17 de agosto 2009 - 00:00

EE.UU.: gasto público sólo cubre agujeros

José Siaba Serrate
José Siaba Serrate
El fin de la recesión no es un hecho pero la recuperación se abre camino. La primavera de los brotes verdes florece en tallos más firmes. Se la descubre aun en los terrenos que devastó el granizo. Así, en EE.UU., la producción industrial subió un 0,5% en julio por primera vez desde diciembre de 2007. También aumentó la utilización de la capacidad instalada (lo que no sucedía desde octubre). En otro páramo desolado, la venta de autos saltó un 16% y alcanzó -en términos anualizados- los 11,2 millones de unidades. Qué decir de Europa que cicatrizó sus heridas, en el segundo trimestre, mejor que EE.UU. sin hacer aspavientos ni gran despliegue de retoños tempranos. Las dos economías más poderosas del Viejo Continente, Alemania y Francia, crecieron aproximadamente un 1% (0,3% sin anualizar). Otro tanto hicieron Grecia y Portugal. Y hasta Eslovaquia, cual Lázaro a resorte, tras desplomarse un 11% (sin anualizar) a comienzos de año, rebotó un 2,2%.

La recuperación de la economía no es sinónimo de inflación. No urge ninguna

intervención. Los precios minoristas en EE.UU. se mantuvieron imperturbables en julio. Y son un 2,1% más bajos que un año atrás. La historia no es muy diferente en la zona del euro. Allí los precios cayeron un 0,7% en julio (y son un 0,7% menores que el año pasado). Sin embargo, hablar de deflación sería exagerado. Si se desbroza la influencia volátil de alimentos y energía, en julio los precios de la canasta núcleo treparon un 0,1% en EE.UU. (en la eurozona, aun así, declinaron un 0,5%). La inflación subyacente todavía es positiva, cuando se miden los últimos doce meses, pero su pulso bajó al 1,5% en EE.UU. y al 1,3% en el Viejo Continente. Y se reducirá aún más.

Sólo los precios de las materias primas acusan un impacto alcista pronunciado. De tal modo, el crudo, en los mercados internacionales, más que duplicó su cotización de marzo a la fecha. Pero no puede culparse a la demanda final, todavía en retracción. En EE.UU. ni siquiera se advierte, en época estival y pleno driving season (temporada de manejo), el habitual respingo de la demanda de naftas. No es tanto la recuperación en sí como las expectativas lo que propulsa el avance. Y de paso, hasta que las promesas se concreten, ello también favorece, como arma de doble filo, una voluminosa acumulación de inventarios.

La recuperación se agiganta, con frecuencia, por la comparación con una fase previa de absoluta parálisis. Se sabe, por ejemplo, que la venta de autos emerge de un pozo profundo. En ese sentido, el impulso oficial de los planes canje es una veta común en los repuntes registrados en EE.UU. y en Europa. No es casual que el salto en la venta de autos coincida con la mejoría de la producción industrial y la utilización de la capacidad instalada en EE.UU. En rigor, es un mismo fenómeno encadenado. También debía traccionar con fuerza las ventas minoristas de julio. Pero las mismas, en su totalidad y medidas en dólares corrientes, cayeron un 0,1%. ¿Qué ocurrió? En parte, hubo transacciones de vehículos que se computarán recién en agosto.

Además, las operaciones se cerraron a precios muy inferiores a la media reciente (cuando se toman netos de los descuentos del plan canje). En consecuencia, el incremento en valor fue de sólo 2,4% (frente al 16% informado en términos de unidades). El consumidor se restringe. Aprovechó la oportunidad del plan canje y gastó más en autos. Pero mantuvo su presupuesto y no lo expandió. Cuando se observan los demás renglones de su canasta de consumo se detecta, en paralelo, un recorte del 0,6% en las erogaciones remanentes. Su sensibilidad precio es notable. Gastó más en vestimenta y alimentación pero lo hizo a caballo de una reducción en los precios de la nafta. ¿Se podrá conciliar esta realidad con la que exhibe el mercado internacional de crudo? ¿Se podrá contar con el consumidor estadounidense, a los precios actuales, para que aumente la demanda final y sea quien desagote los excesos de inventarios? Nada lo sugiere.

Pese a su leve traspié, las ventas minoristas de julio se ubican por encima del promedio del segundo trimestre y traen augurios favorables sobre la contribución del consumo al crecimiento del PBI cuando se calculen las cuentas nacionales del trimestre en curso. No contradicen los aires de la recuperación, pero sólo insinúan una brisa y no una ráfaga de viento.

En su momento, el consumo y el crédito fueron los motores de la expansión. Créase o no, las recuperaciones vibrantes, en forma de ve corta, proceden de recesiones tajantes y profundas. A excepción, claro está, de las que dañan, en su vorágine, el tejido y el funcionamiento del sistema financiero. En ese marco, las penurias del crédito persisten. Dos semanas atrás, Fannie Mae anunció que las tribulaciones de su cartera hipotecaria habían carcomido, una vez más, todo su capital. Y tuvo que solicitar al Gobierno una reposición de u$s 10,7 mil millones para mantenerse en carrera. Este fin de semana, otros cinco bancos sucumbieron y ya suman 77 en lo que va de 2009. Pero uno de ellos, Colonial Bancgroup, constituye la segunda institución en envergadura que liquida la FDIC desde Wa-

shington Mutual (es la sexta mayor bancarrota de la historia). Se trata del segundo banco del estado de Alabama con u$s 25 mil millones en activos y u$s 20 mil en depósitos. La parte del león de la firma fue transferida a BB&T que se convertirá así en el noveno banco de los EE.UU. (gracias a un acuerdo de compartir pérdidas con la FDIC sobre una cartera de u$s 15.000 millones de dólares). Las vicisitudes del crédito no cesan. Su volumen total no se recupera.

La rehabilitación de la economía se apoya, por lo visto, en un jugador omnipresente: el gasto público. Su huella lo abarca todo: desde el plan canje hasta el soporte a las finanzas. El gasto público, más que fogonear un auge de la demanda privada, hoy por hoy, cubre agujeros y suple deficiencias notorias. Asiste a una recuperación todavía incipiente, sin nubarrones inflacionarios y que carece de autonomía. Ausente la asistencia generosa del estímulo oficial sería presa fácil de una recaída.

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