"Controla los alimentos y controlarás a la gente; controla el petróleo y controlarás a las naciones". La frase atribuida a Henry Kissinger, exsecretario de Estado de EEUU durante la presidencia de Richard Nixon, mantiene una vigencia inalterable medio siglo después y pese al avance de otras fuentes de energía alternativas a los combustibles fósiles. No importa lo que pase; de la pandemia con un barril a u$s20 a los casi u$s120 que marcó días atrás tras estallar la guerra en Medio Oriente, pasando por el conflicto entre Rusia y Ucrania, y la caída del régimen venezolano de Nicolás Maduro, el petróleo es un recurso clave que marca aún el pulso de la geopolítica.
Del pozo al tablero: el petróleo y la energía como armas geopolíticas
A pesar del avance de las energías renovables, el petróleo mantiene un rol central en la geopolítica. Especialistas consultados por Ámbito opinaron sobre el escenario que dejan hacia el futuro las últimas guerras y el papel clave del sector energético.
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El petróleo superó los u$s 100 ante la promesa de Irán de mantener cerrado el estrecho de Ormuz
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La guerra en Medio Oriente impacta en la economía con subas en materias primas, combustibles y fertilizantes
Cuando los misiles de EEUU e Israel comenzaron a caer sobre Irán lo hicieron inicialmente para descabezar al régimen con la muerte del ayatolá Alí Jameneí; pero luego apuntaron sobre puntos estratégicos de la infraestructura energética de Teherán que, a su vez, respondió contraatacando a sus vecinos y aliados de EEUU también en objetivos sensibles para el petróleo y cerrando el paso clave en el estrecho de Ormuz
La economía global, ya tensionada por los arrebatos arancelarios de Donald Trump, sufre las consecuencias del crudo cerca de los u$s100. El fantasma de la inflación –se espantan quienes no han vivido en la Argentina los últimos 20 años- vuelve a acechar los bolsillos en todo el mundo.
Cuando los misiles de EEUU e Israel comenzaron a caer sobre Irán lo hicieron inicialmente para descabezar al régimen con la muerte del ayatolá Alí Jameneí; pero luego apuntaron sobre puntos estratégicos de la infraestructura energética de Teherán que, a su vez, respondió contraatacando a sus vecinos y aliados de EEUU también en objetivos sensibles para el petróleo y cerrando el paso clave en el estrecho de Ormuz por donde transita el 20% del crudo, es decir unos 20 millones de barriles diarios.
Mientras Irán ahora amenaza con un barril de crudo a u$s200, la Agencia Internacional de Energía (AIE), un club de más de 30 países que son jugadores clave en el consumo y comercio del petróleo en el mundo, prometió inundar el mercado con 400 millones de unidades para sostener los precios; sería la mayor liberación de reservas estratégicas en la historia. Un tsunami de petróleo para contrarrestar los efectos negativos sobre la economía global. Por su parte, los combustibles en los surtidores ya sufrieron reajustes al alza. En EEUU es particularmente sensible porque Trump debe enfrentar en unos meses unas elecciones de medio término que serán vitales para su mandato.
Por el conflicto en Medio Oriente, el precio del Brent, el cual es de referencia para la Argentina, se encareció 30% en una semana. Acumuló así un 50% en el año. Tal como explica la consultora Criteria: “La acción militar conjunta de los Estados Unidos e Israel, iniciada el 28 de febrero contra la República Islámica de Irán, encontró una reacción prácticamente inmediata en el mercado internacional del petróleo. El canal de transmisión fue directo y estuvo determinado por las expectativas del mercado respecto de la duración potencial del conflicto y de su eventual impacto sobre la cadena global de suministro”.
“Los recursos naturales estratégicos son las claves del futuro, las guerras del futuro”, sostuvo el analista internacional Pablo Kornblum, especialista en cuestiones geopolíticas, en diálogo con Ámbito. “La energía, el alimento, el agua, son herramientas de guerra que pueden eliminar sociedades. Es mucho más importante la energía y el agua, a que si se mueven los mercados financieros”, agregó.
El juego de las alianzas y los enemigos
Desde la mirada de Kornblum, Trump realizó un mal movimiento al iniciar una guerra en la que parece no tener plan. El régimen de los ayatolás, al menos por ahora, no cayó y tampoco parece dispuesto a negociar. Por el contrario, se mantiene al contraataque lanzando misiles sobre objetivos también energéticos.
“Claramente, la energía dejó de ser un bien solo económico hace muchas décadas y se transformó en un instrumento de poder. Quien controla el suministro de petróleo, gas, minerales críticos, tiene ascendente sobre economías enteras”, opinó Juan Negri, director carreras de ciencia política y estudios internacionales en la Universidad Torcuato Di Tella, en diálogo con este medio. Y remarcó: “Lo que me parece que cambió en los últimos años es que ese rol se volvió más explícito, más agresivo, ya no se disimula, se usa como arma de presión, de negociación, de guerra, de política geopolítica”.
