«Paisaje con
bosquecillos
», una de
las cerca de
cien sutiles
obras que
reúne la
muestra de
Fray
Guillermo
Butler,
en el Centro
Cultural
Recoleta.
En el libro «Nueva Historia de la Pintura y la Escultura en la Argentina» del poeta y crítico de arte Romualdo Brughetti, se señala que el impresionismo argentino y sus variantes plenairistas fueron una forma de sentir y ver el paisaje nativo sin preconceptos ni convenciones heredadas.
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En la larga lista de aquellos que trabajan en las primeras décadas del siglo XX, antes de la eclosión de la generación de 1921 y aún en el curso de las siguientes, Fray Guillermo Butler ocupa un destacado lugar. Nació en Génova en 1879, llegó con sus padres a nuestro país con apenas un año de edad y fue inscripto en el Registro Civil de la ciudad de Córdoba. Adicto al dibujo desde temprana edad ya a los 14 años es admitido en la Orden de Predicadores de Santo Domingo (Córdoba) pero junto a sus estudios religiosos realiza los de pintura con Honorio Mossi (1861-1943), autor de importantes pinturas en la Basílica de Nuestra Señora del Milagro y su convento en la docta. Asimismo tomó contacto con Emilio Caraffa (1862-1939), fundador de la Academia de Bellas Artes y del Museo que lleva su nombre.
En 1908 es enviado a Roma para seguir la carrera de jurista pero su vocación era la pintura, estudia en Florencia donde halló su ideal pictórico al admirar las pinturas del Beato Angélico «...temblé de emoción; comprendí que su lenguaje hablaba directamente a nuestras almas». Continúa sus estudios en París, allí conoce a Miguel Carlos Victorica de quien fue su confesor y confidente, admira a los Nabis, en especial a Maurice Denis, pintor de temas religiosos y teórico del arte quien lo alienta a enviar una obra al Salón. Al regresar a la Argentina en 1915 expone en Witcomb, la crítica no lo comprende y fue Octavio Pinto (1890-1941) quien señaló que «quizás su refinada pintura pase inadvertida por ahora..., los argentinos no sabemos acercarnos a la obra de arte con esa unción, con ese recogimiento tan necesario para compenetrarse de la oculta vida de las cosas».
Es con estos pensamientos que debe recorrerse esta muestra del Centro Cultural Recoleta que reúne un centenar de obras y permite evadirse de estos tiempos en los que la publicidad, el marketing, el arte espectáculo y tanto «arte basura» tienen primacía sobre la estética. En 1916 regresa a Europa donde permanece hasta 1920 pintando capillas y realizando exposiciones en Florencia, Venecia, Madrid, París.
Coincidentemente con la muestra se ha publicado un importante libro de Ediciones Zurbarán, textos de Ignacio Gutiérrez Zaldívar, el Cardenal Jorge Mario Bergoglio, Fray Sebastián Maza, Rafael Squirru, entre otros, con importantes reproducciones, material fotográfico de archivo, una profunda investigación sobre la vida y arte de este artista místico e inconfundible de nuestras artes plásticas.
• Serenidad
Debe recordarse que fue fundador en 1939 de la Academia «Beato Angélico» que actualmente con rango terciario como Instituto de Formación Docente funciona desde 1977 en dependencias de la Santa Casa de Ejercicios Espirituales en la calle Estados Unidos 1153.
Pintura serena, silencioso paisaje serrano, una interpretación de la naturaleza tomada por el alma del artista, pincelada puntillista, cromatismo armonioso y luminoso, atmósfera sutil, «es la pintura de un cándido, de una sencillez serena», así lo publica el diario «La Nación» en 1921. No estuvo exento de críticas que calificaban su obra de « infantilista». Salió entonces en su defensa el crítico Atalaya ( Alfredo Chiabra Acosta): «La contemplación de los cuadros de Butler nos ha hecho mejores y por ello nos hemos sentido más buenos». Una muestra necesaria que invita a una pausa en nuestro ajetreado mundo artístico. Clausura el 20 de febrero.
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