''A los 12 ya escribía cosas de fuerte contenido sexual''

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«Sus uniones anteriores no habían sido malas, tampoco las mías. Habíamos tenido amor, pasión, dificultades económicas». Así comienza a explicar Eduardo, el personaje de «La música de Julia», el encuentro con una antigua amiga en una mesita de Las Violetas, y cómo esos dos setentones concluyen tomándose la mano como si fueran adolescentes. «No son dos viejitos, son dos personas enteras, que la vida vuelve a reunir en la etapa final», explica la escritora Alicia Steimberg (cuentista, novelista, ensayista y traductora), autora de «Músicos y relojeros», «La loca 101», «Cuando digo Magdalena» (premio Planeta), y que se consagró internacionalmente con una novela desinhibidamente erótico-sexual «Amatista». Ahora Alicia Steimberg acaba de presentar, a los 75 años, «La música de Julia». Dialogamos con ella.

Periodista: ¿Cómo surge en usted escribir «La música de Julia»?

Alicia Steimberg: En realidad, no fue una ocurrencia: vengo siguiéndome desde que empecé a escribir. Creo que es más cómodo si me tengo que expresar. Pero no es que Julia, la judía de esta novela, sea para mostrar cómo soy yo ahora. Sino que, como siempre, voy escribiendo lo que va surgiendo en mi imaginación. Para que el lector no se encuentre ante un monólogo acaso incomprensible, puse a Julia y Eduardo, estas dos personas que charlan. Y para tomar un poco de distancia puse primero al hombre, luego la mujer y de nuevo el hombre.

P.: ¿Vale decir que Julia no es ni su alter ego ni la proyección de su propia vida en ningún aspecto?

A.S.: No es muy mi alter ego. Yo recién ahora me estoy enterando cómo es la novela, si se puede llamar novela, o nouvelle; es un relato. Julia no es aquí la escritora, el escritor es Eduardo, que es un personaje compuesto. Para escribir sobre Julia, me utilicé a mí misma. Por cierto, si a mi no me gusta una verdura, la nabiza que me parece una cosa amarga, horrible, nunca pondría que a Julia le encanta. Ahí algo se me trabaría y no podría seguir adelante.

P.: Si Julia es «algo» su alter ego, ¿existe un Eduardo en su vida?

A.S.: No, es una combinación de hombres que conocí. Los retraté con lo mejor de sí mismos, por lo menos lo que más me gustaba de ellos a mí. Recuerdo que un periodista con poca experiencia insistía en saber cuántos hombres había tenido en mi vida, como si eso importara para construir un personaje masculino; me lo tomé en solfa. Creo que le dije: todo llega y todo pasa.

P.: Usted hace de Eduardo un profesor y escritor, y a Julia la vuelve enigmática, ¿qué es Julia?

A.S.: Julia parece que es escritora, pero no queda eso claro. Ella dice que está cansada de escribir. Eso no lo entiendo. Uno no se cansa de escribir, así como no se cansa de comer o de caminar. Salvo que lo diga por otra cosa.

P.: ¿Por no competir con Eduardo?

A.S.: En el libro, por las cosas que Julia dice, se la conoce más que a Eduardo. No me preocupé en ser ecuánime. Me dejé llevar por lo que me era grato.

P.: ¿Cuál fue su estímulo a la hora de contar que personas de 70 años puedan tener una relación sentimental?

A.S.: En pocos días cumplo 75 y si eso no lo sé ahora, ¿cuándo lo voy a saber? Estoy contenta de estar en esta época, palabra que no quiero nombrar.

P.: Usted que con «Amatista», ganó el premio la Sonrisa Vertical, instaló en nuestro país la visión del erotismo desde la perspectiva femenina.

