13 de marzo 2009 - 00:00

Historias y anécdotas de celebrities en los mejores hoteles del mundo

La imagen de la reina del pop, Madonna, ploteada en la fachada del Hotel Roosevelt Hollywood, el primer lugar donde se celebró la ceremonia de los Premios Oscar, en 1929.
La imagen de la reina del pop, Madonna, ploteada en la fachada del Hotel Roosevelt Hollywood, el primer lugar donde se celebró la ceremonia de los Premios Oscar, en 1929.
 ¿Quién alguna vez no ha soñado con ser una estrella de Hollywood o un personaje famoso para disfrutar de los beneficios concedidos sólo a ellos? Hay hoteles que, gracias a las personalidades que allí han dejado su sello, poseen un valor agregado, lo que permite, aunque sea por un corto período, hacer que el resto de los mortales puedan sentirse como auténticas celebridades.
«Anécdotas hay miles, aquí y en el mundo», dice María José Gutiérrez Merode, gerente de Relaciones Públicas del Sheraton Buenos Aires y del Park Tower Buenos Aires Hotel y una de las pocas personas que autorizaron a Ámbito del Placer a mencionar la fuente. Los hoteles cinco estrellas firman con las celebrities un contrato de común acuerdo de confidencialidad y privacidad que los obliga a guardar estricta reserva y secreto en relación con la vida personal de los artistas durante su estadía en el lugar.
Gutiérrez recuerda la primera visita de Brad Pitt a la Argentina. El actor viajó a Mendoza para filmar la película «Siete años en el Tíbet». Se instaló en Chacras de Coria junto a Gwyneth Paltrow, en una casa alquilada. Pero la segunda parte de la filmación se realizó en la estación de trenes de La Plata, y el actor se alojó en el Park Tower recién inaugurado (enero de 1997). Directivos y empleados quedaron azorados al ver que Brad Pitt ingresaba al hotel en compañía de tres perros callejeros. «Los había recogido en las calles mendocinas. Los cuidó, los desparasitó, los bañó y los trajo a Buenos Aires. Nos pidió una habitación exclusiva para mascotas, al mejor estilo Pets Friendly Hotel. El personal de seguridad del actor los paseaba todos los días en la Plaza Fuerza Aérea a las 7.30, 16.30 y 22.00, rigurosamente. Brad Pitt cenaba con ellos y se quedaba mirando películas hasta muy tarde. Las tres mascotas volaron junto con su dueño de regreso a Los Angeles».
¿Cuántos quisieran escuchar cantar bajo la ducha a Cyndi Lauper, Shakira, Enrique y Julio Iglesias, Chayanne, Alejandro Sanz, Rafaela Carrá o Ricky Martin? De ese placer sólo gozan unos pocos empleados del InterContinental Hotel Buenos Aires. Por allí desfilaron también Sara Ferguson, Sophia Loren y Pelé. Alguna vez la habitación de la suite principal estuvo decorada únicamente con flores rojas, a pedido de Geraldine Chaplin. Alguna vez el chef tuvo tarea extra porque Anthony Queen sólo quería comidas típicas de Estados Unidos. Alguna vez Claudia Schiffer firmó autógrafos en la puerta. Y alguna vez alguien salió a recorrer las calles de la City porteña de madrugada para conseguirle a Xuxa agua mineral de origen francés. En ese mismo hotel, «un jeque árabe tomó tres pisos para él y sus colaboradores. Un mes antes mandó un equipo técnico para conectar su canal de TV y pidió cerrar el cine del Patio Bullrich sólo para él», repasa Sabrina Cardini, coordinadora de Marketing.
