Periodista: ¿Es la crónica de un récord anunciado? No hay moros en la costa. Wall Street surfea hacia los máximos históricos de la mano de balances empresarios que, a la postre, se revelan mejores que lo esperado.
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Diálogos de Wall Street
Finalmente, Wall Street alcanzó sus objetivos: coronó nuevos récords en el S&P500 y el Nasdaq. ¿Adónde vamos desde acá? Responde Gordon Gekko.
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P.: El temor a una recesión de utilidades era muy grande. Da la impresión de que los estados contables de las compañías vienen mejor pertrechados.
G. G.: Sin ser espectaculares. Es que la vara se ubicó bien abajo. Las compañías pintaron un cuadro muy conservador. Y la curva de bonos -al invertirse- inoculó el miedo a una contracción de la economía en el horizonte mediato. Se avanzó en ambos frentes. Se pudo sobrepasar el umbral previsto de las ganancias. El 78% de las firmas del S&P500 que ya difundieron sus números consiguieron batir las expectativas de rentabilidad. El 47% excedieron los pronósticas de ingresos por ventas. Y la data reciente-hablo de los indicadores económicos- alejó también el escenario recesivo. Creo que los dos efectos en conjunto ayudaron a que la Bolsa se abriera paso.
P.: ¿Qué pasó con la inversión de la curva de rendimientos?
G. G.: La tasa del Tesoro de 10 años cayó muy fugazmente por debajo de la de tres meses; hoy se ubica 15 puntos base por encima. Como apuntamos siempre: 10 años contra 2 años nunca amagó invertirse. Hoy muestra una pendiente positiva de 21 puntos base.
P.: ¿Falsa alarma?
G. G.: No debió dispararse el alerta. La señal de la curva nunca dejó de ser una luz amarilla. Lo mismo que los indicadores líderes que publica The Conference Board.
P.: Quizás sirvió para que los bancos centrales le bajaran los decibeles a su discurso. Quedó claro que no hay espacio para ensayar el endurecimiento prometido.
G.: Los bancos centrales reaccionaron antes. Ellos también miran la curva, después de todo.
P.: ¿Cómo sigue la película ahora que se habilita un nuevo escalón de precios?
G. G.: Hay que confirmar la ruptura de los récords.
P.: Ya está. La Bolsa acaba de finalizar la rueda. Tanto el S&P500 como el Nasdaq cerraron en nuevos valores máximos.
G. G.: Hay que romper los récords intradiarios y hay que hacerlo de forma convincente. Sin prisa, pero hay que concretarlo. A veces es un trámite. En otras ocasiones se complica.
P.: Ya no parece tan difícil, porque como usted dice el pronóstico de recesión salió de escena y los balances se las arreglan para no decepcionar.
G. G.: Faltan muchísimos balances todavía. Tocará tragarse algún sapo, seguro, y habrá que ver cómo se absorbe un traspié.
P.: ¿Cree que también acá puede haber un récord que se pruebe como un falso positivo?
G. G.: Sinceramente, no lo creo ni lo espero. Sin embargo, hay que saber que también eso puede pasar.
P.: Abril está cerca de concluir, y con él la estación más favorable para las acciones. ¿Habrá que cuidarse del “sell in May”?
G. G.: No se olvide de la disputa comercial entre los EEUU y China. Esta pierna alcista no va a finalizar mientras el mercado descuente que habrá un acuerdo en una fecha más o menos cercana.
P.: Que no será antes de mediados de mayo.
G. G.: O tal vez en junio.
P.: ¿Un acuerdo probable con Xi Jinping mata la superchería del sell in May?
G. G.: Usted lo dijo. Y estoy de acuerdo. Me parece que tiene derecho de sobrepaso; en especial si quitamos la incertidumbre de los balances corporativos, y si se considera la postura amistosa de los bancos centrales del G7.
P.: No hay nada mejor en qué entretenerse. Y los inversores minoristas, según la información de los flujos de fondos, están dispuestos a tomar más riesgos en la Bolsa.
G. G.: Nunca son los motivos más razonables para sumarse a un rally cuando éste ya derribó los récords absolutos, pero, en fin, las dos afirmaciones son ciertas.
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