A.S.: En el ensayo está Cristina Wargon; en la ficción parece que yo fui la que se lanzó con todo. Cuando era chica tenía una sector de la biblioteca familiar prohibido. Claro, lo único que quería sacar eran esos libros que estaban bajo llave. Ahí leí «Cartas de amor» de Marcelo Peyret. una novela de los años '20, donde no se describía pero se sugería una escena que podría haber sido erótica de no haber estado el personaje gravemente herido tras un duelo con el marido de su amante. Después estuvo otra de Peyret, «Los pulpos». No sé si esas lecturas me marcaron en algo. En el caso de «Amatista», fue porque vi un concurso interesante en España. Revisé cosas que escribía desde los 12 años y tenían un fuerte contenido sexual, eran páginas preliterarias e impublicables. Pero ese recorrido por aquellas notas fue un estímulo que me llevó a inventar personajes con los que divertirme mucho con sus experiencias sexuales.

P.: ¿Y qué lugar ocupa el erotismo en la vida de los personajes de «La música de Julia», gente de más de 70 años?

A.S.: Julia no siente que tiene 70, por momentos tiene 50, por momentos 30 y por momentos 12. Los años son números nada más. Ellos se unen para ayudarse, divertirse, pasarla bien. La amistad se vuelve dependencia. Saben que el tiempo es acaso breve, ¿pero quién puede determinarlo? Pero Julia y Eduardo son especiales, esos no le pasa a todos, basta mirar cómo camina la gente por la calle. Acaso sabe que el amor termina mal, que o se divorcian o que se casan, y luego se separan. El amor con el tiempo se evapora. Pero el de Eduardo y Julia esta fortalecido en amistad y acosado por la muerte.

P.: Usted contrapone a esto el recuerdo constante de sus personajes de poemas y canciones, ¿como un canto a la vida?

A.S.: Por cierto. Esos textos me aparecieron mientras iba escribiendo la novela, pero eso no me pasa sólo cuando me pongo a escribir. Me pasa cuando pienso en una amiga, en un amigo, en una situación y me aparece con la música que la acompañó. Esto me sucede desde siempre, y no sólo con tangos o boleros, con canciones de esos 10 años en que canté en un coro. Si no me hubiera dedicado a escribir como una transgresión, a mi madre sólo le importaba que terminara mis gloriosos estudios en el Lenguas Vivas, el profesorado y todo eso. Pero después aprendí a que mamá no se enterara de lo que estaba haciendo, de cuál era mi real vocación.

P.: Hace poco estuvo dando un curso en Roma sobre literatura, ¿explicó lo que enseña en sus talleres literarios?

A.S.: Yo había ido a visitar a mi hijos, y el Instituto Cervantes me invitó a dar un seminario de seis horas sobre aprender a escribir. A los alumnos del Cervantes, que son todos hispanoablantes, les interesó al punto que hubo todas las plazas ocupadas en las dos jornadas. Me pidieron otra charla y esa vez hablé de mis libros, de mi trabajo como escritora.

P.: ¿Qué señaló como elementos básicos de la literatura?

A.S.: Que hay dos características de la escritura narrativa que están en todos los buenos escritores de ficción; la visibilidad y que en el principio esté el germen de la historia. Yo presento 20 libros para estudiar sus comienzos y ver cómo ingresan en la historia. Esto importa más que el título, que puede ser arbitrario o decir muy poco. Ofrezco una antología donde están Borges, Bioy Casares, Cortázar, Juan José Saer, Filisberto Hernández, María Granata, Juan Carlos Onetti, Juan Rulfo, Arturo Roa Bastos, Antonio Di Benedetto, Benito Pérez Galdós, James Joyce, Clarice Lispector, Ursula Leguin, Flannery O'Connor, Hebe Huart, Isidoro Blaisten, Guillermo Martínez, entre otros. Un grupo ampliamente heterogéneo que me sirve para probar que en el inicio de su relato tiene algo clave: mucha visualidad, que es como lo denominan tanto Borges como Italo Calvino. No inician con declaraciones abstractas sino con imágenes que hacen ver lugar, personaje, situación. En esos comienzos se ve la relación entre escritores, pero sobre todo el respeto hacia el lector.

Entrevista de Máximo Soto

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