26 de marzo 2012 - 00:00

Bernanke se afila y Wall Street medita sus últimos zarpazos

José Siaba Serrate - Economista
José Siaba Serrate - Economista
Ya no son los grandes problemas, de vida o muerte, los que perturban el sueño. Pero las Bolsas igual se persiguen. Europa que cae en una doble recesión. China, que crece sin discusión, inquieta porque su avance ya no resulta arrollador. Los bríos de la industria en el mundo, otra vez, se debilitan. EE.UU. es una excepción. Pero no está exento de sufrir un revés como lo sugiere la caída inesperada de las ventas de viviendas a estrenar. Quizás el traspié ya ocurrió y esté oculto bajo el velo que para las estadísticas supone un clima inusualmente benigno. No son, entiéndase bien, los problemas existenciales de otrora. Mario Draghi, el titular del BCE, no duda: «Lo peor de la crisis de crédito ya pasó». Y, en rigor, del BCE depende que eso sea cierto. Pero, ¿habrá quedado atrás? Ver inflamarse los rendimientos de la deuda de España e Italia provoca una sensación de dèja vu que anuda el estómago. Los flamantes bonos de la Grecia reestructurada izan sus tasas por encima del 20% como si los corriera la prisa por un segundo default y, aunque Grecia poco importe, a nadie le gusta. ¿Qué hacer con el rally de los activos de riesgo? En apariencia, el entusiasmo se evaporó en sólo cinco ruedas, aunque también se sabe que las apariencias engañan. ¿Dónde está la brújula? Goldman Sachs -¿perspicaz banco de inversión o maestro de marionetas y rey de la fuga?- vocifera que los inversores enfrentan una oportunidad -de esas que se dan una vez en una generación- para abandonar los bonos y treparse a las acciones. Pues bien, la semana que concluyó fue la mejor del año para los bonos y la primera caída del S&P 500 en más de un mes.

Conviene desenredar la maraña de dudas. Separar sus hilos para ver con más claridad. ¿Por qué las Bolsas pisaron el freno? ¿Qué es lo que se teme? ¿Es el enfriamiento de la economía mundial que tanto se remarca? ¿O es el vértigo de la propia suba? En un mundo de tasas cero, y en una economía cuyo crecimiento nominal no irá más allá del 5% en todo el año, Wall Street avanzó más del 25% desde octubre. ¿Cuánto más podrá estirarse? Esta es la preocupación, lógica, de fondo. Aunque lo que se agite sobre la superficie sean los números de Europa o China.

Más aún: como las carteras de riesgo precisan que la Fed y los bancos centrales mantengan un compromiso activo, las malas noticias de actividad constituyen, en realidad, una buena noticia. Si el rally sufre de vértigo pero no desensilló es porque todavía lo talonea la ambición. Y llegar más lejos sería posible si los bancos centrales azuzasen la marcha. ¿Lo harían en un marco compacto de robustez económica a toda prueba? No. En ese caso tocará una cauta retirada. Es la fragilidad lo que los preserva involucrados. El mismo informe PMI que radiografía las vicisitudes de la industria manufacturera china concluye, como si fuera una extensión natural de su trabajo de campo, que la pérdida de momentum demanda que Pekín tome cartas en el asunto. Enlaza la debilidad que reporta con «nuevas medidas de relajación» que todavía no se tomaron pero que deberían acoplarse. Esboza así un par ordenado. La Bolsa acusó el impacto del primer número, pero si Pekín reacciona y completa el par, tampoco será indiferente al aguijón del estímulo.

No es el Banco del Pueblo de China el que va a torcer la suerte, a cara o cruz, de Wall Street. Tal vez sí los pasos de la Fed. Y se sabe que abril es el mes decisivo para blanquear intenciones. En un año electoral existe una veda tácita para su accionar después de junio (más si se recuerda lo que dijo el Gobernador de Texas, cuando todavía era candidato presidencial republicano: a la luz de los comicios, aumentar la cantidad de dinero sería un «acto de traición»). Si la Fed piensa intervenir, deberá hacerlo ahora, o esperar hasta diciembre. Y, en ese sentido, el tiempo de los anuncios es una ventana inminente. Ya se argumentó que el QE3 está lejos (sólo Charles Evans, de la Fed de Chicago, está convencido, pero carece de voto). Hará falta más frío, y no sólo en Europa o China, para arrimarlo al tablero de las alternativas realmente en danza. El Twist 2 es más accesible. Y debería bastar para calmar los nervios del mercado de bonos. Lo más probable es que la Fed machaque con el arma de la comunicación. Si bien se mira, no volcó otro combustible durante todo el rally. Y no hizo falta más. Quizás se pase por alto, pero los exámenes de estrés (recién difundidos) son un aporte muy valioso. Dice la Fed que los bancos podrían soportar un vendaval extremo -que lleve la tasa de desocupación al 13%, que derribe los precios de los inmuebles el 21% y el de las acciones a la mitad- y, no obstante ello, conservar patrimonio suficiente para cubrir las exigencias de capital regulatorio. No hay rally creíble que recluya a los bancos en la bodega y, ahora la Fed los saca a la luz del sol y los atornilla como mascarón de proa. De seguro, la palabra es una espada que la Fed afilará. ¿Alcanzará para darle alas a un rally maduro y, de a momentos, con miedo a las alturas? Que corrija -como lo hizo esta semana con más aspaviento que profundidad- aumenta y no disminuye sus chances. Que el sentimiento «bullish» se haya estancado, que la prudencia mantenga en los costados a un número vasto de inversores, juega también a favor. Y que el calendario, que es el enemigo número uno del rally estacional, mantenga a tiro todavía el fantasma de las ventas de mayo (el «sell in May») le abre las puertas a un último zarpazo.

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