2 de junio 2004 - 00:00
"Al escritor le es difícil escapar al egocentrismo"
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El escritor israelí Etgar Keret considera que mezclar Kafka con Woody Allen en sus relatos ha hecho que sea leído por su humor crítico en un país en medio de duros conflictos.
Periodista: ¿Cómo aparece en usted el deseo de narrar?
Etgar Keret: Mis aptitudes siempre estuvieron orientadas a la matemática y la física. De hecho, en la facultad estudie Matemática y Filosofía. La literatura me eligió durante el servicio Militar, que en Israel es obligatorio por tres años. Dado que no podía decir lo que sentía sin meterme en líos, me encontré escribiendo sarcásticas cartas de protesta que, en realidad, el exceso en la ironía convertía en cuentos.
P.: Física, matemática, filosofía, literatura, ¿cómo parece en usted el cine?
E.K.: Es un viejo amor, no tan grande como el que tengo por la literatura. El trabajo del escritor es solitario, y es difícil escapar al egocentrismo. El cine me obligó al diálogo, de otro modo no hay película. Me hizo ahorrar en terapia.
P.: ¿El cine influyó en su escritura?
E.K.: No menos que los libros. Creo que la mayor influencia es la de la matemática, en cuanto impone claridad y síntesis. En las humanidades la tendencia es a no ser claro en la comunicación. Si se es claro y simple se lo consideran a uno un verdulero. ¿Cómo un intelectual va expresarse de forma tan sencilla? (ríe) Pero, en matemática, hasta un chico tiene que entender el razonamiento y lo que se explica. Creo que yo traje esa estética a mi escritura. Hablo de cosas complejas de forma que cualquiera las entienda. Hay escritores a los que si le dicen «mi hijo de diez años leyó tu cuento, y se emocionó», se sentirían humillados y ofendidos: en mi caso, eso algo a lo que aspiro. Acaso esto ha hecho que textos míos que al comienzo eran considerados controversiales sobre el conflicto palestino israelí, hoy son textos en colegios secundarios.
P.: ¿A quiénes considera sus maestros literarios?
E.K.: A Franz Kafka, porque ofrece moral sin predicar y en Israel siempre hay gente predicando. Si la vida tiende a ser obsesivo-compulsiva, los textos de Kafka, con sus historias tan jasídicas, son cachetadas que despiertan a la verdadera vida. Agregaría a Kurt Vonnegut, otro autor extremadamente moral que eligió para decir lo suyo un camino propio y nada obvio. Yo no busco indicar que se debe hacer, sino lograr que el lector se pregunte qué está haciendo con su vida. La respuesta está en él, no en el libro que le ofrezco. Bueno, podría continuar con la lista de maestros con Faulkner, Salinger y Gogol, pero creo que son suficientes.
P.: ¿El humor es su modo de seducir al lector?
E.K.: Trato ver las cosas desde adentro y desde afuera. Una cualidad muy judía del pensamiento. Los judíos siempre fueron parte de sociedades de las que participaban y, a la vez, estaban afuera. Sin esa actitud no existe el humor. Mirarse a uno mismo, desde adentro y desde afuera, resulta humorístico sin que se quiera. Los mismo pasa al observar así a la sociedad. Uno ríe de las cosas que a uno no le gustan pero de las que no tiene el poder de cambiar. La ironía es el arma de los débiles. En Francia me relacionan con Woody Allen, eso me da mucho orgullo.
P.: ¿Es difícil hacerse conocer con cuentos?
E.K.: En general es así, pero está Borges. Los cuentos suelen ser un problema cuando se quiere trascender internacionalmente. Pero, a veces, son una ventaja: si un cuento aparece en una publicación de otro país, de otra lengua, puede funcionar como un virus. Además, el cuento tiene un efecto inmediato. Un capítulo de Thomas Mann no permite conocer a Thomas Mann; un cuento de Cortázar lleva a leer otro y otro.
P.: ¿Las giras presentando sus libros le permiten escribir?
E.K.: Cuentos cortos. Algunas ideas. Ahora estoy trabajando en el guión de una película. La historia de una bomba atómica que cayó en Tel Aviv y no explotó pero, por seguridad, se desaloja la ciudad. Hay una mujer, sobreviviente del holocausto, que no se quiere ir de allí. Sus dos hijos, que no se hablan entre si desde hace 10 años, van a sacarla,pero una vez allí no puedensalir. En ese espacio se desarrolla todo el conflicto familiar que tiene como fondo los otros conflictos de mi país. Como se puede descubrir por esto, las situaciones que me atraen son las ambiguas y paradojales. Busco observar una realidad ideológica desde un punto de vista estrictamente humano. Las ideologías dan una respuesta inmediata de lo que se debe amar y de lo que se debe odiar, la verdad humana enfrenta esos dogmas, vuelve la realidad a como es, más compleja. Me atrae contar de seres confundidos en un mundo que no pueden terminar de comprender.
Entrevista de Máximo Soto




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