23 de octubre 2026 - 19:51

Instituto Vaca Muerta: el 3% de contratados no mide al centro de formación, mide la actividad de la cuenca

Comparto el reclamo de Horacio Marín y lo respaldo. Es legítimo y valiente: quien impulsó el instituto es quien hoy pide que se use, y empieza por autocriticar a su propia compañía. Pero hay más atrás de las declaraciones del presidente y CEO de YPF.

El 3% no mide al Instituto Vaca Muerta (IVM): mide una cuenca con cuatro sets de fractura parados a la espera de evacuación. Bajar los brazos ahora sería castigar a la única pieza de la cadena que llegó a tiempo.

El 3% no mide al Instituto Vaca Muerta (IVM): mide una cuenca con cuatro sets de fractura parados a la espera de evacuación. Bajar los brazos ahora sería castigar a la única pieza de la cadena que llegó a tiempo.

Horacio Marín tiene razón en reclamarle a la industria por la baja inserción de los egresados del Instituto Vaca Muerta (IVM). Pero el 3% no es una falla del instituto: es el reflejo de una Cuenca Neuquina que todavía no opera a plena capacidad, donde la mano de obra es cara y nadie quiere pagarla a cuenta. Cuando las operadoras emitan una señal clara de ocupación de equipos, esa mano de obra formada será la primera en incorporarse.

El presidente y director ejecutivo de YPF encendió una alarma necesaria. El síntoma es correcto, la alerta es apropiada, el diagnóstico final será otro. En el cierre del encuentro de directores ejecutivos de la Argentina Oil&Gas Patagonia 2026, Marín informó que el IVM ya certificó a 500 jóvenes y que solo el 3% consiguió trabajo en la industria. Son unas 15 personas.

El contraste lo marcó con su propia empresa: YPF pasó de 12 a 18 equipos de perforación desde diciembre y sumó 1.200 operarios en pozos en el mismo período. Advirtió que, si la industria no toma conciencia, el instituto "va a tener poca vida", y aclaró que la crítica también alcanza a YPF.

Comparto el reclamo y lo respaldo. Es legítimo y valiente: quien impulsó el instituto es quien hoy pide que se use, y empieza por autocriticar a su propia compañía. Su planteo abre dos preguntas que vale la pena responder por separado: si el IVM forma bien, y si la cuenca ya demanda a esa escala. La primera ya tiene respuesta; la segunda depende del calendario de actividad.

La Cuenca Neuquina todavía no trabaja a pleno

De los 15 sets de fractura que hay en Vaca Muerta, hoy cuatro están parados. No por falta de pozos ni de gente, sino porque la evacuación todavía no está terminada: el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) entra recién en enero de 2027 y el proyecto de gas natural licuado (GNL) de Southern Energy S.A. (SESA), en el segundo semestre.

Los datos del año confirman el cuadro:

  • En julio, la ocupación de los sets cayó al 50% del tiempo disponible, contra el 68% de junio; operaron 8 de 15.
  • La capacidad ociosa de bombeo ronda el 30%, según estimaciones de Luciano Fucello (NCS Multistage).
  • Cuatro sets vinculados a YPF concentran cerca de la mitad de las etapas; el resto se reparte el volumen remanente.

Con equipos ociosos, ninguna empresa de servicios arma cuadrillas nuevas. Y la puerta de entrada de un egresado es precisamente esa: el puesto inicial en una cuadrilla que se conforma para un equipo que se activa. Las 1.200 incorporaciones de YPF existen, pero en un mercado con capacidad sobrante se cubren primero con personal experimentado que rota entre contratistas, no con primeros empleos.

El IVM hizo lo correcto: formar antes de la demanda

El instituto se inauguró el 16 de marzo de 2026. Tiene siete meses de vida y una meta de 15.000 operarios en cinco años, a razón de 3.000 por año. Con ese horizonte, la tasa de inserción actual es una primera foto, no el balance del proyecto: sus resultados se van a ver a medida que la actividad acompañe.

