El infierno puede esperar (y se puede sacar buena tajada)

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Al mal tiempo, buena cara. Wall Street recompuso el semblante. Que la curva de bonos se invirtió, que no, que sólo se aplanó, que ello no significa una recesión (Janet Yellen dixit), que esta vez es diferente (con una hoja de balance de la Fed tan voluminosa), y que si efectivamente se invierte, y es el presagio acertado de una recesión, el infierno puede esperar. Cuando las tasas largas se hincan por debajo de las cortas, dice la experiencia, la Bolsa continúa trepando. No muere en el acto. En los últimos treinta años, en promedio, se las arregló para escalar otro 20%.

Visto así, con las mejores gafas posibles, se diría que no hay noticia más estimulante para la Bolsa. Haberlo chequeado antes, que llevamos un año penando por una pendiente anémica. Eso sí, la recesión después pasaría la factura correspondiente para arreglar las cuentas finales.

Vale revisar la secuencia del último mercado bear. La curva de rendimientos se empinó, por primera vez, tan temprano como en enero de 2006. La Bolsa hizo caso omiso, y clavó récord tras récord hasta octubre de 2007. Y recién ahí se despeñó (que la Bolsa, como dice el refrán, también anticipa). La Gran Recesión debutó trascartón, en diciembre, antes que terminara el año. O sea, se puede continuar sacándole punta al lápiz por un tiempo que suele ser largo. Casi dos años en la última ocasión. “Esta vez es diferente” es la frase más riesgosa en finanzas, pero apostar a que la historia se repita también entraña peligros.

Con la crónica de una recesión anunciada bajo el brazo, y todos los bancos centrales importantes a la defensiva por esa misma razón, y con gestos ampulosos como los recientes de Mario Draghi y Jerome Powell (y del Banco del Pueblo de China), los inversores se refugian en la seguridad de los bonos de buena calidad de crédito. Los fondos comunes de renta fija con grado de inversión, según Lipper, recibieron nuevos influjos por 2.754 millones de dólares, sólo en la última semana. En materia de rentabilidad, el trimestre cerrado el viernes fue el mejor desde 1995. Las tasas largas cayeron a plomo -el mercado (no la Fed) las rebajó en más de un cuarto de punto (28 puntos base, las del Tesoro a diez años)- y los precios de los bonos se dispararon. Sin embargo, también se observan entradas de capital fresco significativas en los fondos de bonos basura -590 millones de dólares en la semana- aun a sabiendas de que una recesión los arrasaría. Y se recuperó el apetito por la deuda corporativa BBB, la que opera al filo de la navaja, que con un retorno total de casi 6% desde comienzos de año, tuvo su mejor trimestre desde 2009. Para los bonos basura de los EE.UU., el desempeño fue superior, 7%. ¿El fantasma de la recesión asusta, pero el canto de sirena de los bancos centrales atiza la ambición? Así es. Y, en el balance de los precios, no en el de los flujos, gana la codicia. El Dow Jones Industrial trepó el 11%; el S&P500 , el 13%; el Russell 2000, el 14,2%; y el Nasdaq 100, el 16,6%. A mayor beta, mejores números, qué mejor recompensa para los que tomaron riesgo. Y fuera de los EE.UU., ¿qué? El FTSE All World avanzó 11,4%, su mayor salto trimestral desde 2010. ¿Y dónde está la remanida recesión, aparte de en los titulares (y la susodicha curva)? En Europa, por cierto, a la vuelta de la esquina. En los mercados mordió con fuerza el último trimestre de 2018, cuando Powell no era una sirena sino un ogro impaciente por subir las tasas. Estamos advertidos: si la recesión se hace presente, y debe arreglar las cuentas infladas por la codicia, la caída tendrá que ser potente.

Dice Janet Yellen que los bonos no señalan una recesión sino tal vez la necesidad de hacer un recorte de tasas, los mercados dicen lo mismo (y antes de fin de año) y, cartón lleno, también Trump. A través de Larry Kudlow, su principal asesor económico, ya pidió una rebaja de medio punto. La Fed sostiene que el próximo movimiento será una suba de tasas (la anotó para 2020), pero sabemos que no será el elefante en el bazar. Con la Bolsa a 3,3% de los récords, si es que hay suba, será allí.

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