El Palacio Duhau-Park Hyatt Buenos Aires es un clásico para las estrellas de la música: Queen (ya sin Freddie Mercury, pero con Brian May y Roger Taylor a la cabeza y Paul Rodgers en la nueva voz del legendario grupo), Dave Matthews, Michael Bolton, Ozzy Osborne, Juanes, Offspring, entre otros, pasaron por allí, algunos inadvertidos y otros no tanto. Pero quien dejó su sello fue Sir Elton John. Llegó al hotel en jogging negro y zapatillas y casi sin saludar fue directo a la Suite Duhau, ubicada en el 4º piso, de 160 m², terraza perimetral privada de 80 m² y ventanas a prueba de balas, entre otras comodidades de esta suite que cuesta más de 8.000 dólares la noche. El astro de la música pop recibió todos los días los periódicos USA Today y New York Times, pidió provisión permanente de lapiceras, lápices, goma y anotadores, una máquina de fax con línea propia y papel extra, tres trituradoras de papel y 40 perchas de madera. Además ordenó quitar el alcohol de la suite y del minibar, así como los ceniceros y los alimentos que contenían azúcar blanco y harina blanca. En la suite no podían faltar cada día cuatro yogurts sin azúcar (de cualquier sabor menos de frutilla) y una canasta de frutas enteras con duraznos, ciruelas, manzanas verdes y bananas.
En el mundo
El Hotel Ritz de París fue elegido por Eva Perón el 24 de julio de 1947 para ofrecer un buffet para 700 personas. Hoy sigue siendo el preferido de numerosas figuras: F. Scott Fitzgerald, Marcel Proust, Elton John, el ex alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani, Rudolph Valentino, Charles Chaplin y Coco Chanel, quien hizo del Ritz su hogar desde 1934 hasta 1971. Para incontables miembros de la realeza europea y del mundo la Suite de los Príncipes está dispuesta. El Ritz fue testigo de la última cena que la princesa Diana de Gales y Dodi Al-Fayed compartieron antes de aquel fatídico accidente ocurrido la noche del 31 de agosto de 1997.
Una cita obligada es un recorrido por sus numerosos restoranes y bares, como L'Espadon, que le debe su nombre a Charles Ritz, hijo de César. Este compartía con su amigo Ernest Hemingway la pasión por la pesca. Le apasionaba practicar el lanzamiento desde lo alto de la gran escalera del hotel y en su honor Le Grand Restaurante pasó a llamarse L'Es-padon.
Hemingway no sólo se hospedó en el Ritz, sino que dejó en él la historia de uno de sus más apasionados romances con la entonces reportera de The New York Times Mary Welsh, quien fue su cuarta esposa. «Mi mujer no quiere que siga bebiendo. Cuando vuelvo a casa, siente mi aliento y me regaña», le contaría Hemingway al barman del Petit Bar. Es por ello que Bertin (así se llamaba el barman) inventó un cóctel que más tarde se hizo famoso. Se preparaba a base de vodka y jugo de tomate. Al otro día de probarlo Hemingway exclamó: «Bravo, bloody Mary (la maldita Mary) no sintió nada!».
«A mi amigo Olivier, con todos mis elogios», fue la dedicatoria que escribió Marcel Proust en uno de los primeros ejemplares de su obra «En busca del tiempo perdido». El destinatario era el maître del Ritz, Olivier Dabescat.
Los apasionados del cine seguramente recordarán la boutique Beverly Wilshire, en Los Angeles, en la que transcurrió parte de la película «Pretty woman». En este mismo hotel, durante los años 50, el rey del rock & roll, Elvis Presley, vivió durante varios años, ya que le quedaba muy cerca de los estudios de la Paramount, en los que rodaba sus películas. Y porque Elvis residió allí, también John Lennon escogió este lugar para vivir una temporada, antes de conocer a Yoko. Por sus habitaciones han pasado las más afamadas personalidades de la política, la realeza y el jet set internacional.
En la misma línea del Beverly Wilshire está el Hotel Roosevelt Hollywood, no sólo conocido por haber sido el primer lugar en el que se celebró la ceremonia de los Premios Oscar (en 1929), sino también porque Marilyn Monroe vivió allí durante los dos primeros años de su carrera cinematográfica, y sus primeras fotos para las revistas del momento fueron sacadas en el trampolín de la piscina del hotel; además, la historia cuenta que el espejo que se encontraba en la habitación de la actriz, y ahora se sitúa en el vestíbulo del hotel, está encantado con su espíritu, que varios testigos aseguran haber visto reflejado en él. Hoy en día, el hotel ha sido remodelado, conservando toda la fascinación de la época dorada de Hollywood, y es lugar de reunión y de fiestas de famosos.
