnaval de ribetes artísticos que se desborda en la playa y el distrito Wynwood, cada vez mas comercial, concurrido y decadente.

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