El Museo Arqueológico de Nápoles envió una obra cumbre, la Venus de Capua, que demuestra la influencia de la cultura italiana en nuestro país.
Venus de capua. Le atribuyen haber inspirado la famosa Venus de Milo, sin embargo, las diferencias son notorias y contrastantes.
Desde Italia, territorio del que partió a fines del siglo XIX y principios del XX la mayor migración hacia la Argentina, específicamente desde el Museo Arqueológico de Nápoles, acaban de enviar una obra cumbre del arte, la hermosa Venus de Capua que hoy exhibe el Museo Nacional de Bellas Artes. El gesto amable coincide con el arribo de la Cumbre del G-20, pero trasciende la cortesía, cumple con la función de ser un potente estímulo para la memoria. La Venus pone en evidencia la influencia de la cultura italiana y su herencia grecorromana en nuestro país. Este tesoro artístico proveniente de un tiempo considerado "eterno", aviva el recuerdo de nuestros orígenes acerca de una cultura que se está perdiendo.
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Los historiadores le atribuyen a esta estatua haber inspirado al autor de la famosa Venus de Milo. Pero, en rigor, con menor celebridad y una belleza equiparable, la Venus de Capua, esculpida en mármol blanco impoluto, no sólo tiene sus brazos, su tamaño algo mayor al real exalta su maravillosa presencia. También se asemeja la sensualidad del cuerpo semidesnudo, el contraste entre los pliegues de la túnica y la piel tersa del mármol que fascinan al espectador.
La Venus de Capua fue realizada en los tiempos de Adriano (117 -138), emperador romano que le brindó un gran impulso al arte y la cultura. Para describir el tiempo incomparable de su imperio, Marguerite Yourcenar rescata en sus memorias apócrifas de Adriano la descripción de Flaubert, que dice: "Los dioses no estaban ya y Cristo no estaba todavía/ y de Cicerón a Marco Aurelio hubo un momento único en que el hombre estuvo solo". Flaubert habla del hombre que, ajeno a los dioses, emprende la búsqueda de nuevos valores.
Adriano fue el emperador romano más "espiritualmente" griego de todo el imperio y, justamente, la Venus de Capua es la copia de una estatua griega realizada en bronce a finales del siglo IV a. C. Ya en ese entonces el arte se había liberado de todos los mandatos. Arnold Hauser define estas circunstancias: "Encontramos aquí una idea completamente nueva del arte; el arte no es ya un medio para un fin; es fin y objetivo en sí mismo. [...]El arte, que era sólo un elemento de magia y de culto, un instrumento de propaganda y de panegírico, un medio para influir sobre los dioses, los demonios y los hombres, se vuelve forma pura, autónoma, 'desinteresada', arte por el arte y por la belleza [...]Este cambio de concepción, por el cual el arte, que era sólo un arma en la lucha por la vida y sólo como tal tenía sentido y valor, pasa a ser algo independiente de todo interés práctico, de todo provecho, de todo interés extraestético".
Siempre según Hauser, en los siglos VII y VI a. C., mientras se descubría la idea de la ciencia como pura búsqueda, los griegos de Jonia creaban las primeras obras de un arte puro, desinteresado, se escuchaba el primer eco de "el arte por el arte". Vale la pena recordar que hoy, la discusión sobre el arte político versus el arte puro está como nunca vigente.
La autonomía ganada por el arte se advierte en la libertad del gesto de Venus, más allá del canon y la proporción perfecta del cuerpo, equivalente a siete veces la altura de la cabeza que está levemente inclinada hacia abajo. Luego, en el plano formal se observa la contra-postura dada por el apoyo sobre un pie que genera un zigzag por la subida de la cadera y la bajada del hombro opuesto. La visión de la obra depara una intensa experiencia, despierta el inconsciente estético del conocedor. Aunque la rodea el silencio, la estatua expresa todavía hoy su autonomía, "el cambio más radical que ha ocurrido nunca en la historia del arte".
De este modo, el espíritu se encarna en la materia. La Venus de Capua permite conocer el alma de un artista que existió hace milenios. Y si bien el pie de la Venus pisa un casco guerrero, más que una declaración pacifista, la estatua deja atrás cualquier discurso político, se encamina hacia el misterioso corazón del arte.
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