La escalada del conflicto en Medio Oriente volvió a tensionar los mercados energéticos globales y reavivó temores sobre una nueva crisis de precios. Sin embargo, para Argentina, el escenario no es lineal. Según el secretario coordinador de Energía y Minería, Daniel González, el impacto debe leerse en dos planos: uno de corto plazo, más complejo, y otro de mediano y largo plazo, donde emergen oportunidades concretas.
Energía y minería: Daniel González aseguró que la guerra tendrá un doble impacto en Argentina
El secretario coordinador de Energía y Minería dijo que en el corto plazo el aumento de precios en el mundo tiene un efecto negativo, pereo recalcó que en términos generales, el impacto es "moderadamente positivo”.
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Si bien la guerra en Medio Oriente introduce volatilidad en el corto plazo, también acelera una tendencia más profunda. “En la medida que mantengamos este rumbo, el potencial es enorme”, dijo Daniel González.
“La crisis energética la podés analizar en dos planos”, explicó el funcionario durante el AmCham Summit realizado en el Centro de Covenciones de la Ciudad. “En el cortísimo plazo, el aumento de precios en el mundo tiene un efecto negativo: aumenta la inflación global y no necesariamente impulsa la actividad”.
De hecho, González advirtió que ni siquiera en Estados Unidos -principal referencia del sector- se observa una reacción inmediata en términos de inversión. “Las compañías toman decisiones en función de perspectivas de largo plazo, no de lo que pasa en seis semanas”, señaló.
Aun así, el balance para Argentina no es negativo. “En términos generales, el impacto es moderadamente positivo”, afirmó, apoyándose en un dato clave: el país exporta cerca del 40% del petróleo que produce, lo que implica mayores ingresos de divisas en un contexto de precios internacionales más altos.
Un cambio de época en la energía global
Más allá de la coyuntura, el funcionario puso el foco en una transformación estructural que redefine el mapa energético global. “Lo que ha habido es un cambio claro de prioridades en el mundo: de la sustentabilidad energética a la seguridad energética”, sostuvo.
Ese giro, según González, reposiciona a países con abundancia de recursos naturales y estabilidad macroeconómica. “Países como el nuestro, que tienen un recurso increíble, un ecosistema de compañías que funciona bien y están lejos de los conflictos, claramente se vuelven más atractivos”, afirmó.
En ese contexto, Argentina aparece como un actor con potencial creciente, especialmente a partir del desarrollo de Vaca Muerta y el impulso a la minería.
Reglas de juego y clima de inversión
El Gobierno apuesta a consolidar ese atractivo a partir de cambios regulatorios y macroeconómicos. Para González, el punto de partida es claro: recuperar previsibilidad. “Lo más importante es haber vuelto a un país normal”, sintetizó.
Entre las medidas que destacó se encuentran las modificaciones en la ley de hidrocarburos, la ley del gas y el marco regulatorio eléctrico. “Ponemos la maximización de recursos y los precios internacionales en el centro de la política energética”, explicó.
En paralelo, subrayó un cambio de enfoque clave: la menor intervención estatal. “Nos restringimos como reguladores a intervenir en precios o exportaciones. Eso genera un nivel de certeza muy grande”, afirmó.
A este esquema se suma el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), que el funcionario definió como un instrumento central para acelerar proyectos. Según el Ministerio de Economía, ya se presentaron RIGI por u$s80.000 millones, de los cuales u$s28.000 millones ya fueron aprobados.
Según González, el impacto del RIGI ya empieza a reflejarse en la dinámica del sector. “Ya tenemos dos proyectos que ingresaron, esperamos un tercero y sabemos de otros siete u ocho que van a entrar este año”, detalló.
El régimen no solo mejora la rentabilidad de los proyectos, sino que también adelanta decisiones de inversión. “Permite desarrollar áreas que antes no eran viables porque los números eran muy justos, y además genera un incentivo fuerte a traer inversiones en el corto plazo”, explicó.
El resultado, según anticipó, será visible en breve: “Vamos a ver un aumento de inversiones en petróleo y gas fortísimo en los próximos 18 meses”.
Producción en alza y metas ambiciosas
El presente del sector energético argentino ya muestra señales de expansión. “Estamos produciendo, arañando los 890.000 barriles diarios de petróleo”, señaló González.
La proyección es aún más ambiciosa: “Vamos a tocar el millón de barriles este año, que es un hito impensado en Argentina hace tiempo”.
En el caso del gas, el crecimiento será más escalonado, condicionado por la infraestructura. “En la medida que tengamos las terminales de licuefacción, vas a ver un crecimiento muy fuerte”, anticipó.
A mediano plazo, las cifras son contundentes. “Tenemos proyecciones de 1,7 millones de barriles en cinco o siete años”, afirmó, y aclaró que no se trata de estimaciones teóricas: “Son proyectos con nombre y apellido, que ya tomaron decisiones de inversión o están por hacerlo”.
Exportaciones y el fin de la restricción externa
Uno de los puntos más relevantes del análisis oficial es el impacto potencial sobre la balanza externa. “De acá a cinco años, Argentina tiene una balanza comercial de u$s60.000 millones en energía y minería”, aseguró González.
El número adquiere dimensión al compararlo con el presente: la balanza comercial total del país en 2025 rondó los u$s11.200 millones. "Estamos hablando de cinco veces eso, solo con estos dos sectores”, subrayó. Y agregó: “Eso hace desaparecer completamente una de las restricciones históricas de la Argentina, que es la restricción externa”.
Incluso, remarcó que ese potencial está lejos de su techo. “En cinco años la producción de cobre recién empieza y el GNL va a estar a mitad de desarrollo. Ese número sigue creciendo”, explicó.
Otro de los ejes que destacó el funcionario es el cambio en la relación entre el Estado y el sector privado. “Lo primero que hace el Gobierno es correrse y dejar que el sector privado trabaje”, afirmó.
Ese enfoque se refleja en decisiones concretas, como la no intervención en los precios de los combustibles, que subieron un 23% desde el inicio del guerra en Medio Oriente. “Las empresas se autorregularon y decidieron en qué medida trasladar los precios internacionales. Eso no pasaba antes”, señaló.
Para González, este cambio es tan relevante como las reformas estructurales. “A veces, no hacer algunas cosas es tan importante como hacerlas”, sostuvo.
Una ventana de oportunidad en medio de la crisis
En un escenario global atravesado por la incertidumbre, Argentina busca posicionarse como proveedor de energía y recursos estratégicos.
Si bien la guerra en Medio Oriente introduce volatilidad en el corto plazo, también acelera una tendencia más profunda: la reconfiguración del mapa energético mundial. “En la medida que mantengamos este rumbo, el potencial es enorme”, concluyó González.
La apuesta oficial es clara: transformar una crisis global en una oportunidad histórica para consolidar el desarrollo energético y minero del país.





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