17 de junio 2026 - 19:11

Lionel Messi entregó fútbol y humanidad

En un Mundial atravesado por el negocio, los controles y la artificialidad, Lionel Messi vuelve a marcar la diferencia desde otro lugar. Los récords y los goles agrandan su leyenda, pero su verdadera dimensión aparece en el vínculo con sus compañeros, en su amor por el juego y en una humanidad que lo distingue incluso entre los mejores.

Decimos que es un extraterrestre porque hace cosas que ningún otro jugador del mundo hace, pero es el más humano de todos los futbolistas que están aquí, en EEUU.  

Decimos que es un extraterrestre porque hace cosas que ningún otro jugador del mundo hace, pero es el más humano de todos los futbolistas que están aquí, en EEUU.  

Enviado especial. Este de Estados Unidos (y México y Canadá) es un Mundial extraño, discutible, incómodo, costoso, de equipos con esquemas copiados en serie, partidos divididos en cuatro tiempos, lleno de policías que entorpecen hasta la tarea más sencilla, voluntarios que solo tienen voluntad y no capacidad, gente que del Mundial de Fútbol solo conoce los carteles en la calle, pobladores que se fastidian porque sus rutinas se interrumpen con gritos y disfraces celestes y blancos.

Lionel Messi saltó por arriba de todo eso. Su alma y su corazón están con una herida por un tema familiar, no repite como loro estadísticas que no lo definen, no se aferra a lo ya conseguido (que es escandalosamente mucho), no pide viajar en horarios diferentes al resto, nunca se sale del grupo, jamás deja de apoyar, jamás deja de jugar. Con los tres goles que le hizo a Argelia, Leo se convirtió –junto al polaco – alemán Miroslav Klose—en el máximo goleador de la historia de las Copas del Mundo con 15 goles. Kilian Mbappé, que también está jugando este Mundial, tiene 14 goles en 15 juegos. Uno supone que la carrera del francés (que recién tiene 27 años, ya fue Campeón del Mundo y jugó dos finales) traspasará el retiro de Leo y conseguirá superarlo, pero quien nos quita lo disfrutado.

Pero el número no corre a Messi de su humanidad, no lo posiciona en el lugar del futbolista tecnócrata que maneja toda su vida a través de algoritmos o cálculos de álgebra. Es un jugador moderno que cumple con todas las tareas que exige su nivel, no deja de cumplir con un solo cuidado de su cuerpo, jamás se baja de un partido a menos que el físico se lo pida. Messi juega a sus casi 39 años porque no puede dejar de competir, porque jamás olvida todo lo que hizo para jugar al fútbol y, sobre todo, porque disfruta jugando. Es muy diferente a Maradona, pero algo lo une a Diego: siempre quieren jugar. Estar dentro de una cancha les estira la vida, hace que esas cosas que sólo ellos hacían, fluyan con naturalidad. Como todo le es tan fácil, Leo quiere seguir un rato más. Ahora, en este tiempo, está con un grupo de chicos que lo ven como quien ve a un totem, pero lo primero que hizo y hace a cada paso es bajarlos a tierra, decirles que son un equipo y que él, a esta altura de su vida, sólo quiere que el equipo lo acompañe.

Messi es de apelar al diálogo y al apoyo completo a todos sus compañeros. Es el líder de una generación que llegó en puntas de pie y con muchas dudas y se llevó todo lo que encontró por el camino. Ese sendero virtuoso tiene que ver con que Leo es el más humano de todos a la hora de relacionarse con todos. Incluso, es humano para relacionarse con nosotros, los periodistas. Jamás tendrá una respuesta que se parezca a la industrialización del fútbol, pese a que él pertenece a esta industria y acaso sea el mejor de esa industria, el que más la representa. Messi se sale de eso porque son sólo negocios y eso va por otra parte. Para Leo, el fútbol es su casa, Rosario, papá y mamá, Antonela, los chicos. Juega con ese espíritu familiar, convirtió a estos jugadores bastante más jóvenes que él en su ejército, en el grupo al que él le dio forma humana, les contagió su alma y su corazón. Nuestro equipo es de carne y hueso en un medio que está completamente tomado por cuestiones que hasta violan el espíritu del juego, desde que hay más equipos de los que debería hasta el maltrato que sufren los jugadores que representan a naciones a las que el presidente de los Estados Unidos desprecia.

Messi está en su mundo de Selección Argentina. Ahí las cosas son con mate y metegol, ahí todo se arregla con una mirada o una charla. Messi los convirtió en eso. Decimos que es un extraterrestre porque hace cosas que ningún otro jugador del mundo hace, pero es el más humano de todos los futbolistas que están aquí, en EEUU.

De ese corazón y ese alma, vienen los récords, los Balones de Oro y los tres goles contra Argelia. Aunque Leo prefiera no darles demasiada bola y seguir siendo esto que es, el mejor humano de todos

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