1 de junio 2004 - 00:00

Agradó el recital sin sorpresas de Ed Motta

Aunque su música es poco original y reiterativa, Ed Motta conformó a sus numerosos fans argentinos y logró hacer bailar hasta a los más resistentes.
Aunque su música es poco original y reiterativa, Ed Motta conformó a sus numerosos fans argentinos y logró hacer bailar hasta a los más resistentes.
Presentación de « Poptopical». Ed Motta (voz, guitarra, teclado). Con P. Rodríguez Alves ( guitarra), A. Continentino (bajo), R. Vernet Not ( teclado) y J.R.B.C. De Bittencourt (batería). (La Trastienda, 30 y 31/5).

El brasileño Ed Motta tiene todo para ser un artista exitoso. Y así como desde hace tiempo se ha convertido en una figura muy atractiva en su país -pese a que ha vivido en los Estados Unidos-, tiene también una larga lista de seguidores en Argentina, donde tuvo mucho público en sus dos presentaciones en La Trastienda.

Su música no presenta grandes novedades; por el contrario, después de escucharlo por un rato queda la sensación de que su discurso es conocido, que muchas de las cosas que hace vienen sucediendo desde hace mucho en la música popular y que, aún dentro de su mismo concierto, su estilo tiende a repetirse pasada la media hora de show.

De hecho se reconoce como un sintetizador de muchas de las músicas que ha escuchado y amado a lo largo de su vida (de Stevie Wonder a Prince, del jazz argentino al rock duro; al punto de que en sus comienzos integró el grupo de heavy metal Kabbalah). Motta hace base en el funk y el soul, pero no le escapa a la música brasileña, ni al jazz, ni al pop, ni a la música incidental (ha compuesto bandas de sonido), ni siquiera al folklore del oriente europeo.

Juega con el scat a la manera de Bobby McFerryn o de Al Jarreau; usa su voz como si fuera un instrumento más o canta en un portugués de dicción cerrada textos de frases cortas con el interés puesto casi siempre en la música más que en las palabras, a pesar de que elige rodearse de buenos letristas.

Pero la base de su éxito y de la buena acogida que tiene entre los distintos públicos está en su carisma, en su dominio del pulso, en el ritmo que imprime a su espectáculo, en su capacidad para hacer bailar incluso a los más resistentes.

A su talento para seducir a la multitud se suma el de un cuarteto profesional de teclado, batería, guitarra y bajo, que le sirvió de motor y sostén durante todo el show.

Así, sin mesas ni sillas a la vista, el salón de San Telmo se transformó en una pista en la que todos mostraron su entusiasmo y se divirtieron sin mayores pretensiones intelectuales. Es lo que buscaban y es lo que encontraron.

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