19 de marzo 2026 - 09:50

Guerra en Medio Oriente: el mundo paga el precio en las boletas de luz, gas y en el surtidor

El conflicto en Medio Oriente ya se traduce en subas del petróleo, cancelaciones de vuelos y presión inflacionaria en todo el mundo. En Argentina, el impacto se siente en los surtidores y podría profundizarse en los próximos meses.

La fuerte suba del petróleo renovó el debate en el mundo sobre la dependencia de los combustibles fósiles.
La fuerte suba del petróleo renovó el debate en el mundo sobre la dependencia de los combustibles fósiles.
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La escalada bélica entre Estados Unidos, Israel e Irán está generando un shock económico global con una disparada considerable de los precios del petróleo y la energía en general. Aunque el epicentro está en el Golfo Pérsico, sus efectos ya se expanden a miles de kilómetros: suben los combustibles, se encarece el transporte, se alteran cadenas de suministro y reaparece con fuerza la inflación importada.

El principal canal de transmisión es el petróleo. Con el bloqueo del estrecho de Ormuz —por donde circula cerca de una quinta parte del crudo mundial—, el mercado incorporó una fuerte prima de riesgo geopolítico. El barril ya superó los u$s100 y amenaza con escalar aún más si se prolonga la interrupción del tránsito marítimo.

Además, el ataque de Irán a una planta clave de gas en Qatar, una de las mayores de GNL en el mundo, provocaron un incremento de 25% en los precios.

Un shock global que impacta en la vida cotidiana

El encarecimiento de la energía ya tiene consecuencias concretas en distintas economías. En Japón, altamente dependiente de importaciones, la gasolina subió cerca de un 18% en apenas una semana, alcanzando máximos en más de tres décadas. El efecto no solo golpea el bolsillo de los consumidores, sino también los costos logísticos y el precio de bienes y servicios.

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En India, el impacto va más allá de los precios: la escasez de gas licuado obligó a miles de comercios y hogares a volver a combustibles alternativos como leña o diésel, evidenciando el nivel de disrupción en la economía real.

Algo similar ocurre en Nueva Zelanda, donde la gasolina subió hasta un 20% en menos de un mes y comenzó a haber faltantes en estaciones de servicio. En paralelo, aerolíneas como Air New Zealand ya trasladaron el aumento del combustible a las tarifas.

El sector aéreo, de hecho, funciona como termómetro inmediato de la crisis. En Europa, la aerolínea Scandinavian Airlines canceló más de 100 vuelos en países nórdicos por el fuerte incremento de costos. La advertencia es clara: si los precios del combustible siguen en alza, las interrupciones podrían multiplicarse.

Estados Unidos: subas récord y riesgo económico

En Estados Unidos, el precio promedio de la gasolina alcanzó los u$s3,84 por galón, el nivel más alto desde 2023, tras subir un 29% en menos de tres semanas. En algunos estados, incluso, ya supera los u$s5.

El impacto macroeconómico empieza a ser relevante. Según estimaciones privadas, si estos valores se sostienen, podrían sumar hasta u$s100.000 millones en costos adicionales para la economía estadounidense, afectando consumo, actividad y expectativas.

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El mecanismo: energía cara, inflación y menor crecimiento

El proceso es conocido pero implacable. Primero sube el precio del petróleo por temor a interrupciones en la oferta. Luego se encarecen los combustibles derivados —nafta, diésel, queroseno— y, con ellos, el transporte de personas y mercancías.

Ese aumento se traslada a precios finales, generando inflación. Si los gobiernos intervienen con subsidios, crece la presión fiscal; si los bancos centrales reaccionan subiendo tasas, se enfría la actividad económica.

En este contexto, la energía vuelve a convertirse en el principal canal de transmisión de crisis globales, como ya ocurrió tras la invasión rusa a Ucrania en 2022.

Argentina: subas en surtidores y alerta inflacionaria

Aunque geográficamente distante, Argentina no queda al margen del shock. Según un relevamiento de la consultora EcoGo, los combustibles ya aumentaron cerca de un 9% desde el inicio del conflicto, impulsados por la suba del crudo internacional.

El dato no es menor: el precio del petróleo explica entre el 35% y el 40% del valor final en surtidor. Es decir, cualquier movimiento del barril tiene impacto directo en la economía local.

Incluso sin importar aún crudo a los nuevos valores, las petroleras —entre ellas YPF— comenzaron a ajustar precios mediante esquemas de “micropricing”, con subas graduales y segmentadas.

El riesgo es claro: si el barril se mantiene por encima de los u$s100, el traslado a precios podría intensificarse en las próximas semanas, presionando aún más la inflación.

