20 de noviembre 2009 - 00:00

Conocer Rocha es descubrir el Uruguay más atlántico

Conocer Rocha es descubrir el Uruguay más atlántico
Hablar de Rocha hace unos años era mencionar un puñado de pueblitos costeros habitados en su mayoría por hombres de mar. Hoy, este departamento esteño uruguayo es sinónimo de turismo por donde se lo mire: campos del siglo XVIII, antiguos pueblos de pescadores, inmensas dunas, viejos fortines, barcos perdidos, agua clara y tibia. Una ciudad fronteriza inundada de free shop...

Aun así, para muchos argentinos acostumbrados a veranear en Punta del Este o de visitar la vecina Colonia, Rocha les resulta un territorio inexplorado. Es cierto que el paisaje por momentos resulta rústico, casi virgen (basta con mencionar que a los rochenses les gusta decir que allí «vive el mundo en estado puro»), pero también es verdad que hay tantas riquezas como en los centros turísticos considerados «grandes».

Las cosas más simples

En los balnearios de Rocha no se alquilan carpas, ni sombrillas. La playa le pertenece a la gente y apenas hay un puñado de pequeños paradores caseros hechos con madera y sus techos de paja. En algunos lugares, como La Balconada, la gente se sienta en sus reposeras a esperar la puesta del sol. Y cuando ello ocurre aplaude.

A la hora de planear las vacaciones en esta zona uno tiene que saber de antemano que llega para disfrutar de las cosas simples: sortear médanos inmensos en un avejentado camión doble tracción por los senderos irregulares de Cabo Polonio hasta llegar a una zona donde no se puede acceder en vehículo propio ni tiene luz ni agua corriente; pasear por Valizas alrededor de su placita entre puestos de artesanos iluminados por velas; perderse entre los ranchos de pescadores y comer en algún puesto de comida con vista al mar en Punta del Diablo; transitar angostas callecitas en La Pedrera entre puestos de artesanos y artistas callejeros y detenerse al final del trayecto en una terraza natural con un paisaje que corta el aliento. O caminar por playas eternas de arenas blancas en Barra del Chuy, en el límite con Brasil. Y más: Aguas Dulces, el Fuerte Santa Teresa, los free shop del Chuy de ambos lados (Uruguay y Brasil), y lo más importante: todo se puede visitar en un trayecto de unos pocos kilómetros. En una hora -en auto- se accede al punto más lejano que es el Chuy. En el medio, todo lo anteriormente mencionado. En una hora se accede también a Punta del Este, en unos minutos más a Piriápolis y a Atlántida, tres centros turísticos que ameritan una escapada.

La Paloma, punto de partida

El principal balneario de Rocha es La Paloma. Aún conserva su faro, levantado en 1874 en el cabo Santa María debido a la gran cantidad de naufragios ocurridos en la región. Su puerto pesquero, el más importante de Uruguay, recibe gran cantidad de amantes de la pesca con caña que lo visitan por la noche en busca de un extraño pez muy largo y angosto llamado sable. Se captura con boya o a fondo, la carnada tiene que ser blanca y hay que utilizar chicote de acero porque tiene dientes muy afilados y suele romper la tanza.

La Paloma no dispone de infraestructura sofisticada. Más bien es un lugar apropiado para el descanso, con una hotelería, complejos de cabañas y casas de alquiler (sobre todo estas últimas) aceptables. Al no existir una gran promoción inmobiliaria -ni en ese país ni en el exterior, ni a través de la web- es común que los pobladores de la zona alquilen sus viviendas a turistas durante la temporada de verano por medio de anuncios en carteles caseros que exhiben delante de las fachadas de las viviendas. Los alquileres oscilan entre 120 y 340 pesos argentinos por día por una casa de dos habitaciones durante enero, sobre todo en la primera quincena, de gran demanda. En febrero, los precios bajan hasta un 50%, e inclusive se ven muchas propiedades vacías.

La gastronomía del lugar, al igual que en todo el territorio de Rocha, se destaca por sus pescados y mariscos. Comer oscila entre los 30 pesos (un chivito uruguayo en uno de los tantos carritos) y los 80 pesos, dependiendo del lugar y tipo de cocina. Los paseos, los espectáculos callejeros, el casino, cine, y la movida nocturna con tres boliches bailables y varios pubs y restoranes, aseguran el entretenimiento. Pero lo mejor de Rocha todavía sigue siendo sentirse a gusto entre gente sencilla, que hará lo posible, y hasta lo imposible, para que la estadía sea placentera.

Sol y playa, el plato fuerte


Respecto al mar y sus playas, La Paloma propone desde arenas blancas y finas (La Serena), playas rocosas con piscinas naturales y arenas más gruesas (El Cabito), pasando por la tranquilidad de La Bahía, ideal para los amantes de los deportes náuticos y playas abiertas de olas prominentes como La Aguada o la casi inexplorada Arachania, poco concurrida aún. Los barrios presentan fisonomías bien diferentes. Con el paso del tiempo se han ido formando pequeñas «regiones», cada una con características propias. El Casco Viejo, también llamado «La Paloma Vieja», es una zona densamente construida, que mezcla «casillas» de madera sobre palafitos que datan de fines del siglo XIX, con modernas construcciones y casas prefabricadas. El Centro del balneario se desarrolla en torno a su principal arteria: la avenida Nicolás Solari. Allí se despliega la zona comercial: restoranes, heladerías, casino, el cine, ferias artesanales, lugares de esparcimiento y su Centro Cultural.

En cinco minutos en auto se accede a la antigua Punta Rubia, hoy La Pedrera, anfitriona de celebridades uruguayas y argentinas, que antes veraneaban en las playas de José Ignacio y hoy emigran a esta zona en busca de la tranquilidad que ya no encuentran en aquel prestigioso balneario internacional.

Usando La Paloma como punto de partida, se suceden pueblitos, playas y balnearios dignos de ser descubiertos. Es difícil recomendar un balneario cuando son tantos y sobre todo tan diferentes. La primera recomendación es usar al menos dos días para recorrerlos. En ese caso, la primera alternativa puede ser tomar el corredor costero y empezar a la mañana con un breve recorrido por La Pedrera. De ahí al Cabo Polonio, almorzar, recorrer la reserva de lobos marinos, llegar hasta las dunas y regresar a media tarde. Al Cabo sólo es posible ingresar con vehículos autorizados que entran y salen con contingentes en horarios determinados, por lo que es aconsejable ajustar bien los horarios para no quedarse obligados más tiempo del deseado.

El recorrido puede continuar por una visita a Aguas Dulces y desde allí, al atardecer, retroceder unos pocos kilómetros hasta Valizas, ideal para cenar y disfrutar de la mejor feria de artesanos de toda la costa rochense. El otro recorrido empieza en Punta del Diablo, almorzar allí pescados y mariscos, hacer una escapada a la Barra del Chuy para conocer ambas playas (la uruguaya y la brasileña) con características diferentes. Y finalizar el recorrido en el Chuy, ideal para pasar varias horas entre free shops, puestos de venta ambulante de CD, DVD y juegos de PlayStation piratas, venta callejera de artesanías (lo mejor: mates forrados en cuero muy económicos), hamacas paraguayas, bijouterie, y un sin fin de tiendas de ropa, sobre todo del lado brasileño.

La mejor comida: el sándwich de baurú del lado brasileño o chivito completo del uruguayo.

Una buena compra: la variedad de modelos de zapatillas Converse es increíble. Y a muy buen precio.

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