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Diálogos en Wall Street
La sensación de vacío en el estómago domina a los mercados después que la Fed se mantuvo de brazos cruzados. Habrá que armarse de paciencia, aconseja Gordon Gekko, nuestro veterano experto en Wall Street.

Gordon Gekko: Transitamos una fase de corrección, o sea, una etapa de duda existencial, como la que vivimos en 2010 y 2011. En realidad, estamos mejor que entonces. La desventaja actual es que aquello terminó, y lo hizo bien; y aquí todavía no se ve la luz al final del túnel.
P.: Es curioso, Bill Gross, un mánager de carteras de bonos, pide que la Fed suba las tasas ya.
G.G.: Todos quieren que la zozobra finalice. Y es verdad que la Fed nos metió en el atolladero con el anuncio de la normalización de las tasas de interés, y ahora que se hace a un lado sin abandonar su pretensión de ajustarlas, nos deja en el peor de dos mundos, con un escenario económico incierto por delante (por eso no actúa), pero con la espada de Damocles de una eventual suba por tiempo indeterminado pendiente sobre nuestras cabezas.
P.: ¿Qué chances hay de que la Fed se apure y ejecute en octubre? Ya no son sólo los banqueros centrales de los países emergentes los que tienen prisa.
G.G.: Según los dichos de un par de participantes de la reunión, la decisión de la Fed se zanjó por margen muy estrecho.
P.: La votación fue 9 a 1. No lo demuestra.
G.G.: La Fed no es el Banco de Inglaterra. No tiene la tradición de sacar a luz marcadores reñidos. Por eso mismo no puede tomarlos al pie de la letra. Tiene que hurgar en las minutas, en un par de semanas más, y ver lo que se debatió. Y con qué tono.
P.: Los mercados no creían en una suba en septiembre, y no se equivocaron. A pesar del propio discurso que emanaba de la Fed. Tampoco ven un ajuste en octubre...
G.G.: Si Janet Yellen nos dice sin rodeos que la suba está en la agenda, le creerán. Caso contrario, la coartada que usó septiembre seguirá en pie. La inflación es muy baja, y no urge elevar las tasas. Y el mundo, llámese China o el infeliz que tropiece en el momento, amerita no precipitarse.
P.: Tampoco diciembre luce una fecha muy probable en este contexto.
G.G.: Los mercados le asignan apenas una chance en tres.
P.: Bien podría terminar 2015 sin novedades en la materia.
G.G.: No porque la Fed lo quiera...
P.: Porque la realidad se lo impone. El año pasado, el banco central apuntó a mediados de 2015 como su fecha favorita para comenzar a izar las tasas...
G.G.: Correcto. Hoy por hoy, los futuros de tasas tampoco ven una suba en enero del año próximo. Recién en marzo le asignan una probabilidad de ocurrencia superior al 60%.
P.: Si la solución, como piden todos, es que la Fed se apure y suba las tasas ya, no vamos muy bien encaminados.
G.G.: Éste es el libreto de los tiempos que corren. De ahí, la incomodidad. O el mundo se afianza, y mete de vuelta a la Fed en el ruedo. Y entonces la suba de tasas es señal de confirmación de una economía robusta que justifica los precios de los activos que se están pagando. O los mercados hacen de tripas corazón, se arman de coraje y paciencia, y asumen una espera que se puede tornar muy larga. Espera que no tiene por qué ser dramática.
P.: O ni lo uno ni lo otro. Y todo se desbarranca. Y lo que hoy es corrección, mañana será un mercado bear ("bajista").
G.G.: Estamos en tierra de nadie. Que es la tierra donde valen todas las hipótesis porque no es fácil refutarlas. A decir verdad, hay más estabilidad financiera hoy que un mes atrás, pero el mercado no ha forjado un piso sólido, convincente, que nos deje tranquilos. Y, estando en babia y a mitad de camino, volver a visitar los mínimos de agosto no es descabellado. Todo ello, le aclaro, sin siquiera entrar a discutir la posibilidad de un mercado bear. Entiéndame: que existen dificultades, sí, pero no una recesión. Ni en EE.UU. ni global. Y mucho menos enfrentamos una Fed que embiste enceguecida, presurosa por atajar un desborde.


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