La inflación de EE.UU. recula en todos los frentes. Los precios minoristas subieron 0,2% en julio. La inflación general promedio, su versión núcleo (que deja afuera a energía y alimentos), la media recortada que excluye el 16% de las observaciones extremas y una medida de valor central como la mediana, todas esas mediciones, compartieron un escueto talle único. ¿Se ganó la guerra? La inflación baja en todas sus definiciones salvo aquella que depende de su comportamiento el año pasado. La inflación de los últimos doce meses, en efecto, repuntó de 3% a 3,2%. Julio 2022 había dado negativo y ya no se computa en el cálculo. Pero un mes antes los precios se habían disparado a una velocidad anualizada superior a 15%. Era la cresta del desborde y solo ofreció un fugaz reflujo. Hoy estamos ante el día y la noche. Este año, junio y julio repitieron su suerte. El registro del mes pasado fue apenas 1,9%. Es decir, cabe perfectamente dentro de la meta de 2%. Es más, el 90% de la cifra se explica por un renglón, el costo estimado del alojamiento. Si se tomaran en cuenta solo los valores corrientes de los alquileres y no un collage de los seis últimos meses la mensura de la inflación caería a alrededor de la mitad.
Inflación II: depone la rebeldía en EE.UU. (pero la Fed quiere su rendición total)
La inflación de EE.UU. recula en todos los frentes. Sin embargo, la entidad que dirige Jerome Powell no se confía ni con las tasas de interés en 5,5%.
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Jerome Powell
Una golondrina no hace la estabilidad de precios. Pero son tres de tres. Mayo, junio y julio. El promedio móvil trimestral registra 1,9%. Y es el escalón más bajo desde junio de 2020 cuando el encierro dictaba la desinflación y no existía vacuna contra el covid. La inflación núcleo -la obsesión de los halcones, porque se estancó hasta mayo- promedió, en el mismo período, 3,1%. Un umbral no visitado desde septiembre de 2021. Servicios es el hueso más duro de roer. Aun así declina. La inflación, vale aclarar, es el aumento sostenido del nivel general de precios y no de un único ítem. Sin los servicios de alojamiento, el problema desaparece. Pero el banco central quiere limar también esa exuberancia. Con las subas de tasas ya producidas, un modelo de la Fed de San Francisco anticipa que la inflación de la vivienda -según los precios al consumidor- tenderá a cero hacia fin de año y, eventualmente, podría ser negativa en 2024.
La entidad que dirige Jerome Powell no se confía ni con las tasas de interés en 5,5%. “La data no dice que la victoria sobre la inflación sea nuestra. Sería prematuro decir que estamos hechos en cuanto al ajuste de tasas”, afirmó Mary Daly, de la Fed de San Francisco. La gobernadora Michelle Bowman, antes de ver estos números, señaló que podrían izarse más de una vez. Un ex alto funcionario, Richard Clarida, lo explica: “La Fed quiere mantener viva todas las opciones”. La inflación depuso su rebeldía, aterriza más rápido que la actividad, pero se pretende la rendición total. “Es muy difícil conseguir trabajadores, la economía no está en equilibrio todavía”, argumentó Daly. Y si no merma su voltaje, puede fomentar otra insurrección de precios. Visto así, el peligro de accidente no depende ya de los tironeos para someter a la inflación. Anida más en el rigor de la dieta que se imponga hasta enfriar la demanda agregada.
Es una rara ironía, que en un contexto así, los bonos del Tesoro no puedan festejar. Su enemigo letal, la inflación, opera por fin en franca retirada. Pero no hubo recesión. La economía no solo resiste, embiste. Y la Fed insiste. La baja de tasas cortas, la hipótesis favorita de los mercados para el segundo semestre, se postergó a 2024. La ansiedad llevó a cargar los portafolios de duración. Para peor, el déficit del Tesoro se duplicó (sin necesitar tampoco una recesión). Nadie quiere más bonos justo ahora, sino más adelante. Las tasas cortas ya no son cero, y el carry supone un costo. Las tasas largas aumentan y se traducen en pérdidas imprevistas de capital (cuando los bonos eran la estrategia “segura”). Si la inflación viaja a la meta del 2%, los bonos que hoy levitan por encima de 4,15% (con la mira en el máximo del ciclo de 4,30%) tendrán amplio espacio para recortar sus rindes y recompensar la espera. Y más si la Fed aprieta en exceso y la economía trastabilla. La estrategia no se invalidó, pero la táctica sopla fuerte a contramano. ¿Qué más alto llegarán las tasas largas? Los hedge funds no cejarán hasta descubrir la respuesta. Y después, sí, volverán a comprar. Mientras, la Bolsa mira desde el palco. Cerró su segunda semana seguida en rojo. Nada grave. No participa del drama sino de la abulia del verano boreal.
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