De amores, amigos, y enemigos habló Alejandro Agresti en distendida charla con la prensa, durante la presentación oficial de «Valentín», su nueva película, que recrea un momento de su propia infancia. Al lado, junto a otros actores, estaban su ex, Julieta Cardinali («trabajamos juntos porque nos seguimos queriendo») y la estrella del film, el chiquito Rodrigo Noya, que, curiosamente, apenas saludó. «Lo pone nervioso estar con periodistas argentinos. Cuando la estrenamos en España, sabiendo que nadie lo conocía, estaba más suelto», explicó aparte su padre, todavía impresionado por los enormes afiches con el rostro de su hijo por todo Madrid.
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El afiche local es más sencillo, ni siquiera resalta la cantidad de premios del público que « Valentín» ha ganado en tantos festivales. «Así de simple lo quería», explica el director, «apenas el chico y su maestra caminando, porque la historia surge alrededor de ese paseo». Y se explaya: «A veces pongo demasiado la cabeza, pero acá puse ante todo el corazón. De niño, cada noche recreaba lo que había vivido ese día como si fuera una película, y hasta imaginaba los créditos, por ejemplo 'tío Fulano... personaje de tío Fulano'. A los ocho, viví lo que siempre llamo uno de los días más felices de mi vida, un paseo con mi maestra. Como yo no tenía mamá... En la película traté de reproducir todo eso: el camioncito, la misma plaza... ¿Pero cómo construir una película alrededor de ese momento de felicidad? Estar con Julieta fue como revivir esa sensación», termina piropeando.
¿Y cómo enfrentar ahora «el piropo» de ciertos críticos que ya están afilando los dientes para lanzarse sobre este ex iracundo «vendido a Miramax»? Cargado de experiencia, Agresti evalúa: «En un momento me pusieron los botines de punta porque me senté con Julio Maharbiz, y sobre todo porque no estaba con De la Rúa ni con Darío Lopérfido. Pero estoy hablando de apenas tres tipos que usaron su espacio para darme con saña. Por otra parte, todos somos seres humanos, hay críticos malos, como también hay directores malos, y para muchos es más fácil escribir una nota de odio que una carta de amor. Algunos tienen imaginación, otros no, y entonces pueden parecer más intelectuales, pero ven un baldío donde otros ven un campo de flores. Depende la predisposición de cada uno».
Por su parte, el autor ya esta dispuesto a empezar su nueva película. «No se llamará 'La vergüenza', como se dijo, sino 'Un mundo menos peor', sobre una mujer que en un pueblo perdido reencuentra a un panadero, padre de su primera hija. Es decir, eso del amor, la memoria, y la espera tiene cierto contacto con una de mis primeras películas, 'Boda secreta', pero hay algo más. En la soledad de ese panadero está mi abuelo, que cuando quedó viudo se mudó a Mar de Ajá, lo pasaba pescando, su mundo era charlar con la foto de la abuela.Yo lo visitaba. Ese lugar me cargó de una verdadera historia de amor.Y ahora voy a filmar en la casita que fue suya. Hoy viven unos sordomudos, tuvimos que llevar a otro sordomudo para entendernos», concluye, con una humorada. Protagonistas serán Mónica Galán y Carlos Roffe («es la mejor representación del porteño, debería estar en los billetes de diez pesos»).
Algo más sobre Rodrigo: «En el casting para elegir al protagonista de 'Valentín', preparamos con Jean Pierre Noher la escena de la camisa, que está casi al final, cuando alguien le habla de la madre. Noventa y nueve por ciento de los chicos la actuó en tono melodramático.El, en cambio, se quedó como impávido. ¿Se había olvidado la letra? Un asistente quiso soplarle. 'Esperá, estoy pensando lo que el otro personaje me dice'. Eso me ganó. Yo le doy el texto, él lo respeta, pero el gesto que hace al final de la película, por ejemplo, lo creó él en el momento del rodaje. Yo no manejo los movimientos de su cuerpecito, eso lo aporta él mismo, que es un chico muy inteligente, que te sabe entender, y sabe actuar sin haber estudiado.Yo creo que Grotowski y todos ésos se deben estar revolviendo en sus tumbas: 'Este enano nos cagó el verso'». P.S.
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