Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Dir.: A. Diemecke. Obras de Gomes y Mahler. (Teatro Coliseo.)
La apertura del ciclo Nuova Harmonia 2008 se produjo con la actuación de la prestigiosa Orquesta Sinfónica de Bamberg, fundada en 1946, con músicos refugiados de la Orquesta Germana de Praga y los intérpretes de Karlsbad y Silesia con residencia en Bamberg. El organismo, de disciplinado comportamiento técnico, con secciones de suma calidad y buena articulación, vino dirigido por el maestro inglés Jonathan Nott, digno producto de Cambridge, Manchester y Londres, donde estudió.
Su formalidad y la economía de gesticulación marcaron el espíritu de las dos grandes obras incluidas en el programa: la Sinfonía N° 2, en Re Mayor, Op. 73 de Johannes Brahms y Sinfonía N° 1, en Re Mayor, de Gustav Mahler. La primera gozó del detallismo con que Nott encara su trabajo sinfónico, y el resultado fue una versión cuidada pero a la que le faltó calidez y pasión. Su mérito mayor lo constituyó la estupenda realización de la «Titán» mahleriana. El fraseo del director valorizó cada uno de sus movimientosy le otorgó al todo un crescendo emocional de gran impacto.
Se lucieron con interpretaciones impecables los sectores de vientos de la orquesta, con magníficas maderas y espectaculares bronces.
La apertura de Harmonia que tendrá una destacada programación a lo largo de todo el año tuvo entusiastas aplausos de un público numeroso que recibió como compensación dos bises: una danza eslava de Dvorak y un fragmento de un concierto «romanesque», de Gyorgy Ligeti.
El Mozarteum convocó al pianista argentino-venezolano Sergio Tiempo para la inauguración de su temporada anual, con dos recitales para cada uno de sus ciclos. De brillante carrera internacional, que incluye el «Martha Argerich and Friends» en Munich y la presentación cada año en el «Proggetto Martha Argerich», de Lugano, Tiempo continúa exhibiendo una impronta juvenil, que demostró ampliamente en la liviandad con que ejecutó la Sonata en Re Mayor, hob. XVI/37, de Haydn, rebosante de espiritualidad. Con una depurada técnica pianística, que mantuvo a lo largo de todo el recital, medió la obra de Haydn como si el piano fuera un clave, tal su ligereza de toque.
El segundo movimiento (Largo) le permitió explayarse en toda su reflexiva luminosidad. Menos cómodo se lo escuchó en la Sonata N° 3, en Si menor, Op. 58, de Chopin, aunque igualmente la fraseó muy bien, logrando atmósferas románticas plenas.
La calidad con que ejecutó « Gaspard de la Nuit», de Ravel y el impresionante virtuosismo que volcó en «Consolación N° 3» y el vals «Mephisto», de Liszt, provocaron una sostenida ovación del público, que Sergio Tiempo agradeció con tres números fuera de programa, entre ellos, «Cajita China», obra que incluye en sus conciertos toda vez que puede y siempre se oye con renovado placer. Fue una buena apertura de temporada.
Con su director titular, el mexicano Arturo Diemecke, que sobrevivió a los vendavales internos del Teatro Colón de los últimos tiempos, la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires abrió su temporada anual de 19 conciertos, los cuatro primeros en el Coliseo. Eso sí, con precios que sufrieron inflación y con abonos también más caros que la temporada anterior, aunque las salas alternativas elegidas no tengan ni la belleza ni las condiciones acústicas del Colón.
Con plausible calidad sonora, la Orquesta Filarmónica brindó una realización notable de la Séptima Sinfonía de Gustav Mahler, en una semana pródiga para el compositor austríaco. Obra sumamente difícil no sólo de interpretar sino también de escuchar por su duración (unos 75 minutos), Diemecke que tiene mano segura para lograr un buen desempeño de la agrupación y una evidente identificación espiritual con el autor, logró coherencia para la aparente dispersión de la partitura con su insistencia en la fragmentación.
Los músicos de la orquesta respondieron con responsabilidad técnica y anímica a las demandas de Diemecke, que comenzó el primer concierto con la ejecución algo ramplona de la Obertura de la ópera del brasileño Carlos Gomes, «El Guaraní».
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