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Caza de brujas en Defensa por denuncia de otra coima alemana
La ministra de Defensa, Nilda Garré, y el jefe naval Jorge Godoy visitan en astilleros las obras de reparación del submarino San Juan, para cuyo reequipamiento pudo haber pagado una empresa alemana una coima.
Se organizó una task force encabezada por el viceministro Gustavo Sibilla, quien conoce al detalle cada contrato celebrado entre empresas y Fuerzas Armadas, pues ejerció el cargo de subsecretario de Planificación Logística y Operativa, clave en las decisiones de equipamiento militar. Menuda suerte la de Sibilla: a principios de año dejó el área sensible de las contrataciones estratégicas, la logística conjunta y el presupuesto, para asumir como segundo de la ministra en un cargo de neto perfil político y le cae otra vez el mismo yugo.
La Justicia alemana investiga si la empresa Ferrostaal, constructora de buques y submarinos, sobornó en 2006 a funcionarios argentinos para beneficiarse en un contrato, informó el semanario. El proceso judicial es parte de una causa mayor que busca determinar si la firma germana ofreció sobornos en el área de la defensa de varios países entre ellos la Argentina, Colombia y Portugal.
Los investigadores germanos creen que el holding Ferrostaal «pagó en 2006 una coima de seis cifras en euros» a un funcionario del Ministerio de Defensa, publicó Der Spiegel.
El caso provocó la detención de Klaus Lesker, uno de los miembros del directorio de Ferrostaal, y, según el periódico alemán, habría otros directivos sospechados del pago de sobornos.
En los despachos de Oscar Cuattromo (Planeamiento), Mauro Vega (Planificación Logística), Raúl Garré (jefe de Gabinete), y Juan Luna (Agencia Logística Conjunta) por donde circulan licitaciones y contrataciones se pasó el peine fino a los archivos. El punteo de las operaciones comerciales llevadas a cabo entre 2006 y 2007 con oferentes alemanes dio un solo caso: la adquisición de baterías para el submarino ARA San Juan.
Es el único eslabón que involucraría el lobby de Ferrostaal, pues los papeles mostrarían que el proveedor habría sido la filial alemana de Varta, un especialista en baterías.
También llegó la sangre al río en el edificio Libertad, sede del comando de la Armada. Volaban las tarjetas personales en búsqueda de influyentes de Ferrostaal que, como los visitadores médicos, obsequian sus datos a los jefes navales con responsabilidad en compras y licitaciones, al punto de desprenderse de una que pertenecía a un ex funcionario de Defensa en tiempos de Carlos Menem.
El submarino San Juan -de diseño alemán, tipo TR 1700- está en proceso de reparación de media vida en el astillero Almirante Storni (ex Domecq García), cuya planta está ubicada en la Costanera Sur del puerto metropolitano.
Propósito
La tarea tiene como objeto restituirle los patrones originales de construcción del submarino para volverlo a los estándares de diseño original. La media vida implica el cambio de los propulsores, los cuatro motores principales diésel MTU y todo el sistema eléctrico de baterías, el alma que da movilidad a un sumergible cuando está en inmersión. Con el San Juan se implementó una nueva forma de contar con baterías operativas: en lugar de comprarlas ya armadas, se adquirieron directamente en Alemania los insumos que permiten reciclar y llevar a nuevo las usadas.
La operación -unos 5 millones de euros- involucró la compra de materiales en Alemania para armar 980 elementos.
La planta de reciclado de las baterías eléctricas que motorizan a los submarinos se armó en el astillero Almirante Storni, en base a la transferencia de tecnología que se negoció con los germanos como parte del contrato de adquisición de los materiales.
El presupuesto original del proyecto media vida del San Juan alcanzaba los $ 70 millones cuando la cotización del dólar era de tres pesos.

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