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Comentarios políticos del fin de semana
Julio Cobos, Cristina de Kirchner
El fallo de la Cámara en lo Contencioso Administrativo que ratificó la prohibición del uso de las reservas «devolvió al matrimonio a su triste realidad», según el columnista.
Presentador en otros tiempos de los actos de la campaña presidencial de Cristina de Kirchner, ahora Van der Kooy asegura que tanto el Gobierno como la democracia, el sistema político, la institucionalidad y la reputación «se degradan cada día en la Argentina».
Con la cancelación del viaje presidencial a China, las amenazas de estatización de Telecom, el desprecio al enviado de Barack Obama y la insólita pelea con Cobos, el Gobierno habría dado ya perdida la pelea por la reinserción del país en el mundo. La paranoia oficial no se debería, de acuerdo con el analista, tanto a la desconfianza sobre Cobos sino a un principio de rebelión dentro de las propias filas kirchneristas.
El vicepresidente también enfrenta sus propios dilemas. No está dispuesto a renunciar a su cargo y pasar a la «planicie política» hasta que la UCR no acelere los tiempos y lo oficialice como su candidato presidencial para 2011. La cúpula radical no está todavía dispuesta a tanto y Cobos se atrinchera en su despacho del Senado, desde donde resiste equilibradamente los ataques kirchneristas blindado por su rol institucional.
El final de la columna de Van der Kooy es digno de un thriller estival: «Redrado, pese a la amenaza descarada de Aníbal Fernández, piensa aguardar la conclusión de la Comisión Bicameral antes de decidir sus pasos. La oposición asoma envalentonada como nunca. La Justicia, por distintos conflictos, falla en contra de los intereses del Gobierno. Esas parecerían, ahora sí, las primeras señales del final irremediable de los Kirchner».
- Laborda, Fernando. La Nación. El fallo de la Cámara en lo Contencioso Administrativo que le bloqueó el viernes pasado a los Kirchner el uso de las reservas es también el centro del análisis de este columnista. Además, que el límite que esa decisión judicial le impuso al uso de los decretos de necesidad y urgencia, el fallo dejó en claro dos cuestiones espinosas: al Gobierno le hace falta mayor asesoramiento jurídico antes de tomar decisiones y la posibilidad de pagar deuda con reservas se vuelve ahora un sueño mucho más difícil de cumplir para el Gobierno.
De ahí que vuelva el columnista al argumento con que comenzó toda esta crisis institucional: nada le impidió nunca a Cristina de Kirchner convocar a sesiones extraordinarias para solucionar en el Congreso lo que terminó convirtiéndose en un caos en la Justicia. «La urgencia aducida no condice con la omisión de convocar al órgano parlamentario», dice la sentencia conocida el viernes pasado.
Pero más allá de la coyuntura y las reservas, sin duda el argumento de debate esencial que se plantea es el futuro uso de los DNU. Ahí radica la principal noticia que la crisis por las reservas le dejó al país: ya no absoluto el poder presidencial para decretar.
Para peor, ni siquiera la Corte Suprema podría sacar, aunque quisiera, a los Kirchner de este atolladero ya que el máximo tribunal solo se abocará a la cuestión de fondo, es decir si los DNU son o no constitucionales, pero nada dirá sobre la permanencia de las medidas cautelares que congelaron las reservas y mantuvieron a Martín Redrado en el BCRA. Ése es en realidad el núcleo central del problema ya que, como asegura el columnista y ha dicho hasta casi toda la oposición, la situación de Redrado ya se ha vuelto una cuestión pasajera ya que en cuanto Julio Cobos firme el consejo en la bicameral, Cristina de Kirchner podrá despedir sin problemas al presidente del Central.
Hasta aquí argumentos conocidos, pero hay uno que quizás sea más preocupante que los demás. Las decisiones que tomaron los Kirchner desde el 14 de diciembre hasta ahora denotan que el matrimonio presidencial no tiene la brújula ajustada como en otros tiempos, lo que le dificulta mantener rumbo y estrategia. No aparece tampoco ningún funcionario en el horizonte con el coraje suficiente como para marcarles sus errores, un defecto del sistema de razonamiento de los Kirchner que nunca pudieron pulir y que les ha generado demasiados problemas, muchos de los cuales ni siquiera fueron registrados por ellos mismos.


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