18 de abril 2006 - 00:00

Amadeus Mozart sigue humillando a Salieri

Inauguración Festival 2006 «Mozart & Salieri». Camerata Bariloche. Dir.: F. Hasaj. Solistas: C. Piazzini ( piano), C. Barile (flauta) y A. Spiller (oboe). Obras de Mozart y Salieri. (Teatro Colón). 10/4.

Festivales Musicales de Buenos Aires, con dirección artística de Mario Videla, inauguró su ciclo de conciertos 2006 titulado esta temporada «Mozart & Salieri», con el fin de celebrar el 250° aniversario del nacimiento de Mozart (1756-1791) y justicia al olvidado Antonio Salieri (1750-1825).

La leyenda alimentó más de una vez la antigua rivalidad de estos artistas, magnificada por la obra «Amadeus» de Peter Shaffer llevada al cine por Milos Forman, donde se veía al italiano envenenar a Mozart por envidia.

Hubo antecedentes de la misma historia en Pushkin y Rimsky-Korsakov, quienes sostenían la misma teoría en la ópera «Mozart y Salieri». Pero la historia sólo recuerda a Salieri en esporádicas oportunidades, sobre todo por algunas de sus óperas, lo mejor, quizás, de su producción.

Como para que no se encontraran ni compartieran por unos minutos el escenario, el concierto del lunes ubicó a Salieri en la primera parte y a Mozart en la segunda. El Doble Concierto en Do mayor, para flauta, oboe y orquesta, y el Concierto en Do mayor para piano y orquesta de Salieri fueron interpretados por la excelente Camerata Bariloche y un trío de solistas de primera categoría como Claudio Barile en flauta, Andrés Spiller en oboe y Carmen Piazzini en piano, aunque se advirtieron las debilidades de ambas obras. Estructura y lenguaje musical acorde con la época, ambas creaciones del compositor italiano son pobres en ideas y formulación. La música de Salieri no surge con la plenitud y la fluidez de otros creadores del clasicismo, y por momentos su vocabulario es irremediablemente aburrido, sin intensidad ni vitalidad. Sólo el «Andantino» del Concierto para piano constituyó un segmento digno de atención por su prodigalidad instrumental. Esto no quiere decir que no se deba investigar y tocar la música de Salieri, pero teniendo en claro los antecedentes del caso, que no tienen que ver con el supuesto veneno suministrado a Mozart, por cierto.

Luego de la primera parte el clima de la sesión cambió fundamentalmente. Tanto el Divertimento en Re mayor para cuerdas y el Concierto en Si bemol mayor para piano y orquesta (N° 18, K. 456), de Mozart, ambos interpretados con brillo por la Camerata como por Piazzini en piano, dueña de una técnica y una sensibilidad para transmitir el universo mozartiano, pusieron las cosas en su lugar. Frescura, rango dinámico, refinamiento, imaginación y altura poética de una música siempre fascinante, revelada a través de una ejecución impecable, confirmaron dónde se halla la verdadera dimensión del genio.

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