3 de agosto 2016 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Día resbaloso en las Bolsas del mundo. Nuestro hombre en Wall Street, Gordon Gekko, nos explica los motivos de perturbación.

Periodista: Es como volver a descubrir la pólvora. La volatilidad existe. La Bolsa puede caer. Y las malas noticias pueden ser, como su nombre lo indica, malas noticias.

Gordon Gekko: Y también las buenas. Después de todo, el premier japonés Shinzo Abe anunció su plan de estímulo fiscal y el Nikkei se hundió el 1,47%.

P.: Las masas quieren el helicóptero, la monetización del déficit extra, o nada.

G.G.
: Ya tienen un cockpit, un elemento del fuselaje fiscal.

P.: El helicóptero completo, no el modelo para armar por entregas semanales.

G.G.:
Es pedir demasiado. Y a deshora. Todavía es temprano.

P.: Un paquete fiscal de 5,6% del PBI, a decir verdad, no es munición de fogueo. Pero se pide más.

G.G.:
No se guíe por el tamaño del envoltorio. Es menos poderoso que lo que dice la caja.

P.: De ahí la decepción.

G.G.:
Siempre se pide más. La decepción es otra manera de meter presión.

P.: Pero, objetivamente, ¿cuán generoso es el estímulo?

G.G.:
No suma mucho más que el presupuesto suplementario que viene a reemplazar. Si el Gobierno estuviera con el corazón en la boca, sin dudas habría ido más lejos.

P.: Y el Banco de Japón sería también de la partida, ¿o no?

G.G.:
Acompañaría en la misma dirección, pero siempre por cuerda separada, como quien toma, independiente, sus propias decisiones.

P.: Como lo hizo cuando anunció la relajación cuantitativa y cualitativa (QQE) que era el brazo monetario de las Abenomics.

G.G.:
Como lo viene haciendo. Ya dijo el viernes que comprará más ETF. No se olvide que el Banco de Japón adquiere más deuda soberana año tras año que la que coloca el Gobierno en el público para financiar su déficit fiscal. La monetización opera de hecho, por vía indirecta.

P.: ¿Cree que la decepción que cundió en Tokio fue el gatillo del resbalón que hoy vemos por todas partes?

G.G.:
Fue una buena excusa. El cortocircuito cambiario -el salto abrupto del yen contra el dólar- es un latigazo que se transmite, como una señal negativa, con facilidad. Pero días atrás no dejaba secuela duradera y hoy sí.

P.: Los mercados están vulnerables.

G.G.:
Vienen de protagonizar un rally muy potente. Como una exhalación.

P.: Habiendo hecho caso omiso a cualquier episodio desagradable.

G.G.:
Por más que uno corra, la realidad siempre te alcanza.

P.: Vale para los bancos europeos. Los exámenes de estrés pasaron el viernes como si nada. Recién hoy cayó la ficha...

G.G.:
Y de esto no podemos culpar a los japoneses. Desde el alivio de la semana pasada a los mínimos de hoy, el índice de bancos europeos patinó el 7%.

P.: Los bancos italianos son buenos, dijo el primer ministro Renzi.

G.G.:
Digamos que las opiniones están divididas. Y no preocupa sólo el Monte dei Paschi di Siena. Unicredito sufrió el rigor y fue brevemente suspendido en su cotización por rumores sobre su cartera de crédito.

P.: Y no penan únicamente los bancos italianos.

G.G.:
Commerzbank cayó el 9%. El segundo banco alemán redujo sus expectativas de ganancias -en rigor, anticipó un quebranto- y agitó la hipersensibilidad sobre el sector. Y sobre llovido, mojado. Deustche Bank y Credit Suisse dejarán de formar parte del EuroStoxx 50, la cartera de acciones europeas selectas, y eso trae consigo más ajetreo.

P.: Wall Street no pudo sustraerse al contexto global, como hizo tantas veces.

G.G.:
Dio un paso atrás. Devolvió una mínima fracción de lo que se ganó recientemente. No son temas que lo vayan a desvelar por mucho tiempo.

P.: ¿El tema de los bancos europeos, no?

G.G.:
Antes de Mario Draghi, sí. Con Draghi al timón, y el BCE enchufado, no ha habido contagio ni siquiera fuera del sector.

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