21 de agosto 2009 - 00:00

En avión, aladelta, helicóptero o parapente. La excusa es volar

En avión, aladelta, helicóptero o parapente. La excusa es volar
Se acerca la fecha de cumpleaños de alguien querido y todavía no sabe qué regalarle. Nada se le ocurre. Pero, si el agasajado es de los que tienen espíritu aventurero, la solución está al alcance de la mano. Más precisamente en un doble clic. Entre a internet, vaya a cualquier buscador y tipee «vuelos de bautismo». Aparecerán un sinfín de alternativas a pocos minutos de la Ciudad de Buenos Aires.

El abanico es amplísimo: avión, helicóptero, ala delta, ultraliviano, globo... Sobrevolando la City porteña, el conurbano, la costa atlántica, el interior del país, e incluso la vecina Uruguay. Sólo es cuestión de animarse. La mayoría que lo hace, vuelve.

«Generalmente la gente que consume nuestros servicios es de clase media/alta y alta. Lo habitual es que sean regalos de aniversarios o de cumpleaños o simplemente el «cumplir el sueño de tal persona», cuenta Marcelo Agosti, de vuelosdebautismo.com.ar. «Si bien los precios no son baratos, un vuelo para dos personas en avión a Martín García, es aproximadamente lo mismo que cenar tres veces afuera... así que tampoco es prohibitivo», continúa.

Turistas extranjeros

La actividad no es tan conocida por los que habitualmente no frecuentan el mundo de la aviación. Sin embargo, con el tiempo ha ido ganando su espacio, sobre todo entre los turistas extranjeros. Damián Rosi, responsable de marketing de Vuelo Máximo, empresa que realiza vuelos de bautismo en aladelta y trike, cuenta que «para fomentar las salidas y cursos con los turistas tenemos convenios con los principales hosteles de Capital Federal. De todos modos, este año la cantidad de turistas ha mermado considerablemente por la crisis».

Según Agosti, «el vuelo más solicitado es a la isla Martín García, ya que la forma habitual de conocerla es en un ferry y debe navegar tres horas de ida y tres horas de vuelta en un mismo día, lo cual es cansador.

En avión, el tiempo es de 40 minutos, y se sobrevuela gran parte del conurbano, pudiendo apreciarse diferentes bases aéreas como la de Morón, la de Palomar, el Aeropuerto Internacional de San Fernando, los barrios de Nordelta, el Acceso Oeste y los ramales de Panamericana.

Otra salida muy pedida es pasar un día en la playa. El avión despega a las siete de la mañana y aproximadamente a las nueve está aterrizando en Villa Gesell, en Mar del Plata, o en Santa Teresita. Alrededor de las seis de la tarde se regresa a Buenos Aires, en poco más de dos horas, que con el cambio de horario de verano todavía es de día.

Vuelos

«Viajar en un avión privado es mucho más descansado que hacerlo en auto. Es más entretenido, jamás existen los congestionamientos, y siempre estás haciendo algo con lo cual vas matando el tiempo», relata Agosti, piloto y profesional del área de la salud.

Los vuelos se realizan habitualmente en un avión Cessna modelo 172 o un Piper PA-28 Archer II, ambos cuatriplazas (para 4 personas). Son siempre para dos personas por vuelo, más el piloto y copiloto. En cambio, en el helicóptero (Bell 206) pueden viajar hasta 3 personas, además del piloto.

Con respecto a los niños, si bien no hay limitación en cuanto a la edad, por razones prácticas se pide que sean mayores de 5 años. Los consultados aclaran que «deben ser tranquilos. Sergio Casas es instructor de vuelos de bautismo en parapentes. «El servicio más contratado es el de volar junto a un instructor, ya que el pasajero no debe tener ninguna experiencia previa, sino que aquél es quien realiza casi todo el trayecto», declara el piloto, quien también trabaja en la ciudad de Merlo, en la provincia de San Luis.

«Una de las alternativas es volar en el llano. En Buenos Aires, para poder despegar se debe utilizar una bobina con más o menos mil metros de soga la cual se coloca detrás de un vehículo y la punta de esa soga se engancha en un suelte rápido diseñado para el parapente. Una vez enganchados, el vehículo avanza y va remontando al parapente. Cuando se logra altura, el piloto se suelta y queda volando libremente. La otra alternativa es volar desde un cerro, montaña, o cualquier elevación que favorezca el despegue y vuelo, como es el caso de Merlo, donde contamos con una rampa de despegue (llamada SAT) la cual está acondicionada para lograr una suave partida. El escenario es único: volamos junto a cóndores, águilas y otros compañeros del aire», relata Casas.

Marcelo Agosti dispara una frase que resume la actividad: «El turismo aéreo es muy loco. Te despertás bien temprano en Buenos Aires, tomás un avión, hacés una mañana de playa, almorzás con vista al mar, caminás por la peatonal de alguna ciudad balnearia, comprás artesanías, volvés a la tarde a la playa, y nuevamente tomás un avión para aterrizar en Buenos Aires al anochecer... Y todo en un mismo día, cosa que de otro modo sería imposible».





VENTAJAS


El helicóptero tiene algunas ventajas sobre el avión, ya que es posible sobrevolar zonas que para este último están restringidas, por ejemplo, todas las zonas del espacio aéreo de Capital Federal. El helicóptero también va -en promedio- un poco más bajo que las avionetas, con lo cual la vista y el detalle panorámico son mejores.

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