«Coronación» (Chile, 2000, hablada en español). Guión y dir.: S. Caiozzi, sobre novela de J. Donoso. Int.: J. Jung, M. Canepa, A. Secall, P. Meza, J. Vadell, L. Dubo.
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E sta película tardó un par de años en llegar, pero valió la pena. Es una joya, que actualiza agradablemente la novela de José Donoso, en una versión con sus debidas fidelidades, de tono, de ambientación, y de espíritu, e infidelidades, de personajes secundarios que toman más desarrollo, acordes con sus espejos de la vida real.
A través de una vieja centenaria, su casona carcomida, y su nieto sesentón, Donoso describió la sociedad anquilosada de los '50, tal como él la veía. Los lectores recordarán, también, a una muchachita inquietante, unas domésticas, un muchacho medio trabajador y medio malandra, y otro decididamente malandra, y también, entre otras figuras más terciarias que secundarias, un pariente con menos blasones y más fondos.
Adaptación
En la adaptación, Silvio Caiozzi ve a esos mismos personajes, que es como decir a esa misma sociedad, todavía vivos (si eso es vida) en estos tiempos, pero al nuevo rico le agrega, o podríamos decir le reconoce, algo más de presencia, y más letra. Símbolo de clases ascendentes, es una buena pieza para confrontar humorísticamente con el pasado. La adaptación también ve a todos con igual cariño: son todos tan detestables y poco confiables, como queribles.
Esto, claro, gracias a la buena mano del director, a su modo de pasear la cámara como si estuviera espiando de reojo en casa de unas tías viejas, que no dejan que uno toque nada, ni saque algo fuera de lugar, y a su modo de insertar apacible y maliciosamente algunas situaciones (pequeñas crueldades de un niño grande en el patio, etc.) de esas que en otros tiempos forjaron la amistad de Donoso con Luis Buñuel, y hoy hacen al público elogio que Emir Kusturica le dedicara a Caiozzi en Montreal.
Gracias, también, a las preciosuras de actuación -un elenco excelente-, música, fotografía, y dirección de arte (la esposa del director). Párrafo especial, para el protagonista, Julio Jung, como un pobre infeliz que nunca sabe calibrar sus enojos, ni superar sus tristezas, y para la veterana María Canepa, en el rol de la vieja senil, a ratos odiosa, y de inmediato tan frágil y enternecedora, perdida en sus divagues.
Esto es curioso. En sus tres películas, casi una por década, Silvio Caiozzi siempre planteó el mismo conflicto, tan propio de nuestras sociedades, de viejos dominantes, grandulones dominados, y mujeres cuya sola presencia y cercana carne estimulan a un cambio. Y a medida que el autor va creciendo, también van creciendo de edad sus personajes: un adolescente en «Julio comienza en julio», un hombre joven en «La luna en el espejo», un hombre ya maduro en esta «Coronación». Y sus antagonistas también van envejeciendo.
Claro, siguen siendo mandones, rezongones, dañinos... pero son cada vez más débiles, al punto de inspirar cierta piedad, e incluso algún cariño. En ese sentido, esta vieja es lo máximo. Pero aun así, es mejor verla en cine, que tenerla en casa.
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