América Latina, entre oportunidad y riesgo

A diferencia de Asia o Europa, América Latina tiene una ventaja relativa: varios países son exportadores netos de energía. En ese contexto, precios más altos pueden mejorar los términos de intercambio y generar mayores ingresos por exportaciones.

Sin embargo, el beneficio es parcial. El encarecimiento de combustibles también impacta en costos internos, logística e inflación, lo que limita el efecto positivo.

Para Argentina, el escenario es ambiguo. Por un lado, un petróleo más caro mejora el ingreso de divisas vía exportaciones energéticas. Por otro, encarece el costo de vida y agrega presión sobre una inflación ya elevada.

Un escenario de alta volatilidad

Los analistas coinciden en que el mercado energético entró en una nueva fase dominada por la volatilidad. Aunque la liberación de reservas estratégicas por parte de la Agencia Internacional de la Energía busca contener los precios, su efecto sería limitado si el conflicto se prolonga.

El factor clave sigue siendo el mismo: la duración y escala de la guerra. Un conflicto acotado podría estabilizar los precios en torno a los u$s80-u$s90. Pero una escalada mayor —con ataques a infraestructura o un bloqueo prolongado del estrecho de Ormuz— podría empujar el barril hacia niveles de tres dígitos sostenidos.

En ese escenario, el impacto global sería más profundo: más inflación, menor crecimiento y un nuevo reordenamiento del mapa energético mundial.

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La dependencia de los combustibles fósiles

La crisis energética derivada de la guerra con Irán ha llevado a los responsables políticos de todo el mundo a replantearse las formas de reducir la dependencia a largo plazo de las importaciones de petróleo y gas, con propuestas para expandir la energía nuclear y las energías renovables, aumentar las reservas estratégicas y la producción nacional, y diversificar las fuentes de suministro extranjeras.

"La cuestión de la seguridad energética nunca ha sido tan acuciante como ahora. Hasta hace unas semanas, los mercados daban por sentados los recursos del Golfo. Eso no será así en el futuro", declaró Geoffrey Pyatt, quien fue subsecretario de Estado para Recursos Energéticos durante la administración de Joe Biden y ahora es director gerente sénior de la consultora estadounidense McLarty Associates.Los países con mayor consumo energético del mundo vuelven a la mesa de diseño: Europa anunció la semana pasada nuevas garantías financieras para la energía atómica tras décadas de cierre de centrales nucleares. Otros grandes importadores planean abastecerse de combustible de una gama más amplia de proveedores para mitigar sus riesgos.

En un artículo oportuno sobre un posible bloqueo al estrecho de Ormuz, un departamento del organismo estatal de planificación de China, que define la estrategia económica del país, afirmó el primer día de la guerra que el país debería acelerar su transición hacia las energías renovables, así como ampliar sus reservas de emergencia y obtener más energía de proveedores alternativos.

"No solo China, sino todo el mundo", los gobiernos "reconsiderarán sus cadenas de suministro de energía y sus sistemas de producción, y quizás presten más atención a la energía nuclear y limpia", dijo a Reuters Wang Jin, investigador principal del Club de Diálogo Internacional de Beijing, un centro de estudios dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores.

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China ya es la principal fuente mundial de tecnologías de energía limpia.

A corto plazo, las grandes naciones consumidoras han optado por una liberación coordinada de reservas de emergencia de tamaño récord , junto con las peticiones de los gobiernos, particularmente en Asia, para que los consumidores ahorren energía.

Alrededor del 20% del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado se ha visto bloqueado después de que Teherán cerrara de facto el estrecho de Ormuz, la principal vía de transporte de combustibles fósiles de Oriente Medio hacia los mercados mundiales. La Agencia Internacional de Energía lo ha calificado como la peor interrupción del suministro energético mundial de la historia. Los precios mundiales del crudo se han disparado por encima de los 100 dólares por barril.

Esta crisis se produce tras dos importantes trastornos energéticos ocurridos en la década de 2020: la invasión rusa de Ucrania en 2022 llevó a Europa a reducir drásticamente su dependencia de las importaciones rusas; y la pandemia de COVID-19 de 2020, que provocó una caída repentina y masiva de la demanda mundial de combustibles fósiles, seguida de un repunte para el que los principales productores mundiales no estaban preparados.

Asia obtiene la gran mayoría de sus importaciones de petróleo y GNL de Oriente Medio, lo que la convierte en la región más afectada tanto por el aumento de los precios como por la interrupción del suministro físico causada por el conflicto con Irán.

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