El que avisa, no traiciona. Menos, si insiste. Y la Fed lleva tres semanas con su voz de alerta. ¿Qué dijo de nuevo Jerome Powell en el simposio de Jackson Hole? Nada. Abatir la inflación va a demandar un período sostenido de crecimiento por debajo de su nivel potencial, supone costos y traerá “algún dolor” a los hogares y negocios, pero dejar correr la inestabilidad de precios sería mucho peor. Powell usó menos de nueve minutos para completar su mensaje. Tasas, sudor y lágrimas. Horas de alocución de los funcionarios de la Fed permiten recabar precisiones. El énfasis ya no está en el calibre individual de los ajustes de tasas.
El mensaje que dejó Jackson Hole: tasas, sudor y lágrimas
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La clave anida en la permanencia. La Fed notificó la intención de halcones y palomas: más tasa por más tiempo. Y si los mercados se resistían, Powell horadó su coraza. Wall Street soportó su mayor caída en tres meses. El Dow se hundió 3% y 3,3% el S&P 500. El Nasdaq, que amagó un intento de mercado bull a contramano, se pinchó 4%. Lo único que aumentó en Bolsa fue la volatilidad. El rally puede ser una trampa caza bobos pero Powell, también. Es dato: si se equivocan, la Fed puede persistir más tiempo en el error.
¿Qué se trae consigo la reunión del 21 de septiembre? La saga continúa. El banco central precisa izar sus tasas para ser más restrictivo. ¿Sumará 50 puntos base? ¿75? Dependerá de “la totalidad de la data disponible” en tiempo real. La Fed hizo dos retoques de 75 bps en junio y julio y podría virar a 50 bps pero, estamos avisados, reducir la dosis no será señal de retirada. Tampoco presagio de recortes tan temprano como a comienzos de 2023. Tenaz, Powell perforó la sordera de los mercados. Los futuros de Chicago incorporaron el viernes el leve favoritismo de un ajuste de 75 bps, un horizonte de tasas entre 3,75% y 4% en diciembre (como pontifica James Bullard, el halcón más rapaz) y desertaron de la creencia en una agachada de las tasas en la primera mitad del año próximo.
A junio, las tasas estarían entre 3,75% y 4,50% con un 87% de probabilidades. Además Powell recordó las proyecciones económicas de la entidad para fines de 2023: una tasa muy levemente por debajo de 4%. ¿Estará conforme la Fed con esta interpretación de sus inquietudes? Lo hará saber si no es así.¿Qué destino le aguarda al rally de activos? Los bonos reaccionaron con una caída, pero luego regresaron a sus valores previos, como si Powell no les hablase a ellos. La Fed pondera el buen comportamiento de las expectativas de inflación y los guarismos alentadores de julio, pero entiende que hace falta más rigor para doblegar a la inflación. Los bonos del Tesoro no tienen objeciones. Si se quiere apretar más, mejor. La inflación es su peor corrosivo. Lo que no dijo Powell es lo que más les importó.
Sin novedad en el frente del QT. El gran jefe no mencionó la reducción de la cartera de bonos de la institución. Duplicará el ritmo de su adelgazamiento –a una cadencia mensual de 95 mil millones de dólares– a partir de septiembre pero no planteó apurar el tranco ni vender bonos de agencia (lo que le agregaría a la plaza un riesgo extra de duración). Por las dudas, la tasa de diez años se ubicó por encima de 3%, pero preserva el rango que estampó desde abril: 2,75%-3,25%. La Bolsa es otro cantar. Su ofensiva quedó en la cuerda floja aunque, es curioso, Powell no cree en una recesión. Y la Bolsa, a lo sumo, en un traspié suave. Pero la visibilidad es borrosa y se trepa a base de fe y coraje.
Como expresó Bullard en la semana: “los mercados tienen una confianza extrema en la Fed, esperemos que estén en lo cierto.” Sí, porque la fe mueve montañas y también eleva los múltiplos de precios. Y el peligro de que la Fed se exceda con la receta y empuje a la economía a un abismo crece con su empeño. ¿Qué es primero, el huevo o la gallina? ¿Cederá la inflación antes de caer en una recesión, o hará falta una recesión profunda para sosegarla? El orden de los factores altera el producto de Wall Street.
Powell sugiere dolor, sufrimiento. O sea, la segunda vertiente. Es razonable, pero no lo sabe con exactitud y se cuida de una afirmación tajante. Su alerta es utilitario, asunto de conveniencia: la Fed precisa mercados hoscos para hacer mejor su trabajo. En definitiva, todos, el banco central y los mercados, desde un pedestal o la calle, se necesitan entre sí pero están a merced de la data. Dios no juega a los dados con el universo, somos nosotros.




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