La duración de la guerra en Medio Oriente podría ser aún mayor a pesar de los deseos del presidente estadounidense de un conflicto breve. Rusia y China, aliados ideológicos de Irán, miran sin intervenir directamente. Mientras en Europa las potencias entran en calor por si tienen que entrar a la cancha.
“Rusia juega a sostener precios altos para financiar su guerra y su Estado. Mientras que China juega distinto; le conviene el petróleo barato porque es un importador masivo, pero también le interesa que Occidente esté distraído en conflictos que no puede resolver fácil. Además, viene realizando acuerdos con proveedores para tener acceso al petróleo independientemente de lo que haga EEUU”, explicó Negri.
Ganadores y perdedores
Con precios altos quienes ganan son los países exportadores, entre los que están Rusia, Arabia Saudita, otros del Golfo Pérsico, y Venezuela si reactiva su producción. Pierden los importadores, como Europa, China, India, y economías emergentes que pagan más por la energía, lo que deteriora su balanza comercial. En cambio, con precios bajos pasa lo contrario; ganan los consumidores industriales, los países importadores y pierden los exportadores. EEUU es un caso interesante porque es productor y consumidor a la vez.
Para Venezuela el petróleo en los tiempos de Hugo Chávez, tiempos en los que incluso llegó a valores más altos que los u$s100, significó la consolidación de su régimen. Ganó amigos y enemigos por igual, y el colapso de los precios fue también, un tiempo después, su propia implosión. EEUU impuso un bloqueo a Cuba que cortó las raíces de la economía de la isla en los últimos 60 años. Ahora hay quienes se animan a apostar que ese podría ser el próximo objetivo de Trump.
“Venezuela tiene las reservas más grandes del mundo en papel, pero una industria destruida por años de mal manejo chavista. Para EEUU tener a Venezuela fuera del mercado global o bajo un gobierno hostil era un problema estratégico, porque necesitaba presionar a Rusia limitando su capacidad de vender petróleo. Me parece que la presión sobre Maduro tiene esa doble lógica, ideológica en la superficie, económica en el fondo”, evaluó Negri.
Kornblum indicó que “Irán tiene como punto fuerte el peso que tiene en la OPEP y que tiene en la logística con el estrecho de Ormuz". “Ese es su as de espadas y lo utiliza porque no se puede enfrentar militarmente. Irán contraataca hacia objetivos energéticos, con lo cual hace un doble juego económico y geopolítico”, afirmó
En tanto, Negri cree que Trump, a diferencia de sus rivales, “es más transaccional que ideológico”. “Su lógica es energía barata para EEUU, debilitar a los rivales que dependen de exportar petróleo caro, como Rusia e Irán, y mantener a los aliados del Golfo dentro de la órbita norteamericana. Este llamado de Trump a la perforación, el ‘drill, baby drill’ no es solo una política interna, sino también una forma de inundar el mercado y bajar precios para asfixiar a economías dependientes del petróleo que son adversarias”, concluyó.
¿Llegará la era pospetróleo?
“Con el petróleo como tema central, uno casi se siente como si volviera a una época anterior, antes de que los países comenzaran a adoptar las energías renovables y antes de que Estados Unidos se convirtiera en el mayor productor de petróleo y gas natural del mundo”, describió por estos días The New York Times.
Para luego sumar: “Hay pocas señales de que la guerra con Irán cause el mismo sufrimiento económico que se experimentó hace aproximadamente medio siglo, cuando el petróleo cubría casi la mitad de las necesidades energéticas mundiales y un embargo impuesto por miembros de un cártel petrolero cuadriplicó los precios en cuestión de meses, llevando a la economía estadounidense a un período de alta inflación y estancamiento del crecimiento económico. Pero es evidente que prescindir de la cantidad de petróleo y gas natural a la que el mundo está acostumbrado, incluso brevemente, presionará las economías de todo el mundo”.
Pese a los avances de las energías renovables, el petróleo sigue siendo clave. El mundo cubre menos del 30% de sus necesidades energéticas con el “oro negro”; pero a su vez es casi el doble que en 1973 cuando la crisis del petróleo, desatada por la decisión de los países de la OPEP de no vender su producción a quienes habían apoyado a Israel en su guerra con Egipto, generó un cisma global. Por su parte, el gas natural, utilizado para calefaccionar hogares y generar electricidad, es más relevante que en el pasado.
Cuando estalló la guerra Rusia-Ucrania, Europa debió reconfigurar su matriz energética en tiempo récord. El nuevo conflicto en Medio Oriente quizás obligue al resto del mundo a acelerar el desarrollo de nuevas fuentes de energía renovable para reducir la dependencia de los combustibles fósiles. Tal vez ese cambio de matriz sea la clave para que el petróleo ya no sea un instrumento tan pesado en la geopolítica. Pero de momento, mantiene su vital importancia para la balanza de poder global.
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