9 de octubre 2009 - 00:00

¿Todo se debe a una promesa no cumplida?

La Fe de los peregrinos se manifiesta a través del sacrificio de llegar a la Capilla de Punta Corral, a más de 2.000 metros de altura.
La Fe de los peregrinos se manifiesta a través del sacrificio de llegar a la Capilla de Punta Corral, a más de 2.000 metros de altura.
Creer o no creer: en Jujuy, los pobladores de Tilcara aseguran que la Selección Argentina de Fútbol no volverá a ganar un Mundial hasta que sus jugadores cumplan una deuda contraída por el plantel que dirigía Carlos Bilardo en 1986, ante la Virgen de Copacabana del Abra de Punta Corral. ¿Convicción religiosa o tan sólo una buena leyenda?

La anécdota remite a la estadía en la Quebrada de un grupo de 14 jugadores dirigidos por Bilardo, entre el 5 y el 15 de enero del 86. Hasta allí llegaron con el fin de «aclimatarse a la altura que luego encontrarían en México, durante la Copa del Mundo».

La primera preocupación del técnico fue buscar el lugar de entrenamiento adecuado. Después de descartar los clubes Terry y Belgrano, aceptó la propuesta de tres entusiastas muchachos de Tilcara, que con mucho esfuerzo habían logrado fundar el club Pueblo Nuevo, el único de esa localidad que tenía indumentaria completa: camisetas rojas, pantalones, medias al tono y botines.

La Selección comenzó a entrenarse y Tilcara se convirtió en una fiesta. Los pocos pobladores de entonces, apenas algunos más de 2.000, se enorgullecían de tener allí a todas las figuras de nuestro fútbol, mientras a menos de 100 kilómetros, en San Salvador, se morían de envidia. De día, el equipo trabajaba, al anochecer los jugadores se mezclaban con la gente y compartían usos y costumbres. El propio Bilardo fue paseado por todo el pueblo disfrazado de mujer colla en vísperas del Carnaval.

Pero la confraternidad no podía ser completa si no se visitaba la iglesia. El grupo concurrió a la capilla y en ella alguien hizo una promesa a la Virgen: «Si ganamos el Mundial, volvemos a agradecerte». Ganaron. Pero nunca volvieron.

Los tilcareños, que le conocen el humor a la Virgen y no se atreven a contradecirla, aseguran que la promesa incumplida es el estigma con el que carga el conjunto nacional desde aquel entonces. «La virgencita no perdona», suelen repetir cada vez que la albiceleste queda eliminada de un Mundial antes de lo esperado.

¿Casualidad?

Los tilcareños aseguran que la sanción se inició con aquel equipo subcampeón del 90, que perdió por un penal inventado por el árbitro mexicano Codesal. En el 94, el mundo entero se enteró del doping positivo de Maradona cuando el equipo argentino perfilaba para campeón. Cuatro años después, a cinco minutos del final del partido contra Holanda por los cuartos de final del Mundial 98, la expulsión de Ortega y el posterior gol de Dennis Beg-kamp dejó afuera a un equipo repleto de figuras. En 2002 la Selección no pasó la primera ronda, y en 2006 otra vez eliminados en cuartos por el anfitrión, Alemania.

En la preparación de la Selección Nacional para el partido con Bolivia en La Paz por las Eliminatorias del Mundial 98, Daniel Passarella llevó al equipo a La Quiaca, también para que se acostumbrara a la altura. Carlos Cabrera, uno de los fundadores del club Pueblo Nuevo, se había convertido en músico y estuvo con su trío animando una cena ofrecida a la Selección del Kaiser. «Yo no sé si vos creés o no», le dijo Cabrera a Passarella, «pero ustedes deberían ir hasta Tilcara y cumplir con aquella promesa».

Le explicó también que era un viaje de apenas tres horas y que debían subir hasta Punta Corral, donde estaba la Virgen en esa época del año. Passarella lo escuchó con atención y le contestó que lo pensaría, que no tenían mucho tiempo libre como para eso, y lo despidió con un apretón de manos cordial y respetuoso. La Selección nunca fue a cumplir su promesa con la Virgen.

Octubre de 2009. Pasaron veinte años ya. Lejos quedaron los entrenamientos de un equipo de megaestrellas en una cancha de tierra llena de pozos, con todo un pueblo alrededor del campo de juego y los chicos del humilde club Pueblo Nuevo como rivales de práctica. En la memoria de los tilcareños están grabadas las conversaciones con sus ídolos, cientos de fotos, anécdotas irrepetibles. Todo un despliegue mediático que probablemente nunca más volverá a repetirse en esos pagos. Pero como en todo pueblo, en Tilcara hay una iglesia, y en las iglesias es normal hacer promesas. Y ésta, jura Cabrera «fue concreta: si la Selección salía campeona del mundo, tenía que volver para agradecer. Ganaron, pero todavía seguimos esperando». Unos verán esta historia como expresión de fe religiosa y otros tan sólo como una buena leyenda. Pero en este pueblo, de hoy poco más de 6.000 habitantes, la deuda de los jugadores es cosa seria.

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