La formación de un operario lleva meses; la activación de un equipo, semanas. Si la industria esperara a que la demanda apareciera para empezar a capacitar, el cuello de botella de 2027 sería la mano de obra, no la evacuación. El IVM se anticipó, y eso es exactamente lo que se le pide a una buena planificación.

Además, la calidad no está en discusión: según Marín, las compañías que ya incorporaron egresados describen la diferencia en seguridad y oficio como «abismal». El producto funciona; lo que falta es el momento de la demanda.

Lo que falta: una señal clara de ocupación de equipos

Las empresas de servicios contratan cuando tienen contratos con fecha. Si las operadoras bajan un mensaje claro sobre cuántos equipos de perforación y fractura van a ocupar, y desde cuándo, los contratistas pueden armar cuadrillas con anticipación. Ahí entran los egresados del IVM.

Esa señal está cerca. A partir de enero, la demanda va a crecer por tres hechos concretos: el Plan Gas, el VMOS, que hay que llenar, y SESA, que exige perforar pozos de gas para el primer barco de GNL. Noviembre y diciembre serán meses de preparación puertas adentro de las operadoras. El tiempo de llegada al mercado (time to market) de estos egresados está a la vuelta de la esquina.

Ahí está el reproche que hay que hacerle a la industria, pero también su razón. La mano de obra en Vaca Muerta es cara: un operador de fractura percibe entre $7 y $9,8 millones brutos mensuales. Nadie quiere pagar ese costo a cuenta, y nadie toma gente sin tener los contratos que lo garantizan. Una empresa de servicios no suma una cuadrilla por un equipo que quizás se active: la suma cuando tiene la orden de trabajo firmada.

El resultado es una espera en la que todos tienen razón por separado y nadie la tiene en conjunto. Si cada empresa espera el contrato para contratar, en enero la cuenca va a salir a buscar a las apuradas a la misma gente que hoy está formada y sin trabajo.

El compromiso ya existe en el papel: al lanzar el instituto, Marín sostuvo que todas las operadoras y empresas de servicios se comprometían a incorporar gente nueva a partir de esa certificación. Lo que falta es convertir ese compromiso en un calendario.

Propuestas

  • Previsión y un escenario claro de ocupación de equipos. Que las operadoras publiquen, con un horizonte de seis a doce meses, cuántos sets de fractura y equipos de perforación prevén activar. El costo de anticipar la contratación es parte del riesgo empresarial de cada compañía; lo que falta es un escenario claro para asumirlo con fundamento. Con esa previsión, cada equipo que se active puede incorporar egresados del IVM en su cuadrilla inicial.
  • Mesa de supply con un capítulo de capital humano. La misma mesa que propuse para coordinar la arena y el desmontaje, traslado y montaje (DTM) de equipos puede incluir la planificación de cuadrillas. Así se trabajó con el VMOS, con SESA y con Argentina LNG.
  • Bolsa de egresados visible para los contratistas. Un registro único con oficio, certificación y disponibilidad, consultable por las empresas de servicios y las pequeñas y medianas empresas (PyMEs) proveedoras.
  • Medir bien. Reportar la inserción por cohorte y en relación con los equipos activos, no como un porcentaje acumulado sin contexto.

El 3% no mide al instituto: mide una cuenca con cuatro sets de fractura parados a la espera de evacuación. Bajar los brazos ahora sería castigar a la única pieza de la cadena que llegó a tiempo.

Marín tiene razón y hay que acompañarlo. El síntoma es correcto y la alerta es apropiada; el diagnóstico es otro. La respuesta no es dudar del IVM, sino darle a la industria previsión y un escenario claro. El costo es parte del riesgo empresarial; lo que hace falta es saber cuándo asumirlo. Cuando las operadoras definan cuántos equipos van a ocupar en 2027, esos 500 jóvenes, y los miles que vienen, serán la primera fila de la contratación.

Roberto Lino Blanco es consultor en desarrollo de negocios, logística y análisis regulatorio en Oil & Gas.

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