31 de julio 2018 - 22:33

Piel de Lava: el teatro oficial da lugar al off

• EL GRUPO UNDER, SELECCIONADO POR VIVI TELLAS, REPRESENTA "PETRÓLEO" EN LA SALA DEL SARMIENTO
Resultado del programa “Artista en residencia”, cuatro de las integrantes del elenco interpretan a obreros en un yacimiento patagónico en una obra con tono de comedia, donde además el intercambio de roles les permite, al mismo tiempo, parodiar algunos estereotipos de la conducta masculina.

Piel de lava. Las integrantes del grupo en una escena de “Petróleo”, en la sala Sarmiento del Complejo Teatral.
Piel de lava. Las integrantes del grupo en una escena de “Petróleo”, en la sala Sarmiento del Complejo Teatral.
Carolina Liponetzky

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"Cada tanto, ocupar un espacio de reconocimiento es alentador", dice Valeria Correa, integrante del grupo Piel de Lava, quien junto con Elisa Carricajo, Pilar Gamboa y Laura Paredes trabajan desde hace quince años en procesos de creación colectiva en actuación, dirección y dramaturgia. Las cuatro fueron convocadas por Vivi Tellas para integrar el programa "Artista en residencia", mediante el cual el Complejo Teatral de Buenos Aires invita a un artista o a un grupo a desplegar y profundizar un proyecto a largo plazo. Esta propuesta se realiza en el Teatro Sarmiento cada dos años, y se compone de tres partes: la presentación de una retrospectiva de sus obras, la realización de un seminario para compartir el trabajo con la comunidad artística y, finalmente, el estreno de un nuevo espectáculo.

"Petróleo" es el resultado de ese trabajo que puede verse desde la semana pasada en el Sarmiento, de jueves a domingos a las 21. Esta es la quinta obra de Piel de Lava y la primera en la que sus integrantes femeninas hacen de hombres. Dialogamos con Correa.

Periodista: ¿Cómo surgió esta obra?

Valeria Correa: La primera idea, ya que su ambientación es en un yacimiento de petróleo, fue hacer de hombres. Nos divertía, nunca lo habíamos hecho, y empezamos a pensar quiénes serían. Queríamos que fuera un lugar donde sólo hay hombres, y este es un trabajo masculino. También nos resultaba bastante teatral porque están aislados, solos, en la mitad de la Patagonia, en un trailer, y era interesante investigar eso escénicamente. Resultó una buena metáfora sobre lo masculino, la cuestión de meter cosas en la tierra y destruirlas.

P.: ¿Lo abordan desde esa mirada, hombres que destruyen?

V. C.: Esa es sólo una de las metáforas. Como lucha feminista actual, por decir, nos están matando y violando. Pero la obra no trata sobre el micromachismo cotidiano, acaso da cuenta; además aparece el petróleo como metáfora del sistema y en qué lugar pone al hombre.

P.: Pero no es una obra seria...

V. C.: Es una comedia, la gente se ríe a carcajadas, se va contenta. Todo está tratado con humor, empezando por el hecho de que nosotras hacemos de hombres, ya es algo gracioso. También es lúdico, no buscamos dar respuesta de nada a nadie, sólo dialogar esos temas desde el humor.

P.: ¿De qué va la historia?

V. C.: Es un cuento simple, están en un yacimiento aislados, aparece uno de los trabajadores, que es alguien nuevo y trae una novedad. Allí irrumpe la lucha de poderes.

P.: ¿En qué se acerca y en qué se diferencia de lo ya hecho en sus obras anteriores?

V. C.: Arrastra nuestro proceso de trabajo. Uno va ganando experiencia y, como en las obras anteriores, encarnamos estos personajes desde un estereotipo pero sin burlarnos de nadie; esa es nuestra búsqueda y el rasgo similar a las anteriores. Le ponemos sensibilidad, humor y ternura. La diferencia radica en que es la primera vez que trabajamos en la estructura oficial y eso tiene otra dinámica, es más grande, con una producción que nunca tuvimos, con una escenografía y sala de mayores dimensiones. También difiere el proceso de ensayos, siempre nos juntamos dos o tres veces por semana para ensayar y permitirnos tiempo para los otros trabajos; en cambio uno al teatro oficial va de martes a domingos, 6 o 7 horas, sin parar durante dos meses, lo que da otra dinámica y otra profundidad.

P.: ¿Cómo es interpretar la dramaturgia de otros, ya que trabajan con la propia?

V. C.: Es difícil no ser cuestionador, porque uno tiene su entrenamiento de cuestionarse a uno mismo o al compañero. Pero sólo hay que actuar; es una zona más relajada, donde uno confía en que otro lo guíe. De hecho reestrenamos en breve "La gente normal" en el Callejón, de Leandro Areco, donde sólo me dedico a actuar.

P.: ¿De qué depende la selección en el Sarmiento?

V. C.: Nos convocó la curadora del proyecto, Vivi Tellas, y para nosotras es una aventura espectacular. El año pasado Matías Feldman hizo su retrospectiva. Es una oportunidad para grupos y artistas. Todos estamos afuera siempre, en el off, y cada tanto es bienvenida la oportunidad de entrar y que se valorice el trabajo que uno viene haciendo durante años gratis para la ciudad o el país. Nuestra zona y casa es el teatro independiente, algo por definición duro porque se hacen malabares para pagar las cuentas. Y a veces ese es el precio de que no se puedan hacer obras, la falta de dinero.

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