14 de octubre 2005 - 00:00

Abarcadora muestra de Iglesias Brickles

La retrospectiva de Eduardo Iglesias Brickles abarca 20años de la obra de un artista «marginal» que se resistea la masificación y a la innovación en pos del mercado.
La retrospectiva de Eduardo Iglesias Brickles abarca 20 años de la obra de un artista «marginal» que se resiste a la masificación y a la innovación en pos del mercado.
Ganador del Primer Premio en Grabado del Salón Nacional (1985), del Manuel Belgrano (1995) y Gran Premio de Honor del Salón Nacional (2000), Eduardo Iglesias Brickles (Curuzú Cuatiá, 1944) expone una importante retrospectiva que abarca 20 años de labor en el Museo Sívori. Ominosa, creemos, es la palabra justa que describe la sensación del contemplador al enfrentarse con una obra de gran densidad.

Los personajes de Brickles constituyen una heterogénea serie de artistas que admira, Max Beckman, Otto Dix, Spilimbergo, De Chirico, Berni, su maestra Aída Carballo, Gauguin. Hay también boxeadores, rockeros, delincuentes, tangueros, personajes de la noche, artistas de cine, músicos de jazz y hasta «Jesucristo entrando a la cancha de Boca», título de uno de sus cuadros. «Yo quiero que mis grabados sean argentinos (...) no pueden ser escenas de otro país u otro lugar», afirma y el grabado es el medio, como lo ha sido siempre, el que le permite retratar incisivamente personajes y situaciones sin concesión alguna.

Sus xilopinturas, obra única, es decir que no hay estampación, son bajorrelieves de madera tallada pintadas al óleo en los que aúna su gran oficio de grabador y pintor . A veces el color es furioso, el negro «no es la nada sin posibilidades» como lo definía Kandinsky, al contrario, es el todo que va a contener esa furia. Los retratados pasan de observados a observadores; es difícil sostener la mirada ante esos ojos.

La narrativa de Brickles, en ocasiones cinematográfica, no encajaría en casi ninguna Bienal, dado el borramiento de límites, la hibridez, la liviandad que, con excepciones, es el resultado de la globalización, los textos que han sustituido a las obras. Su obra es la de un marginal que se resiste a la masificación, a la innovación permanente en pos del mercado. Su imagen es nítida, la imagen no admite medias tintas ni en lo formal ni en el contenido.

Los títulos no son una convención sino que enfatizan su narración, entre ellos, «Cada amanecer muero», «Cabeza de héroe posmoderno», «Tajo en La Pampa», «Corazón en llamas», y uno correspondiente a una obra reciente «Acerca del concepto del arte», un humor ácido que corresponde a mucho del palabrerío actual sobre el tema.

Coincide con esta retrospectiva una muestra en la Fundación Alberto Elía-Mario-Robirosa y la edición de un libro con textos de Alberto Petrina, Raúl Santana, Elba Pérez, Rafael Squirru y otros críticos que se han ocupado de su obra. Hasta el 30 de octubre.

• Escombros

El Grupo Escombros está estrechamente ligado a «La Estética de lo Roto», «Artistas de lo que queda», «El Bosque de los Sueños Perdidos», «A través de los Escombros», una retrospectiva antológica que se expuso en el MACLA (La Plata) y que dejó huellas profundas, así como «Arte a la Deriva», «Corrupción» y la escultura recientemente inaugurada en esa capital «Cada arma destruida es una victoria sobre la muerte» realizada con 250 armas desactivadas.

Todo lo que realizan los artistas de
Escombros, exposiciones, manifiestos, acciones callejeras, instalaciones, publicaciones ayuda a creer que no todo está perdido. Su arte no es panfletario y aunque manifiestan que «el héroe de la resistencia es todo aquel que sigue viviendo aunque no tiene ningún motivo para hacerlo», muchas veces apelanal humor. Ya lo hicieron, por ejemplo, con el mate, símbolo argentino por excelencia, del que no se podía sorber por la bombilla anudada, por consiguiente, mate tapado, una metáfora del país.

En Galería Arcimboldo se exhibe una reedición del
«Proyecto para el desarrollo de los países bananeros según las grandes potencias», realizada en 1976 y expuesto en la Fundación Joan Miró de Barcelona. Como su título lo indica , la protagonista es una banana que puede ser submarino, máquina de escribir, una lapicera con pluma dorada, un teléfono, una filmadora, y un remedo de computadora. También es la imagen principal de una naturaleza muerta, un óleo de perfecto acabado.

El medio elegido, la acuarela, aplicada generalmente a no plantear tragedias, está aquí para que el mensaje llegue a nuestra conciencia de manera suave acompañado de un texto contundente:
«Todo proyecto políticoeconómico que no tiene el respaldo de un código moral, está destinado a la corrupción y al fracaso». Clausura el 28 de octubre. Reconquista 761.

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