31 de octubre 2002 - 00:00

"Amén" reflota una vieja controversia

Amén
"Amén"
«Amén» (id., Francia-Alemania, 2002, habl. en inglés). Dir.: C. Gavras. Int.: U. Tukur, M. Kassovitz, U. Mühe, M. Duchaussoy y otros.

Treinta años atrás, «Z» golpeó en las boleterías y las oficinas de censura del mundo con la misma contundencia que la cachiporra de Marcel Bozuffi sobre la cabeza de Yves Montand en la película. En la Argentina de las postrimerías del gobierno de Onganía llegaron a poner una bomba de estruendo en el cine Gran Rex, mientras las revistas de humor hacían famosa una frase: «¿Imaz termina con z, o Z termina con Imaz?» (en alusión al ministro del interior de entonces, Francisco Imaz, que había autorizado el estreno del film).

Al año siguiente, gran parte del público de izquierda que había aplaudido este juzgamiento de los coroneles griegos se sintió desconcertado con la siguiente película de Costa-Gavras, «La confesión», que atacaba frontalmente al bloque del Este con el relato de las torturas que Artur London sufrió en la Praga stalinista. Hasta Jean-Paul Sartre acusó de «traidor» al joven cineasta griego, un hábil provocador pero, sobre todo, un astuto conductor de las emociones del público: lo que Hitchcock había hecho con el suspenso, Costa-Gavras lo hacía con la política.

En un mundo tan distinto, el ánimo provocador perdura hoy, aunque asordinado, en la decisión de llevar a la pantalla «Amén», versión más o menos libre de «El vicario», pero las habilidades cinematográficas ya no son las mismas. «Z» debió su fuerza mucho menos a la «denuncia» que a su impecable factura de thriller político, por entonces un género poco explorado y que Costa-Gavras fundó: relato sin pausas, montaje nervioso, música electrizante (Mikis Theodorakis), y héroes y réprobos crudamente estereotipados a cargo de estrellas a quienes nunca antes se había visto en esos papeles ( Montand, Trintignant, Perrin, Signoret, Irene Papas, etc.). Los italianos y los franceses, a lo largo de los '70, agotaron ese género.

•Historia

«Amén» hoy suma su elemento crítico a una vieja controversia, el silencio del papa Pío XII ante los crímenes de los nazis, pero ésta es una época muy diferente a la de los años 60, cuando se estrenó «El vicario», la obra teatral de base. Aunque la Iglesia recién hará públicos dentro de tres años los documentos clasificados correspondientes a ese período, ya el propio Juan Pablo II, durante el Jubileo del 2000 en Polonia, pidió en el «Documento Vaticano sobre el Holocausto» un histórico perdón a los judíos «por la actitud de la Europa cristiana que facilitó los crímenes de Hitler». El film ilustra estos hechos como si la Iglesia no hubiese hecho su acto de contrición o le siguiera dando la espalda a ese drama histórico.

Formalmente, «Amén» es una película clásica, sin la vieja garra de Costa-Gavras, y en su primer tramo hasta algo ingenua. Resulta difícil creer que el oficial nazi Gerstein, experto en desinfecciones de barracas, se entere tan tardíamente cuál era el uso que se le daba al gas Zyklon B. Tampoco, como film sobre el Holocausto, tiene el vigor emotivo o la crudeza de algunos títulos de los últimos años.

Sin embargo, con sus limitaciones, se ve con interés, y algunos de los antiguos recursos de su director siguen teniendo efecto, como el suicidio inicial, el inoportuno saludo nazi de un chico, y la tensa espera de
Gerstein y el sacerdote Fontana ante la radio, cuando aguardan en vano un mensaje condenatorio del Papa en su discurso navideño. Aun más que los protagonistas (Ulrich Tukur como Gerstein y Mathieu Kassovitz como Fontana), sobresale en el elenco el menos conocido actor Ulrich Mühe como el Doctor. Su mirada helada llena toda la pantalla.

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