15 de mayo 2002 - 00:00
"A los chicos se los ha ido despojando de curiosidad"
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María Elena Walsh
Periodista: ¿Cómo aparece en usted el deseo de contar historias para chicos?
María Elena Walsh: Hace mucho, cuando escribía las letras de canciones, estaba atravesando épocas personales muy dramáticas, de modo que puede ser una vía de escape. Pero, aparte de eso, de pronto surge la necesidad de contar una historia o cantar una canción determinada, sencilla, para los chicos, no para otra gente, aunque la otra gente se cuele. No es porque esté contenta que voy a escribir para los niños, es como contraste.
P.: ¿La crisis que vive el país lleva a imaginar otros mundos?
M.E.W.: También las situaciones personales. Recuerdo cómo trabajaba durante la enfermedad y muerte de mi madre, en situaciones realmente dramáticas. Las exteriores lo son, pero las íntimas son las más graves.
P.: Se dice que «la depresión se pasa creando»...
M.E.W.: Pero cuando la depresión es tan grande no deja crear. Y cuando se crea algo, por mínimo que sea, se está saliendo, es el primer paso a la salud.
P.: ¿Qué apareció primero de su nuevo libro?
M.E.W.: Los personajes. Dalila, el personaje central, es una chica que está en otros cuentos con otro nombre. Los pajarracos, los Tutías de la historia, eran una imagen que me daba vueltas, que había visto en cuentos ajenos: pájaros muy graciosos, muy tiernos. Después comencé a jugar con algunos personajes que había en otros libros y me daba lástima que no siguieran viviendo. Manuelita siempre se mete, es un comodín y es cosa de ella meterse a solucionar temas, ya está quijotesca. Tiendo a formar grupos y a que haya solidaridad en lo pequeño, no es que vayan a solucionar el hambre en el mundo. Son el grupo barrial, esas pequeñas sociedades de socorros mutuos. Lo tengo muy incorporado.
P.: También aparecen las metamorfosis, por caso: el cantor de tangos que se vuelve un sapo...
M.E.W.: Juego con un código clásico. Desde ese muchacho Ovidio, las metamorfosis están en todos los cuentos que nos apasionan.
P.: A esto suma un lenguaje poético...
P.: ¿Empieza sabiendo que va a pasar en su historia?
M.E.W.: Uno conoce los personajes, los une, los separa y va tejiendo la historia. Y en un momento comienzan a hablar y a vivir por su cuenta.
M.E.W.: En mí es natural, mi formación es así. Cuando era chica y mi papá escuchaba ópera por radio, no me decía esta es alta cultura, y ante una rancherita, es baja cultura. No existía eso. Absorbí todo lo que estaba en mi casa, en la escuela, en el barrio. Ahora, en la era de las comunicaciones, un chico está empobrecido, recibe poca cosa, los medios le dan rock o pop y nada más. Ni siquiera tienen la opción para decir: «ufa, que aburrido es esto».
P.: Parecen cantar canciones en inglés...
M.E.W.: No saben, corean por fonética. En mis libros, y en los de otros, se proponen cosas descontando que va a haber un mayor que oriente a los chicos, aunque no hay tanta comunicación ahora. Sería bueno que los estimularan a preguntar: ¿Quién ese Mozart? Y contestar: ¿lo buscamos en el diccionario?, ¿vamos a ver si hay un disco?, ¿y si nos fijamos en la radio si pasan algo de él? En Buenos Aires hay 3 emisoras de música clásica, 3, en Alemania ninguna. Es bueno que lo chicos aprendan a pedir ayuda en lo que no saben, porque lo grandes también lo hacemos. Sorprende que cuando los chicos tiene más facilitada la vida, con diccionarios, CD-Rom, internet, tienen menos curiosidad.
P.: ¿Lo fundamental es estimularlos?
P.: ¿Le criticaron que uno de sus personajes es una mujer policía?
M.E.W.: Resulta que una policía no puede ser simpática, tiene que ser mala. En un café vi una muchacha policía, gorra, lentes, estudiando y escribiendo. Me causó mucha gracia, era el personaje. Si después es buena o mala es su problema. Yo pretendo, y me sale del alma, romper con toda discriminación.
P.: ¿Cómo ve la literatura argentina?
M.E.W.: No quiero tocar de oído. Veo que se sigue publicando. La literatura no es algo que se debilite con las crisis. Ahora no existe el golpe muy duro de la censura, ahora es un golpe muy duro pero se sigue escribiendo y, como siempre, habrá pocas cosas buenas. Lo grave es cuando se reduce el grupo de autores de calidad. Si se reduce el mundo editorial, se irá cuerpeando. Pero cuando se tiene una lista de los 10 poetas más notorios y son todos malos, no hay mejora económica que lo remedie.
P.: ¿Y nuestra literatura para chicos?
P.: ¿Luego de un libro empieza a pensar en otro?
M.E.W.: Incluso al estar escribiendo uno puedo estar pensando en otro, que por ahí me lleva 10 años. Pero el gran estímulo es leer. No leer el propio género, no es que yo lea literatura infantil y me inspire en eso. La lectura es siempre un estímulo y un detonante, da ganas de escribir cosas que pueden tener o no que ver con lo que uno lee. Una vez me volví tan loca que queria hacer una serie de escenas de Proust para niños. Me tentaba traducir y adaptar esas páginas donde habla de los sonidos de París. Me dije: qué lindo sería esto para los chicos. No lo haré, es muy difícil.
P.: Dos preguntas al estilo de Benard Pivot. Si hubiera tenido que elegir otra profesión, ¿cuál sería?
M.E.W.: Tendría que haber elegido entre las permitidas a las mujeres, si no me hubiera gustar ser marino, navegar. Entre las permitidas, hubiera elegido arquitectura. Nunca letras, jamás.
P.: ¿Si Dios existe, que le gustaría que le dijera al llegar?
M.E.W.: Acá tenés una buena biblioteca.


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