6 de noviembre 2000 - 00:00

Algunos infortunios en festival "independiente"

Conel rotundo saludo «¡Bienvenido a la función pública!» que le tributó aldirector de la revista «El amante», Eduardo Antín («Quintín») ydesde hoy también director del Festival de Cine Independiente, el secretario deCultura de la ciudad Jorge Telerman confirmó ayer que este Festival,cuya tercera edición se celebrará en abril del año próximo, en verdad dependedirectamente del Gobierno de la Ciudad.

Elnuevo funcionario deberá pedir una licencia canónica a la entidad de supertenencia, Fipresci (Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica),ya que por reglamento sus miembros deben mantenerse ajenos a este tipo decohabitación entre la crítica y la función pública. Durante la reunióninformativa que se celebró ayer en la Secretaría de Cultura, lo que se terminóde advertir fue que, para el gobierno, este festival es más una pesadilla queun motivo de regocijo. Pese a estar dedicado a un tipo de cine «serio» yalternativo (los «sushi-iraní», han empezado a llamar a algunos a sus devotos),su organización viene sufriendo desde hace varias semanas más riñas que unainterna de vedettes.

Apenasdistendido por la resolución del grave conflicto en el Teatro Colón, algobierno le sobrevino otro fuerte dolor de cabeza con este festival delShopping Abasto, iniciado cuando se desplazó de su dirección al cineasta AndrésDi Tella por decisión de Ricardo Manetti, subsecretario deIndustrias Culturales.

 

Reacción

 

Lasalida de Di Tella provocó una reacción en cadena de directores de ciney funcionarios, que todavía no ha terminado. Darío Lopérfido, para quieneste festival fue en su origen la alter-nativa política al de Mar del Plata de JulioMahárbiz, condenó -desde «Clarín»- las decisiones en política cultural dela Ciudad: o sea, el despido de Di Tella. También lo lamentó el directorde «Plata quemada», Marcelo Piñeyro, quien dijo, crípticamente,que ahora había que ser «del palo» para integrar el festival.

Perofue sin duda el apoyo del ex novio de María Gabriela Epumer desde laNación (algo que lógicamente molestó en la Ciudad), lo que terminó dedesmantelar la organización ya pre-vista para el festival hasta hace 15 días, cuandono habría ningún director artístico y sólo un coordinador, como el resto de losfestivales de la Ciudad.

 

Apoyo

 

Elfuerte «lobby» oficial y privado que apoyó a Di Tella torció la decisióny traumatizó al Gobierno de la Ciudad al ver tanta prensa contraria. Algo habíaque hacer: convocaron a Leonardo Favio como presidente honorario, ybuscaron, no sin desesperación, integrar a algún periodista de «Clarín» alstaff del comité. Cuando lo lograron respiraron aliviados («estaban eufóricoscuando aceptó 'Clarín', comentó un operador cultural a este diario). Pero los«palos» no terminaban.

Finalmente,ayer al mediodía Telerman se reunió con diversas figuras del cine local(algunas en nombre propio, otras en nombre de sus entidades) proponiéndoles unintercambio de opiniones, si bien a esta altura el gesto fue más simbólico queotra cosa. Sirvió para presentar en sociedad al polémico nuevo director delfestival, quien dijo estar «algo tenso», ya que varios de los presentes más deuna vez habían sido víctimas de sus burlas y ataques desde la revista quedirige, y que subsidia en gran parte el Estado.

Elnuevo funcionario recibió el apoyo del director del INCAA, doctor JoséMiguel Onaindia, y de Manuel Antín (la relación de parentesco es muylejana), director de la Universidad del Cine. En el ínterin, el correoelectrónico de la gente de cine se saturó de reclamos a favor de Andrés DiTella, aunque también hubo otros muy negativos contra él.

«Todofue muy ambiguo»,dijo el director de la Filmoteca de Buenos Aires y la revista «Filmonline», FernandoPeña, creador junto a Cecilia Hecht de la idea original del Festivalde Cine Independiente, que luego se les dio a organizar a otros. A ambos -en unhumilde gesto de reparación que, con todo, no existió en las dos edicionesanteriores del festival-se les pidió organizar unos paneles: «Nos dijeronque Quintín sólo era coordinador», comentó Peña «pero él le hizo saber aCecilia que era el emperador supremo y todos quedaríamos bajo su mando. Yo nipienso participar».

Durantela reunión, la productora Lita Stantic quiso saber por qué el directorsaliente (Di Tella) no daba una mano, como hacen en todos los festivalesdel mundo, al entrante. Y eso forzó a un sinceramiento entre tantas sonrisascongeladas: «Tensiones personales», dijeron, y pasaron rápidamente aotra cosa.

 

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