- ámbito
- Edición Impresa
Mercados en jaque por la Fed y una economía que no arranca
La economía de EE.UU. sigue muy floja. Pero tampoco ayudan los bancos centrales. Muchas dudas entre los inversores.
La Fed aprieta, y la economía titubea. Los dos informes ISM (manufacturero y de servicios) decepcionaron por su flojedad, y el índice de sorpresas económicas de Citigroup volvió a internarse en terreno negativo. Pero el banco central no retira la presión verbal. Quizás porque sin ignorar la data reciente relativiza su impacto. El pronóstico nowcast de la Fed de Atlanta (un indicador preciso pero volátil como una veleta a la intemperie) marca una lectura de crecimiento de 3,3% el tercer trimestre. Si uno confía en que mantendrá su opinión, supuesto fuerte, pisamos suelo firme. Quizás el empeño por no demorarse más deviene, como pontifica Jeff Gundlach, el mandamás del fondo Double Line, de la necesidad de demostrar que a la Fed no la manejan los mercados. Nada mejor, para ese propósito, que los mercados finjan suicidarse. Nada más útil, se entiende, para corroborar luego que al banco central no le tiembla el pulso.
Sin embargo, la Fed no fue el único culpable del temporal. Hay que apuntar, un día antes, la decisión del BCE de desairar expectativas y no conceder una ampliación de su programa de expansión cuantitativa. Pero tampoco Mario Draghi, su titular, fue el hombre clave. Su par japonés, Haruhiko Kuroda, tuvo el honor de precipitar el hecho más delicado, que no fue el resbalón de las Bolsas, como la caída vertical de los bonos en todo el orbe. El Banco de Japón no quiso lanzar el helicóptero monetario, no pretende tampoco recortar el estímulo, pero sí desea cambiar los modos de su provisión. A Kuroda le preocupa el daño que la compra de bonos largos, y la caída de sus tasas, impone sobre la viabilidad de compañías de seguros de vida y fondos de pensiones. Y como el Banco de Japón no adquirió bonos largos esta semana, se especula con que la entidad se retire de ese tramo de la curva. Vendría a ser como la Operación Twist que realizó la Fed en 2011, pero a la inversa: el rumor es que el banco central podría llegar a vender cartera larga a cambio de instrumentos cortos. Bastó esparcir la versión para que la tasa de 10 años, que llegó a ser menos de 0,30% anual, retornara a 0% (con una pronunciada caída de los precios). El resto fue un dominó global infernal. De las tasas negativas se pasó a la tasa cero en los bunds alemanes de diez años, y a valores más altos en un amplio espectro de países. El predicador vocacional Gundlach recita -"las tasas han tocado fondo"- y con el aquelarre del viernes da un terrorífico sermón.
Visto así, a los mercados los atrapó una doble tenaza. La Fed presiona, la economía amaga rendirse, pero la Fed insiste, y deprime a las Bolsas y a los activos de riesgo. En simultáneo, Japón ataca por la retaguardia, con un fenomenal desbande entre los bonos soberanos, el refugio natural de la calidad. Es una doble Nelson que, a decir verdad, de todas las variantes de maquinaciones monetarias habidas y por haber, a nadie se le ocurrió proponer en Jackson Hole. Dadas las circunstancias, un apretón mayúsculo a escala global es lo último que alguien querría ejecutar. Y el tiro por la culata no ayudará, por cierto, a restañar ninguna credibilidad.


Dejá tu comentario