El Hotel Imperial, en Viena, guarda una rica historia por los personajes que alojó: entre ellos a Richard Nixon, Walt Disney, la reina de Inglaterra Isabel II, Benito Mussolini y Adolf Hitler, que además trabajó en el hotel en su juventud, mientras vivía en Viena.
Algunos sostienen -no en vano- que Nueva York es la meca de los «más grandes hoteles del mundo». Más allá de la veracidad del dato, nadie puede discutir que la ciudad más cosmopolita del planeta es sede de los hoteles preferidos por los famosos. Uno de los más preciados es el Hotel Chelsea, testigo de la muerte del poeta Dylan Thomas por una intoxicación por alcohol, y de Nancy Spungen, apuñalada por su marido, Sid Vicius, integrante del grupo Sex Pistols. Charles James, uno de los modistos más legendarios del siglo XX, se mudó al hotel y murió en su habitación de neumonía.
Numerosos artistas, músicos y escritores hicieron del Chelsea un centro cultural y artístico del mundo bohemio de Nueva York. Sir Arthur C. Clarke escribió «2001: Odisea del espacio» mientras permanecía en el Chelsea, y los poetas Allen Ginsberg y Gregory Corso lo eligieron como lugar para el intercambio filosófico e intelectual. Fue también inspirador de muchas canciones, entre ellas: «Sara», de Bob Dylan; «Midnight in Chelsea», de Jon Bon Jovi; «Third Week in the Chelsea», de Jefferson Airplane o la conocida «Sex», de Madonna, acostumbrada a frecuentar sus habitaciones de lujo, lo mismo que sus colegas Janis Joplin, Jimi Hendrix, Andy Warhol y el propio Dylan.
Pero el hotel más prestigioso de la ciudad es, sin duda, el Waldorf-Astoria, donde se suelen alojar Richard Gere, Alicia Keys, Tim Burton, Michael J. Fox, Cuba Gooding Jr., Ewan McGregor, Kid Rock y Winona Ryder. Además, fue el escenario de «Perfume de mujer», protagonizada por Al Pacino y Chris O'Donnell. Y si de cine se trata, el Hotel Plaza es un referente ya que ha sido escenario de películas como «Desayuno en Tiffany's» y «Cocodrilo Dundee». Entre sus habitués se encuentran Michael Douglas y Sharon Stone, y se han alojado allí los Beatles, Eleanor Roosevelt, Mark Twain, Groucho Marx y F. Scott Fitzgerald.
El viaje continúa por Estambul, Turquía, sede del Buyuk Londra, quien le debe su nombre al movimiento turístico que comenzó en el siglo XVIII, cuando los ingleses, como los primeros turistas de Occidente, comenzaron a explorar países como Suiza y sitios como las Rivieras. Como resultado de este movimiento, los primeros grandes hoteles construidos en esos lugares fueron nombrados como las ciudades en Inglaterra. Hay una interesante historia de un banquero americano que escapó de su país, primero a Grecia y luego a Estambul con 198 millones de dólares que adquirió por medios ilegales. Escogió establecerse en el Hotel Buyuk Londra y estuvo allí una semana, hasta que fue arrestado. Lo curioso es que el dinero nunca apareció... En la lista de residentes famosos del hotel aparece una vez más Ernest Hemingway. Se alojó tres semanas en 1922 para cubrir (para su periódico, el Toronto Daily Star) la historia de las progresivas fuerzas nacionalistas turcas.
Divas
Sofía Loren tuvo que pasar un período de reposo durante un embarazo por prescripción médica en el InterContinental de Ginebra. Durante ese tiempo escribió el libro «La cocina con amor», un compilado de recuerdos de su infancia con «ocho mandamientos» para cocinar las pastas al dente.
Marilyn Monroe transcurrió muchos días en el Hotel Bel Air, de Los Angeles. Cuentan que poco antes de su asesinato, un fotógrafo realizó en su suite una sesión fotográfica para la revista Vogue. La blonda posó sin ropas y las imágenes no fueron publicadas en esa época porque se consideraron muy fuertes.

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